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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Inventores del significado

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 17 de diciembre de 2007, 08:48 h (CET)
Nos enfrentamos a una DESPROPORCIÓN evidente. Desde dentro de uno mismo, nacen aquellos impulsos propios, motores de determinadas actuaciones; frente a esas fuerzas, se presentan todas las originadas desde fuera, por los impulsos de los demás. Domina lo externo, son más, frente a la pura unidad de cada individuo. Así nos encontramoscon una auténtica lluvia de impactos, nos caen desde más de cuatro puntos cardinales. Vean si no. Demasiadas veces nos hablan, escuchemos o no, lo querámos o no. Nos intentan instruir con teorías, bien intencionadas o malévolas. Nos dirigen por caminos trillados por otras mentes. Nos ofrecen la venta de unas motos averiadas desde el primer razonamiento. Nos la dan con queso, cuando solicitamos miel. Pretenden orientarnos la memoria y quisieran hacerlo con las intenciones. Son incontables los intentos foráneos para piratear el mundo particular de cada persona.

¿No será que enfocamos muy mal, desde las formas de mirar los acontecimientos diarios, hasta las entendederas más íntimas?¿Pisamos la tierra de este planeta? Más parece que el objetivo es pisar a los demás. En estos primeros comentarios descansamos en la culpa foránea, a través de esta insulsa lamentación victimista nos escurrimos y permanecemos al margen de críticas. La frustración y las depresiones serán el corolario lógico, dado que interpretamos de esta manera una figura inútil por inactiva, espectadora de otros actores; al fin, decepcionados por el papel propio desempeñado. ¿Qué deducimos de semejantes DESENFOQUES? Pienso que merece la pena esta pregunta; en ella suele irnos la vida cotidiana, las desilusiones y los desencantos. En estas desvirtuaciones se diluye el bien vivir y las aspiraciones de rangos más aceptables. Si no, ¿Qué recomendación nos queda para los deprimidos?, pastillas, ensalmos y consignas. ¿Cómo se resolverá la abulia de adultos y jóvenes?, más drogas y fanatismos. ¿Es sólo una cuestión económica? Parecería clara la respuesta negativa. ¿Qué pasa en realidad?

Partamos de lo acontecido con las obras de arte. Presuntamente nos abren perspectivas sobre matices, estéticas y maneras de apreciar la realidad. Ahí tenemos el clamor del “Guernica” o “Los Gritos” de Münch o Guayasamín. ¿Qué nos dicen las Meninas velazqueñas?, las claridades de Sorolla o los grabados de Goya; La enumeración de grandes obras puede ser larga.Sin embargo, dejemos aparte su valor intrínseco, técnico o desde el punto de vista de sus autores. ¿Cómo repercuten en los observadores? Se aprecia un ALEJAMIENTO conceptual, quedan muy ancladas en los fondos museísticos. No vayamos censurar esa observación ocasional por unos espectadores, algo quedará. Ahora bien, me temo que en los tiempos que corren abunda la contemplación estética indiferente, no llega a calar, y menos a implicar; el verdadero sentido quizá no interese. Aún se dan relaciones peores, impensables; aparentemente se pueden admirar los “Gritos” de horror o el antibelicismo picassiano, provocando a renglón seguido nuevas opresiones, extorsiones o asesinatos de la peor ralea. Existen infinitas formas melifluas para el disimulo, ¿Acaso no son patentes los ejemplos?

Ahora circulamos con la práctica insistente de un POPULISMO ESTÉTICO intrascendente, como meros observadores. Se maquinan grandes eventos para las asistencias de gran número de personas. Ese número es el valor principal, entre cifras económicas y estadísticas; el interés sobre otros conceptos no aparece por ninguna parte. El conglomerado goza de autores, expectadores y comerciantes. El tinglado es evidente y de grandes proporciones; interesa menos el valor artístico, ¿Qué es eso? ¿Para qué sirve? Tampoco interesa la significancia de esas celebraciones para cada sujeto en particular. Suponen una faceta más, en la cual, las decisiones personales con su cuota de responsabilidad desaparecen diluídas en la maraña general. Esta dirección si que es bastante constante, desaparecen los atributos personales y con ellos la responsabilidad. Por este camino nos aproximamos a una necedad de figurantes. La salida es difícil, por la comodidad de la situación, que nos apoltrona.

Con estas actitudes distantes, en los momentos comprometidos, nos limitamos a la observación de las posturas ajenas; sin que eso descarte nuestra participación, sobre todo en las malas. Si fueran acciones meritorias, trataríamos de asumir una bondad como propia, que no habiamos ejercitado. Como ejemplo de esto último, si Cajal hizo un descubrimiento genial; así es el genio de los españoles. Mas ese afán de adopción de lo ajeno, se trastoca del todo cuando afrontamos desmanes o comportamientos degradantes. En ese supuesto, no sólo no queremos saber nada, el desquiciamiento es total. Da igual de que se trate. Un asesinato terrorista, una mujer asesinada, todo un Director de Tráfico pillado a una velocidad punible, así como un largo etcétera en cualquier edición de los noticieros. Si observamos las reacciones, nadie se siente involucrado, unos lamentan que se persiga a los culpables y colaboradores, otros atacan al mensajero, voces orientadas aquí o allá; pero nadie diciendo que se quedó contemplativo mientras se gestaban las condiciones de los asesinatos o extorsiones, nadie relaciona su voto con los sucedido, ni se aprecia un interés nítido por desterrar las flagrantes MENTIRAS CÓMPLICES.

Supongo que si Ortega y Gasset se refería a las deficiencias de ser solamente un “anti” ciertas cosas, sin gran preocupación sobre lo que uno aportaba; se le erizarían los cabellos con la ambigüedad indiferentista de la más palpitante actualidad en pleno siglo XXI.

Mi esperanza gira en torno a una incapacidad y un deseo, pienso que no vamos a ser capaces de defender nuevas inquisiciones, sean estas materialistas, religiosas o patrioteras. Quiero pensar eso. Aunque vistas las andanzas que se llevan, los pesimistas esgrimirán argumentos por todos los poros. Necesitamos con urgencia de una potencia TRANSGRESORA para escaparnos de las amarras de tantos subterfugios, malas interpretaciones y zarandajas; curiosamente elevadas a importantes rangos estadísticos, mayorías y poderosos dueños.

No creo que nos vayan a conceder unos favores complacientes para dejarnos en paz. Además, de que nos serviría si no buscamos esa independencia mental. Aquí viene a cuento aquello de, con su pan se lo coma; ya basta de teorías extrañas o cómplices de actuaciones perversas, cada sujeto personal disfrutará el significado que quiso aplicarle a su vida. Disfrutará o lamentará para siempre; al fin es una responsabilidad personal. Uno inventa su SIGNIFICADO, al menos eso.

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