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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Bienvenidas, lazos de amistad?... ¡Vergüenza debiera darnos!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 22 de diciembre de 2007, 00:47 h (CET)
¿Hasta cuando va a proseguir esta mascarada de nuestro Gobierno con la Venezuela del señor Chávez? Parece ser que, no contentos nuestros gobernantes con dejar a SM el Rey en la estacada, volviéndole la espalda y perdiendo el culo para ir a congraciarse con el dictador venezolano; ahora le han tenido que someter a la vergüenza de pasar por las horcas caudinas de verse precisado a hacerle buena cara al embajador del gorila rojo y recibirle como si se tratara del representante de un país amigo. Cuando una nación como la española se ve vejada de la manera que lo hemos sido por alguno de los jefes de estado del cono sur, cuando se le recrimina que fuéramos a América para llevarles nuestra cultura y nuestra lengua y cuando se anteponen viejas rencillas, agravios pasados e indigenismo trasnochado, envueltos en el engrudo aglutinante de un comunismo rancio y trasnochado, como es el que se está propagando por aquellas tierras; a los legítimos vínculos de sangre que unen a la mayoría de los ciudadanos de ambas naciones; resulta verdaderamente imperdonable que nuestro Gobierno haga oídos sordos a las amenazas recibidas, a los insultos proferidos y a las bravatas vomitadas por el impresentable Hugo Chávez, quien, después de quedarse anonadado por la oportuna intervención del Rey, aprovechó la ocasión para, como hacen los cobardes, cebarse en él y en los españoles desde el refugio de la única cadena televisiva de Venezuela que funciona después de que, este “demócrata”, se cargara el resto de los medios de comunicación del país que le eran hostiles.

ZP y Moratinos, conscientes de su error al aliarse con tamaños personajes, no han querido que se diga que cometieron un fallo gravísimo en su política internacional y, por este motivo, se han emperrado en quitar hierro a las ofensas del venezolano. En lugar de exigir las reparaciones pertinentes, han optado por mostrarse serviles y componedores; actitud que, por supuesto, no les ha servido de nada ante un sujeto de la catadura de Hugo Chávez, que no entiende de estas sutilezas y que sigue envalentonado ante nuestra, más que pusilánime, conducta. Porque, si de verdad estas dos lumbreras que tenemos al frente de nuestra diplomacia, en lugar de repartir nuestros dineros (los que nos sacan a los contribuyentes), enviando ayudas a los terroristas palestinos, volcando nuestra generosidad en apoyar a estas naciones que nos devuelven mal por bien y malgastando nuestros capitales en favorecer a regímenes dictatoriales y totalitarios –que, por si fuera poco nos chantajean amenazando a las empresas españolas que se gastaron el dinero en carísimas inversiones en aquellas tierras, sin tener en cuenta que la poca modernidad de que gozan se la deben al capital extranjero ( incluido el de los EEUU) que se arriesgó a afincarse en ellas – le hubieran devuelto la pelota al agresivo dictador y le hubieran puesto en el lugar que le corresponde, cortando de cuajo la inmigración que recibimos de Venezuela y amenazándole con llevar nuestra ayuda a los países que no caen bajo su órbita, quizá se le hubieran bajado los humos y, por supuesto, hubieran recibido el apoyo de los españoles. Aclaro, de los españoles, no de estos que residen en España, pero quieren llevarse nuestras tierras separándose de ella, porque estos ya se sabe: ante un euro son capaces de vender a su propia madre.

Pero vean ustedes que llega el embajador de Venezuela y se le recibe como al representante de un país “amigo” sin tener en cuenta que, apenas hace unos días, se nos ponía tibios al Rey, a España y a los españoles por la máxima autoridad de aquella nación. Ya estuvo mal que no se llamara a consultas a nuestro embajador en Caracas, ya fue una claudicación que no se respondiera adecuadamente a los viles insultos y mendacidades que se vertieron contra nosotros, pero el que hayamos hecho tábula rasa de todo lo pasado, nos hayamos envainado nuestro orgullo de españoles y, por si fuera poco, ahora recibamos al señor embajador como si nada hubiera ocurrido y hablemos de “lazos de amistad” es poco menos que hacer una solemne bajada de pantalones para enseñar nuestras más pudibundas vergüenzas. Me imagino la quina que habrá tenido que tragar SM el Rey para poner cara amable al señor Toro y dedicarle unas frases corteses de bienvenida. Me supongo las presiones que habrá debido recibir don Juan Carlos para que, por fin, le hayan convencido de que lo conveniente era que se olvidase de cómo le puso el soviético presidente de Venezuela, en sus mamarrachadas públicas ante su propia ciudadanía y de cara al extranjero, para acceder a cumplir con su función como Jefe del Estado. Lo que ya no me atrevo a pensar es hasta que punto se habrá arrastrado el señor Moratinos o hasta donde habrán llegado sus apestosas excusas y disculpas para que Chávez haya permitido a su embajador que venga a España.

Pero estamos a tres meses de unas elecciones y ya son bastantes los tropiezos que lleva atesorando en su debe este gobierno socialista, para que se pueda permitir que sus “amigos” de Sudamérica, aquellos de los que alardeó y de los cuales presumió el señor ZP erigiéndose en su mentor, su protector y su adalid; se le den la vuelta y revelen a la ciudadanía española la fragilidad e inconsistencia de aquel que nos lleva gobernando durante casi cuatro años. Se hace preciso ir tapando todas las vías de agua de este casco desvencijado, constituido por unos ministros a cual más ineficaz con “lumbreras” del estilo de la Magdalena Álvarez, Moratinos, Rubalcaba, la Vice de la Vogure, Fernández Bermejo o la musa de la Educación para la Ciudadanía, señora Cabera, sin olvidarnos de su marido, el señor Arenillas, de la Oficina Económica del Gobierno que, por lo visto, no se ha enterado de lo de comer conejo y sigue impertérrito gastando fortunas en los restaurantes más caros ¡qué en algo ha de distinguirse del resto de los mortales! Todo vale, aún el engaño y la desinformación, pasando por la humillación, si con ello se contribuye a la causa de mantenerse en el machito, ¡que en eso si son expertos estos del PSOE!

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