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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Cocodrilo negro y sin papeles

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 21 de diciembre de 2007, 03:30 h (CET)
Son muchas las ciudades en las que al llegar las fiestas de Navidad y el comienzo del año aparecen los circos. Durante años fueron la única manera, junto con los parques zoológicos, de que los niños vieran de cerca una parte de la denominada fauna salvaje. Todavía los televisores no habían irrumpido en lo hogares españoles y, debido a ello, el mundo parecía mucho más lejano. Los circos con sus enormes carpas azules y sus rutilantes luces de colores aparcaban en cualquier solar ciudadano, todavía tampoco la construcción había invadido las ciudades, o sobre las arenas de la plaza de toros del lugar. El Circo Mundial, el Circo Ruso, el de los Hermanos Tonnetti o el Circo Americano fueron nombres de espectáculos míticos de mi infancia y adolescencia. Allá cuando éramos niños íbamos a ver elefantes, leones o tigres, los mismo animales que nos maravillaban en las aventureras novelas escritas por Emilio Salgari, después, ya adolescentes, más que las rayas de los felinos o los colmillos de los paquidermos nos dedicábamos a admirar las tersas piernas de las trapecistas o los saltos que daban los pechos de las ecuyeres encaramadas encima de los equinos. Eso era el circo y eso era lo que esperábamos de cada Navidad además de los turrones y la sidra espumosa antecesora del cava actual.

Con los años llego el progreso y con él la televisión que nos permitía, sin salir de casa ni levantarnos del sofá, presenciar los espectáculos de aquellos mismos circos e incluso de otros de mucha más categoría. Y los circos comenzaron a decaer y a tener que andar inventando nuevos números para atraer a los espectadores. El “más difícil todavía” comenzó a consistir en llevar a la pista del circo los personajes que aparecían en la pequeña pantalla y a exhibir en sus jaulas especies cada día más exóticas. Otros circos se modernizaron desterrando para siempre en sus espectáculos los números con animales en cautividad, como el Gran Fele que cada año hace reír a miles de valencianos por estas fechas, y otros dieron un nuevo concepto a la palabra circo haciendo del arte, el maquillaje, el equilibrismo, el vestuario y la música su razón de ser, tal como es el caso del famoso Cirque du Soleil que con diversas compañías se dedica a recorrer el mundo.

Pero corren malo tiempos para el circo tradicional y no sólo por la feroz competencia de los programas televisivos. La defensa de los animales ha llevado a algunas ciudades, Barcelona entre ellas, ha establecer en sus ordenanzas municipales la prohibición de actuar en espectáculos circenses con animales de los denominados exóticos. Los circos que visitan Barcelona no pueden emplear en sus números según que clase de animales, y la verdad es que se hace difícil determinar cuales son los bichos que entran en la clasificación de exóticos. El año pasado o el anterior el ayuntamiento y un circo tuvieron sus más y sus menos por culpa de un foca ya que su domador quería que el animalito se ganará las sardinas actuando ante el público y el Ayuntamiento consideraba que la foca entraba dentro del catalogo de animales prohibidos.

Este año el Gran Circo Universal ha venido a pasar las Navidades a Barcelona montando su carpa en el Forum y desplegando por allá, además de su carpa, sus camiones cargados de saurios. Estos, los cocodrilos, si que está claro que entran dentro de la categoría de prohibidos a pesar de que, en una primera inspección, todos contaban con sus papeles en regla. El Ayuntamiento prohibió la actuación de los saurios, no vayan a morder a algún espectador osado o a ponerse a llorar, con lágrimas de cocodrilo, al ver a alguna dama luciendo como bolso la piel del hermano o el padre, pero los gestores circenses hicieron caso omiso y exhibieron su particular zoo ante la prensa y en la función de estreno. Así que la institución presidida por el Sr. Hereu hará caja estas Navidades con la doble sanción que se le impondrá al circo por utilizar a los saurios.

Pero todo no ha quedado en una simple multa, el Circo Universal cuando deje Barcelona lo hará con un cocodrilo menos. En una inspección conjunta de los Mossos y de un miembro de Centro de Recuperación de anfibios y Reptiles de Catalunya (CRARC) se ha descubierto que uno de los animales no tenía “papeles” y por tanto se ha procedido a su incautación aunque no será expulsado del país pese a ser un inmigrante ilegal. Este nau oesteolemus crocodylus, difícil su nombre técnico, es una especie protegida por el CITES 1 y el convenio internacional de Washington de especies amenazadas de extinción, pero además de no tener papeles es negro, toda una rareza, por lo que los Mossos han procedido a recluirlo en el centro del CRARC de Masquefa.

Este inmigrante ilegal no venía en patera, el bicho en cuestión, junto con sus hermanos, viajaba, cómodamente según sus dueños, en un trailer debidamente acondicionado y su destino era trabajar en el circo abriendo las fauces para mostrar su terrible dentadura y, tal vez, una vez viejo y caduco acabara sus días convertido en unos zapatos de lujo. Ahora, gracias a no tener papeles podrá vivir a todo lujo en Masquefa, alejado de la industria del bolso y los zapatos, y tal vez, dada su rareza, le busquen una hembra para perpetuar la especie. Pero difícilmente volverá a las aguas de las que salió.

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