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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

En torno a 'Los intereses creados' (III)

Ángel Sáez
Ángel Sáez
sábado, 15 de diciembre de 2007, 07:53 h (CET)
(¿OTRO “ARTE NUEVO DE HACER COMEDIAS EN ESTE TIEMPO”?)

Los personajes de Arlequín y Capitán a ratos semejan la buena o mala conciencia del autor, a ratos los críticos más feroces o los más amables escoliastas. El endecasílabo sáfico “la dulce mano que acaricia y mata”, que inicia el soneto de marras y que “merece ser vuestro” (le espeta Crispín a Arlequín), da cuenta exacta de lo dicho arriba.

Abundando en lo que llevo urdido hasta ahora y considerando lo que Crispín le suelta a Colombina, que “si de lo vivo a lo pintado fue siempre diferencia, es toda en esta ocasión ventaja de lo vivo, ¡con ser tal la pintura!”, no cuesta inferir lo que sigue, que si la obra dramática, una vez escrita, es un acierto mayúsculo, ¡menudo (con ironía) éxito ciclópeo le aguarda al ser puesta sobre las tablas, al ser representada!

Crispín, evidentemente, es el álter ego o trasunto del creador, del autor omnisciente de la obra. Por eso, no resulta ni es extraño que le confiese a Colombina lo siguiente: “Lo sé. Mi deber es averiguarlo todo. Sé que hubo inconvenientes que pudieron estorbarla; pero no habrá ninguno, todo está prevenido”. Ni que ésta le replique: “¿Sois algún encantador por ventura?”.

A continuación, Crispín vuelve a anticipar lo que ocurrirá; mas, en esta oportunidad, es más explícito y concreto: “Ya me iréis conociendo. Sólo os diré que por algo juntó el destino a gente de tan buen entendimiento, incapaz de malograrlo con vanos escrúpulos. Mi señor sabe que esta noche asistirá a la fiesta el señor Polichinela, con su hija única, la hermosa Silvia, el mejor partido de esta ciudad. Mi señor ha de enamorarla, mi señor ha de casarse con ella, y mi señor sabrá pagar como corresponde los buenos oficios de doña Sirena y los vuestros también si os prestáis a favorecerle”.

En el siguiente parlamento, crucial dentro de la obra, en el que se habla de cómo se desdobla el autor en sus criaturas y cómo llega a dividir con su arte en dos a algún personaje arquetípico anterior, Crispín viene a apoyar la tesis, que defiende y sostiene servidor, de que con “Los intereses creados” lo que pretendió Jacinto Benavente, mutatis mutandis, o sea, cambiando lo que debe ser cambiado, fue montar, eso sí, puesto al día, modernizado, como hiciera Lope de Vega tres siglos antes, otro “Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo”: “(...) Habilidad es mostrar separado en dos sujetos lo que suele andar junto en uno solo. Mi señor y yo, con ser uno mismo, somos cada uno una parte del otro. ¡Si así fuera siempre! Todos llevamos en nosotros un gran señor de altivos pensamientos, capaz de todo lo grande y de todo lo bello... Y a su lado, el servidor humilde, el de las ruines obras, el que ha de emplearse en las bajas acciones a que obliga la vida... Todo el arte está en separarlos de tal modo, que cuando caemos en alguna bajeza podamos decir siempre: no fue mía, no fui yo, fue mi criado. En la mayor miseria de nuestra vida siempre hay algo en nosotros que quiere sentirse superior a nosotros mismos. Nos despreciaríamos demasiado si no creyésemos valer más que nuestra vida... Ya sabéis quién es mi señor: el de los altivos pensamientos, el de los bellos sueños. Ya sabéis quién soy yo: el de los ruines empleos, el que siempre, muy bajo, rastrea y socava entre toda mentira y toda indignidad y toda miseria. Sólo hay algo en mí que me redime y me eleva a mis propios ojos. Esta lealtad de mi servidumbre, esta lealtad que se humilla y se arrastra para que otro pueda volar y pueda ser siempre el señor de los altivos pensamientos, el de los bellos sueños”.

A continuación, con inopinada sensatez (por su juventud), Colombina le pone en antecedentes a doña Sirena: “Yo aún no sabré deciros si hablé con un gran loco o con un gran bribón. De cualquier modo, os aseguro que él es un hombre extraordinario...”. Y, enseguida, remata: “Todo es como cosa de magia...”.

Crispín vuelve a revelar lo que acontecerá (esta vez a doña Sirena): “Cuanto aquí suceda será obra de la casualidad y del amor”.

Jacinto Benavente concede una de las perlas de “Los intereses creados” a Silvia, que abre por primera vez la boca para decir: “Yo haré siempre lo que mi padre ordene, si a mi madre no le contraría y a mí no me disgusta”; a la pata la llana, lo que le pete, o sea, en otro plano, que la tesela tal vez pueda encajar por un lado, pero no por los otros.

(Continuará mañana.)

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