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Si no lo escribo, reviento

Herme Cerezo
Herme Cerezo
viernes, 21 de diciembre de 2007, 03:30 h (CET)
Hoy, discúlpenme, mis improbables, me salto mis reseñas literarias y mis entrevistas también literarias. Hoy, en la capital del Turia, donde nací, resido y supongo me enterrarán, la noticia es otra: Ronald Koeman, el flamante nuevo entrenador del Valencia Club de Fútbol, ha tomado una decisión drástica: apartar, de momento por dos partidos, aunque en los patios de Monipodio se dice que para lo que resta de temporada, a dos históricos del club de Mestalla: David Albelda y Santiago Cañizares. Estupefacción, sorpresa, incomprensión, tal vez indignación o, desgraciadamente, indiferencia... A cada sector de la afición xe la noticia le ha producido una de esas sensaciones. Unos estarán a favor del entrenador y otros de los jugadores. Normal, humano, lógico. Unos pensarán que estos dos históricos son los ‘capos’ de la plantilla blanquinegra, que condicionan la actitud de sus compañeros. Otros, por el contrario, creerán que Albelda y Cañizares son almas de la caridad. Y ni lo uno ni lo otro. Lo que sí es innegable es que estos hombres se han ganado su prestigio y, quizá su "poder" en el vestuario valencianista, sobre el terreno de juego, que es donde los profesionales se lo tienen que ganar. El Valencia de Benítez, el laureado Valencia de Benítez, no hubiera sido lo mismo sin ellos dos a pleno rendimiento. Indudable que no.

Así que media ciudad está pendiente de este hecho. Pero, ¿y del club? ¿Se acuerda alguien de una entidad que se llama Valencia Club de Fútbol? Mucho me temo que no.

Más despropósitos no se han podido cometer este año antes de comenzar el curso. Aunque no es la única temporada donde se hacen "cosas raras". Me explico, la plantilla del 2007-08 fue diseñada de acuerdo con los modos de hacer y pensar del anterior entrenador, Quique Sánchez Flores. Si me apuran, además, condicionada por las disponibilidades del mercado y por la listeza de otros clubes que le levantaron las piezas a los valencianistas. ¿Conocen ustedes algún equipo al que los fichajes se le eternicen tanto como al Valencia? Yo no. Después, como los que apetecían no llegaron, se firmó sin mirar, porque había que fichar, porque sí. Pero este hecho, de por sí grave, tuvo continuación. Y apenas con un tercio de la Liga jugado, Quique Sánchez Flores fue despedido del Valencia. ¿Qué ocurrió entonces? Pues sencillamente que todo un proyecto futbolístico, por llamarlo así cariñosamente, se queda descabezado, romo, sin impulso.

Como pintaban bastos tras el despido de la madrugada, se contrató deprisa y corriendo al rubio coach holandés y, mientras tanto, al preparador del equipo filial, Óscar Fernández, le concedieron unos días de gloria efímera para dirigir al equipo: contra el Real Madrid y el Mallorca. Los madrileños dejaron Mestalla raso, peor que después de un concierto de los Rolling, y pasaron sobre el Valencia como una apisonadora. Después, en Mallorca, los valencianistas se sacaron la espina y arrancaron los tres puntos en litigio. Y entonces ya entró Koeman en acción. Y desde su llegada una victoria y un empate. El resto, derrotas, algunas de las cuales han supuesto la eliminación de la Champions, una de las principales fuentes de ingresos del club.

¿Creen ustedes que Koeman era la solución que precisaba el Valencia? Koeman fue un extraordinario jugador. Ganó la Champions y una Copa de Europa de Selecciones con Holanda, además de varias ligas y copas con el Barça. Como entrenador tampoco parece haberle ido mal, sobre todo en su tierra. Pero quizá no era la solución que precisaba en estos momentos el Valencia, aunque probablemente sí los fuera para la próxima temporada. El Valencia C.F. está en un momento crítico. La jugada del técnico rubio del día de ayer es arriesgada y peligrosa, aunque si le sale bien todo se olvidará en breve. El pasado sábado, el equipo dio pena, verdadera lástima. Era una nave a la deriva del viento que soplaba el Barça. Creo que el objetivo del Valencia en estos momentos debe ser no descender. ¡Qué exagerado es usted!, me dirán. No, no soy exagerado. El Valencia, con un presupuesto que sobrepasa los 130 millones de euros, está preparado para competir por los puestos altos (¡ojo, puestos altos!, ganar títulos es otra cosa), donde los fracasos duelen menos: si no ganas la Liga juegas la Champions y si no la UEFA o la Intertoto o nada. Pero sus jugadores, mentalmente, no me parecen los más adecuados para luchar por la permanencia. Y cuando en un equipo de campanillas los malos resultados menudean y las cosas no salen bien, aparece la ansiedad, la ansiedad conduce a la torpeza, la torpeza a la mala suerte y la mala suerte a la...

