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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

ZP sigue vendiendo sueños a los lirones

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 15 de diciembre de 2007, 23:29 h (CET)
Cuando no existe una clara voluntad de asumir con seriedad un problema, es inútil querer hacer ver que se hace lo preciso para solucionarlo. Puede resultar, en algunos momentos, beneficioso hacer un simulacro, montar un decorado muy bonito y mover a ciertos personajes, como en un teatro de guiñol, manejados desde lejos por hilos invisibles que les hagan parecer seres humanos de verdad, cuando sólo se trata de marionetas cuyo único destino es engañar a los espectadores hasta hacerles imaginar que aquello que está viendo es la realidad. Recuerdo que, de joven, llegó a impactarme la metáfora de Platón sobre el mundo de las realidades distorsionadas que, según el gran filósofo, no eran más que las sombras alteradas de sus propios originales. Bien, señores, pues esto es lo que me parece a mí cuando escucho a personas como ZP queriendo vendernos que su objetivo inmediato es acabar de una vez con la banda terrorista ETA. Si no hubiéramos comprobado directamente lo que nos podemos fiar de sus promesas; si no supiéramos de sus esfuerzos por apartar al PP de la lucha antiterrorista dejándolo en la cuneta de cualquier decisión sobre tan escabroso tema y, si no hubiéramos sido testigos de la triste evolución de la negociación por la “paz”, de la gran trampa a la ciudadanía y de la traición más solapada a la Ley de Partidos y al Pacto por las Libertades; puede que tuviéramos alguna esperanza de que este llamamiento, tantas veces repetido, por la unidad de los partidos democráticos llegara a tener alguna vez vigencia.

Pero primero debiéramos delimitar cuáles son los partidos democráticos. El poner nombres a las cosas siempre ha sido una tarea fácil, lo que ya no lo resulta tanto es hacer que coincidan los nombres con la verdadera naturaleza del objeto al que se le aplican; es preciso que la definición este de acorde con lo definido y, en el caso que nos ocupa, no todos los partidos políticos encierran en sus propios planteamientos la característica de ser demócratas. Lo primero que hace falta es evitar todo totalitarismo que, por si mismo, ya es la antítesis de lo democrático y, sin duda alguna, el tener el monopolio de la información dentro de un país es una de las formas más evidentes de proyección totalitaria. Cuando, en una nación, quienes gobiernan tienen la llave de imponer unas determinadas ideas, sin aceptar que la oposición pueda rebatirlas libremente, no existe democracia; cuando se persigue, se ningunea, se ataca y se presiona a quienes elevan su voz contra el Ejecutivo, no existe democracia; cuando se utiliza a los tribunales de justicia para amedrentar a la ciudadanía; cuando se les permite prevaricar o cuando se utilizan, unilateralmente, contra una determina corriente política, sin que se mida con la misma vara a la propia, no existe democracia; cuando se utilizan las componendas, aunque sean legales, para obstruir partidariamente la acción de la oposición o vetarle la palabra en los foros públicos y las instituciones, impidiéndole desarrollar sus ideas y defender a quienes pusieron su confianza en ella, no existe democracia. Y si, en un país, no existe la democracia estaremos ante otro sistema cualquiera de gobierno menos uno en el que se prime la libertad del individuo y su posibilidad de escoger a quienes le deban gobernar (Anarquismo, Autocracia. Autoritarismo. Oligarquía y Teocracia, con sus múltiples variantes).

Es obvio que en la España del señor ZP se han desatado, por parte del partido en el Gobierno, diversas campañas para eliminar la competencia que pudiera provenir de la derecha. El pacto del Tinell, los acuerdos con los separatistas catalanes, con el Estatut incluido, sin tener en cuenta las observaciones sobre aquellas partes inconstitucionales que, desde la oposición, se han denunciado; la negociación durante años con los terroristas de ETA, a espaldas del mayor partido de la oposición, con la complicidad de nacionalistas y comunistas; el intento de entregarles Navarra a los abertzales y la utilización de la fiscalía para darle la vuelta a las leyes dejando impunes acciones tipificadas como delictuosas para no perjudicar los tratos secretos con ETA; son ejemplos incuestionables de la falta de voluntad democrática del PSOE y del intento de perpetuarse en el poder. El implantar, unilateralmente, sin admitir las enmiendas del PP, una nueva ley sobre la enseñanza; la violación de los derechos constituciones de los padres sobre la clase de educación moral y religiosa que quieren que se les imparta a sus hijos, haciendo obligatoria una asignatura, sectaria, amoral, totalitaria y torticera; así como el mantener una campaña constante, con la ayuda de los medios de comunicación y los que viven a sus expensas (progresistas, farándula, anti-sistema, ocupas etc.), contra la Iglesia católica, a la que ha convertido en el blanco favorito de toda clase de descalificaciones, abusos, vejaciones y calumnias, con el único objeto de desacreditarla ante la ciudadanía; no son precisamente demostraciones de un “talante” democrático.

Pero ahora, próximos los comicios, a ZP le conviene aparecer como conciliador, necesita dar la imagen de dialogante y beligerante con aquellos con los que, tantos años, ha estado negociando de espaldas a los españoles. Necesita simular que quiere unirse al PP para luchar juntos contra el terrorismo; quiere aparentar que está decidido a acabar con ANV y con los CTV (cuando tantas ocasiones ha tenido para ilegalizarlos y, sin embargo, no ha querido o no lo ha considerado oportuno). Convoca manifestaciones unitarias para dar la sensación de unidad democrática (lástima que los ciudadanos ya no se dejan engañar por los cebos que les pone el Gobierno), lo que se podría cuestionar visto el fiasco que resultó ser la última del sábado 1 de diciembre. En fin, que ahora toca ponerse la piel de cordero para llevarse al redil a aquellos que han quedado desencantados por la actuación de un gobierno salpicado de cacicadas, caracterizado por la inoportunidad de la mayoría de las leyes que se han aprobado, sin el apoyo de la oposición ( matrimonios homosexuales, Estatut catalán, la imposición de la Enseñanza para la Ciudadanía, etc) y significado por su absolutismo y totalitarismo a la hora de tomar decisiones que puedan afectar a la unidad de la nación española y a su continuidad como mantenedora de los valore seculares que han sido patrimonio de nuestra trayectoria histórica. ¡Y en este punto estamos, columpiándonos más que Tarzán en su liana!

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