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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

En torno a 'Los intereses creados' (IV)

Ángel Sáez
Ángel Sáez
domingo, 16 de diciembre de 2007, 01:28 h (CET)
(¿OTRO “ARTE NUEVO DE HACER COMEDIAS EN ESTE TIEMPO”?)

Y llegamos a otro momento clave en la obra, cuando Crispín se presenta al señor Polichinela y saca a colación en su parlamento el símil extraño del palimpsesto: “¿No recordáis de mí? No es extraño. El tiempo todo lo borra, y cuando es algo enojoso lo borrado, no deja ni siquiera el borrón como recuerdo, sino que se apresura a pintar sobre él con alegres colores, esos alegres colores con que ocultáis al mundo vuestras jorobas. Señor Polichinela, cuando yo os conocí, apenas las cubrían unos descoloridos andrajos”; y, un poco más adelante, el del eterno retorno: “Soy... lo que fuiste. Y quien llegará a ser lo que eres..., como tú llegaste”. O sea, poco más o menos, aquello de Eugenio d´Ors, “Xenius”, de que en arte “todo lo que no es tradición es plagio”.

Polichinela parece coincidir con el criterio de Crispín, para quien todo autor es envidiado, cuando afirma: “Dices bien; un amo es siempre odioso”.

Jacinto Benavente nos presenta al señor Polichinela como autor, estudioso o espectador veterano, curtido en mil lides. Ergo, es coherente que Crispín le comente a Leandro: “Sí; al señor Polichinela no es fácil engañarle como a un hombre vulgar. A un zorro viejo como él hay que engañarle con lealtad. Por eso me pareció el mejor medio prevenirle de todo”. Y es que, como dice el dicho, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Crispín sigue ejerciendo de excelente psicólogo y profeta: “Y que de este modo sea nuestro mejor aliado, porque bastará que él se oponga para que su mujer le lleve la contraria y su hija se enamore de ti más locamente. Tú no sabes lo que es una joven, hija de un padre rico, criada en el mayor regalo, cuando ve por primera vez en su vida que algo se opone a su voluntad. Estoy seguro de que esta misma noche, antes de terminar la fiesta, consigue burlar la vigilancia de su padre para hablar todavía contigo”.

En la escena primera del acto segundo, al inicio del cuadro tercero, advierto un claro guiño u homenaje a “La Celestina”, de Fernando de Rojas, cuando Arlequín pregunta: “¿Y ello sucedió anoche, cuando tu señor hablaba con Silvia por la tapia de su jardín?”.

En la breve contestación o réplica que Crispín le da a Colombina hallamos otra razón que viene a apoyar la tesis de cuanto llevamos aducido y urdido: “Mucho fuera que tu señora no hubiera pensado en todo”.

Cuando quedan solos Leandro y Crispín, aquél viene a insistir en lo redicho y consabido: “¿Qué es esto, Crispín? ¿Qué pretendes? ¿Hasta dónde has de llevarme en tus enredos? ¿Piensas que lo creí? Tú pagaste a los espadachines; todo fue invención tuya. ¡Mal hubiera podido valerme contra todos si ellos no vinieran de burla!”. Y ante la pregunta de Leandro de “¿dónde aprendiste tanto, Crispín?”, éste contesta: “Medité algún tiempo en galeras”. Nótese la cercanía fónica (nada baladí) existente entre dicho vocablo y el de “galeradas”.

De nuevo, esta vez en voz del Doctor, hallamos apoyo a cuanto llevamos escrito: “La Justicia es todo sabiduría, y la sabiduría es todo orden, y el orden es todo razón, y la razón es todo procedimiento, y el procedimiento es todo lógica”, sí; mas, amén de la normal, existe la literaria.

Y, por fin, llegamos al parlamento final, donde, en boca y palabras de Silvia, cabe hallar, resumida, otra sinopsis de la tesis que venimos defendiendo y sosteniendo: “(...) no todo es farsa en la farsa, que hay algo divino en nuestra vida que es verdad y es eterno y no puede acabar cuando la farsa acaba”.

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