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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El aborto y el abandono

Antonio García-Palao
Redacción
martes, 18 de diciembre de 2007, 22:53 h (CET)
Que la reencarnación del alma es un hecho lo han expresado todos los grandes maestros del pensamiento espiritual. Lo proclaman los rishis en los Vedas, los budistas, taoístas, teósofos, gnósticos y cabalistas, así como todos los grandes Iniciados y Avatares. Krishna lo enseña en el Bhagavad Gita y Jesucristo lo revela, refiriéndose a Juan el Bautista, en Mt 11:11-15 " Y si queréis oírlo, él es Elías, que ha de venir. El que tenga oídos, que oiga"; o en Mt 17:10-13 "Elías ha venido ya y no le reconocieron (....) entonces entendieron los discípulos que hablaba de Juan el Bautista". También los primeros cristianos lo aceptaron hasta el lI Concilio de Constantinopla celebrado en el siglo VI (Mt 16:13-15).

Hermes, Pitágoras, Platón o el gran Orígenes de Alejandría lo defendieron también, hasta que en el año 553, por tres votos contra dos, el sínodo católico y el emperador bizantino Justiniano lo proscriben del dogma, en favor del poder que la teoría de la "condenación eterna" les otorgaba.

Al amparo del consabido peligro de daño psicológico para la madre, en España se practican legalmente el 96% de los más de 100.000 abortos anuales ¿Es que las mujeres, jóvenes en su mayoría, no quedan más dañadas psicológicamente después de abortar? Asociaciones en todo el mundo como WEBA o AVA así lo ratifican. ¿Cómo la ley del aborto puede ser tan cínica? Por la misma regla de tres se podría legalizar y promover, por ejemplo, la eutanasia activa de los enfermos de Alzheimer o cualquier otra demencia o minusvalía por el daño psicológico que se produce en los abnegados familiares que los cuidan.

Todos hemos podido cometer gravísimos errores en esta o en otras reencarnaciones, por lo que nadie está libre de pecado. Lo importante ahora es reflexionar y rectificar nuestra conducta para erradicar las tremendas consecuencias de nuestros actos, unas veces producto de la ignorancia y otras del dislate amparado por unos legisladores "justinianos".

Ni los accidentes de carretera, ni las víctimas del terrorismo, ni las de violencia de género, ni las de accidentes laborales, ni siquiera todas juntas, igualan al número de víctimas inocentes que mueren cruelmente al año en las "clínicas" abortivas. Esta dramática cifra sólo es curiosa y tristemente comparable al número de abandonos anuales de otros pobres mamíferos en las cunetas españolas.

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