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'Consentidura', algo más pernicioso que dictadura

Ben Tanosborn
Redacción
domingo, 16 de diciembre de 2007, 17:24 h (CET)
Estados Unidos, más que cualquier otra cosa, más que la consabida y proverbial tierra de oportunidad, es definitivamente otra cosa. Esta nación nuestra aparenta ser antes que nada un país de contradicciones que, mientras que las encuestas indican que la gente siente que el gobierno les lleva por camino equivocado, continúa siguiendo al mismo flautista de Hamelin en su política exterior.

Nos guste o no, en EEUU cesas de ser norteamericano (o, “buen norteamericano”) en la mente de tu familia, amigos y vecinos desde el momento en que rechazas el dogma sagrado de la inerrancia en la política exterior del país. Esto parecerá irracional a ciertas personas – la frase o lo que ésta implica – pero por dentro esa es la actitud o forma de creer de una inmensa mayoría de estadounidenses que conozco y, apostaría, de casi todos los estadounidenses que alguien más conozca. Y sin embargo, esa que pudiéramos llamar “mayoría patriótica”, tan similar a aquella otra “mayoría moral” de hace unos años, prefiere no auto-designarse como patrioteros o “exclusionistas” de tipo alguno, sino buena gente, la gente normal que te encuentras en la Plaza Mayor.

Poco después del 9/11, EEUU político – Demócratas y Republicanos – decidieron que era hora de reconciliar las diferencias, ridículamente diminutivas, en política exterior y actuar con un solo frente. Después de todo, siempre podían mantener semblanza de independencia en el área domestica, guardando cierta diferenciación… como si el etiquetarse en eso de ser liberal o conservador fuese algo que definiese esos partidos.

Para nuestro perjuicio nacional, incluyendo cualquier prestigio que EEUU tuviese en el mundo, tal frente unido, injustificado e innecesario, fue adoptado por nuestro duopolio político sin pestañear; sus ideas rápidamente impregnando, y encontrando aceptación, en la ciudadanía de la Plaza Mayor. Ese consentimiento del ciudadano de renunciar a sus derechos y libertades, dando permiso a ciegas, autorización, licencia y sanción que permitiese a la Casa Blanca de Bush hacer lo que le diese la gana – muy a menudo en actos abiertos de criminalidad – es lo que ha puesto crudamente en claro que aunque afirmemos vivir bajo la regla democrática, un llamado gobierno de leyes, nuestra republica opera bajo otra regla muy diferente: la regla de “consentidura”. Y que nosotros, la ciudadanía, somos simplemente los consentidores. Tal inversión de roles han hecho de que sean los ciudadanos los que echen a perder a su “tío”, Samuel, un tío criminal sumamente vergonzante.

¡Dejemos de ser hipócritas! Dejemos de culpar a Bush por nuestra propia cobardía y falta de agallas cívicas. Otorgar poderes a un gobierno escogido, no elegido; conceder despeje para que los neoconservadores actuasen a quemarropa; dar a Bush la luz verde para que se invadiese a Irak; tolerar el usurpo de nuestros derechos y libertades; y aceptar una economía delictiva que llevará al país a la bancarrota, es sin lugar a dudas el nivel mas alto de “consentidura”: lo que muchos de nosotros llamaríamos el salvoconducto de la dictadura ideal.

¿Podría ser que lo que estamos consintiendo sea exactamente lo que queremos? ¿Que por dentro sabemos muy bien que alguien tiene que hacer el trabajo sucio para los demás, y que eso lleva un precio a pagar? ¿Acaso somos cómplices en todo tanto como consentidores? ¿Y no es esto acaso una forma de dictadura por ese triunvirato antidemocrático que rige nuestras vidas: capitalismo rapaz, consumismo obsceno y fundamentalismo religioso?

Parece que en los comienzos del 2008 la “consentidura” continuará dominando nuestra política de duopolio con ambos partidos alcanzando una renovada solidaridad en política exterior, bien sea en la ocupación permanente (o como nos dirán, presencia negociada) de Irak, un continuo demonizar de Irán y otros “terroristas-villanos” o la denuncia constante contra cualquier nación que desafíe nuestra hegemonía imperial y derecho a recibir el tributo que nos parezca bien. A Bush le queda poco tiempo en el poder, pero podemos estar seguros de que será reemplazado por un clon suyo; o lo que está tomando forma va a ser un Bush vestido de mujer. Probablemente se nos esté llevando por mal camino con la promesa de obtener el mal menor en asuntos que son esenciales para traer mas comprensión entre los pueblos de la tierra; y esa no será la receta para lograr la paz terrestre, a diferencia de esa otra receta de compuestos orgánicos que lograron crear vida en el planeta.

Últimamente, hemos estado observando lo que ocurre en Rusia, y nos sentimos un poco desconcertados por la actitud de confrontación del Sr. Putin. No hace tanto que nuestro propio Duce, después de haberse mirado en sus ojos, dijo que Vladimiro era una persona honrada y digna de confianza. ¿Puede alguien explicar como nuestro profético e infalible Bush fuese capaz de leer su alma, y unos años después que ese individuo no rinda tributo y se nos oponga?

Pero no debemos preocuparnos por la reacción de Putin a nuestro acostumbrado comportamiento de imperio, ni tampoco debemos sorprendernos por su popularidad en Rusia. Así como nosotros tenemos un aparente consenso en el país, también lo tienen en la tierra neo-zarista de Vladimiro Putin, donde una mayoría absoluta le otorga a su propio Duce “consentidura” como la damos aquí. Si podemos ser bipartitas en adoptar – preservar vendría mejor al caso – una política exterior imperialista, es comprensible que el nuevo éxito económico de los rusos y orgullo nacional hayan modificado su comportamiento político y lo hayan convertido en “consentidura”. EEUU no tiene por que esperar otra cosa mejor después de su comportamiento en la transición del comunismo al capitalismo, dejándoles que se pudriesen en ella… sin ayuda alguna; y ahora además con la insolencia de querer poner misiles en sus propias fronteras.

“Consentidura” quizás no tenga grandes consecuencias para grupos o naciones sin gran influencia fuera de sus membresías o sus fronteras. Pero para una superpotencia imperial puede llegar a ser lo mas extremo entre los extremos políticos, quizás la peor forma de dictadura. Después de todo, estamos consintiendo al gobierno de unos pocos… y a esos pocos se les ha dado el poder de apretar el botón nuclear a su juicio, y hacer del día noche permanente.

¡Y tenemos el descaro de criticar a naciones por designárselas como dictaduras!

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