Vuelvo sobre Koeman. Decía y digo que posiblemente el holandés sería un perfecto entrenador para comenzar de cero, el 1 de julio, con un proyecto diseñado por él y respaldado por el club. Realizar la "limpieza" ahora, a mitad de temporada, jugándose los cacaos, me parece arriesgadísimo. No es hora de disgregar esfuerzos, sino de aunarlos. No es el momento de dividir, sino el de pactar. No es el momento de quitar jugadores, sino de implicarlos a todos, especialmente si Albelda y Cañizares son tan "capos" como se dice por ahí. En eso, en negociar, también se conoce a los grandes entrenadores. Al Valencia hay que sacarlo adelante y, después, planificar el futuro para buscar mejores horizontes.

Porque esa es otra y no menos grave. La estructura del club. ¿Saben los dirigentes del Valencia qué sociedad llevan entre manos? ¿Se han parado a pensar que durante sus 88 años de existencia, si no me falla la memoria, se han ganado 7 Ligas (sí, 7, que hay una Liga ganada en 2ª División), otras 6 Copas de España, 3 UEFAS, 2 Supercopas de Europa y 1 Supercopa de España? El palmarés de un club es el fiel reflejo de su trayectoria. El fútbol no precisa de notarios: los resultados cantan. Y la historia del Valencia en campeonatos es ésa, la que les he resumido antes. Así qué, ¿a dónde va el club de la Antiga Senda de Senent con tantas urgencias históricas, si el Valencia gana 1 Liga y una Copa cada 13 años y una UEFA cada veinte aproximadamente? Para dar un salto de calidad, hacen falta muchas más cosas. Y lo menos necesario son las urgencias históricas, puñetero nombrecito el que se inventaron, no sé si Valdano o Menotti, un argentino seguro, hace muchos años. Un club, además, se construye, cuidando los pequeños detalles, esos pequeños detalles de los que hablan los entrenadores antes de cada partido o después, según les va la feria. Y va un botón sobre pequeños detalles: miren, nada tengo contra ellas, me parecen una riqueza extraordinaria de la Comunidad Valenciana, pero me pueden decir ¿qué pinta una banda de música sobre el césped de Mestalla mientras los jugadores calientan? El calentamiento se hace para acondicionar los músculos y concentrar la mente para el partido que se avecina. La música de banda, salvo la de los entierros y procesiones, es síntoma de fiesta: distrae, relaja, descentra. Y el fútbol profesional no es una fiesta, es algo mucho más serio. Disculpen, pero el sitio de las bandas de música está en las festividades patronales, en las Fallas y en el coso taurino de la calle Xàtiva.

Y, cuidado, que ahora mismo están construyendo un campo nuevo, amplio, moderno, para muchos espectadores. Esos mismos espectadores que el pasado sábado al minuto 26 de juego, con el segundo gol de Eto’o comenzaron a desfilar por el anfiteatro, que no me lo tiene que decir nadie, que lo vieron estos ojos que se ha de tragar la tierra. ¿Qué tenía de malo Mestalla? ¿No se podía haber remodelado y ampliado, con las negociaciones necesarias – hoy que se pacta todo – el campo, conservando su sabor de toda la vida? El nuevo campo, a este paso, puede convertirse en un mausoleo de lujo, un Taj Mahal a la occidental, puntualizando más, a la mediterránea.

Hace muchos años, Javier Clemente dijo que en la Liga española, cualquier tonto te hacía un reloj. Y era y es cierto. Pero el peligro del Valencia no es que un tonto le haga un reloj, sino que le rompan el suyo, su reloj me refiero. Y la última vez que se lo rompieron, el equipo acabó en Segunda División. Y solamente ocho puntos les separan del pozo al día de hoy. Sí, solamente ocho puntos. Discúlpenme, mis improbables, pero si no escribo esto, reviento.

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