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Como arruinar una competición

Antonio Álvarez Rodrigo
Antonio Álvarez
sábado, 22 de diciembre de 2007, 00:50 h (CET)
A lo largo de este fin de semana Valladolid acogerá la Copa Asobal, competición que reúne a los tres mejores clasificados de la campaña anterior (Ciudad Real, Portlan) San Antonio y Ademar de León), más el organizador, el BM Valladolid. Se trata de un torneo de alto nivel entre grandes clubes, no solo del balonmano nacional, sino del europeo. Sin embargo, la Asociación de Balonmano, una vez más, ha realizado una mala gestión para fomentar su deporte entre la afición española.

El primer error ha sido ubicar el torneo en un fin de semana tan especial, con la Navidad a la vuelta de la esquina, cuando mucha gente regresa a sus orígenes para pasar estos días tan señalados con sus familias. Miguel Recio, presidente del BM Valladolid y encargado de la organización del evento, se tiraba de lo pelos. Consideraba, como casi todos, que la fecha ideal hubiera sido el pasado fin de semana. La Asobal no se distingue por sus luces a la hora de fomentar el balonmano. Desaprovechó la ocasión tras lograr el título Mundial, y ahora, con gestos como este, lo sigue haciendo.

Bien es cierto que se acertó al otorgar al campeón una plaza para la próxima Champions League. Esto ha sido importante para clubes como Ademar, Portland y Valladolid que ven cada temporada como alcanzar un puesto de privilegio entre tanta nobleza se hace casi imposible. Este año la Liga ya es un mano a mano entre Ciudad Real y Barcelona. De modo que la Copa Asobal es la única oportunidad para el acceder a Europa. Pero las fechas no acompañan. La venta de entradas es sorprendentemente baja. Algo más de 3.500 para un pabellón, el Pisuerga, que tiene 6.000 localidades. Digo que sorprende porque la afición del Valladolid es de las más fieles del Mundo. Y no exagero. Si no se lo creen, vayan a un partido al Huerta del Rey y compruébenlo ustedes mismos.

Pero a todos estos problemas se le suma otro más. Quizás el más grande: el Barça-Real Madrid, que se jugará el domingo a las siete. Con lo que la final, que comienza una hora antes, quedará eclipsada por el clásico. Los dirigentes de la Asobal tienen que darse cuenta de estos detalles. Cuando los dos grandes de fútbol se enfrentan, el país se para y sólo hay ojos para ellos. Contra el deporte rey no se puede luchar, porque siempre sales perdiendo. Una opción buena hubiera sido adelantar los partidos a horario de mañana, o atrasar la final a las nueve. Pero nunca coincidir. Nunca.

No obstante, los que vayan a la Copa Asobal disfrutarán de una competición única, que reúne a los mejores jugadores del mundo y en una competición a muerte.

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