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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Asesinados en silencio

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 15 de diciembre de 2007, 09:58 h (CET)
91.000. Es el número de niños que no llegaron a conocer a sus padres, según datos ofrecidos por el Ministerio correspondiente, en el año 2005. Fueron abortados. De los abortos inducidos el 0,001% lo fue acogiéndose al supuesto que permite extraer el feto del cuerpo de la madre en caso de violación. El 0,3% lo fue acogiéndose al supuesto de malformaciones graves en el feto. ¿Y el resto? El resto de los abortos practicados lo fue por presuntos daños físicos y fundamentalmente psíquicos para la madre.

Gracias al escándalo destapado por la revista “Epoca”, el “Sunday Telegraph” y la televisión danesa que han obligado a la justicia a intervenir provocando indignación entre la ciudadanía al conocer que en Barcelona y en Madrid un energúmeno llamado Carlos Morín tenía incluso trituradoras para hacer desaparecer restos humanos de bebés con hasta 35 semanas de gestación (cuando más avanzado estaba el embarazo más caro salía el asesinato), se empieza a hablar del aborto como lo que es: un suculento negocio de muerte.

Sucede que muchos condenan las prácticas siniestras llevadas a cabo en Ginemedex y demás mataderos del señor Morín porque este señor “abortaba” a críos hasta prácticamente el día antes de nacer. Pues bien… deben saber que es perfectamente legal en España matar a un niño el día antes de que se produzca el parto si la madre demuestra que su nacimiento le ocasionará graves daños psíquicos. Ya ven cuánta hipocresía.

Hipocresía en algunos casos. En otros maldad. Porque el señor Morín, cuyos abortorios eran patrocinados por la Generalidad de Cataluña en su página Web, se embolsaba por estas prácticas nada menos que la friolera de doce millones de euros al año. Marisa Castro, que fuera diputada de IU –partido cuya reacción ha sido pedir el aborto libre; se ve que las mujeres, cuyas secuelas psíquicas a causa del aborto son demoledoras, les importan un pimiento-, tampoco es ajena al negocio. Ella participa en el consejo de administración del abortorio “Isadora”. El PP no sabe no contesta.

Matar al niño acogiéndose a los daños psíquicos que el tener ese niño se supone –ya es mucho suponer, como ven- ocasionaría a su madre es lo que hacían fraudulentamente (los informes estaban falsificados o eran pagados por la propia clínica que iba a cometer el aborto cuando la ley exige que haya consentimiento informado –alternativas y conocimiento de cómo se va a extraer al bebé del cuerpo de la madre- y que el dictamen médico sea firmado por profesionales independientes) en los abortorios ahora clausurados. De hecho las penas a que se enfrenta este señor oscilan entre uno y tres años de cárcel. Por matar a miles de niños para luego triturarlos y arrojarlos en bolsas como si fueran basura. No está mal.

Resulta que los mismos que se escandalizan cuando leen en la prensa que una madre ha matado a su criatura recién nacida (aquí sí se califica como asesinato el acto cometido) son los que, teníendose por el colmo de los progresista, luego proclaman que matar a esa misma criatura el día antes del parto es un “derecho de la mujer”. Triste sociedad la que ampara tal hipocresía. Triste sociedad la que considera un “derecho” de la mujer el que ésta pueda asesinar a su hijo nonato. Vil sociedad la que ampara con su silencio este holocausto.

Pero tranquilos, que ni políticos, ni jueces, ni medios ni nadie casi nadie removerá mucho la conciencia de los anestesiados ciudadanos. Lo políticamente correcto ante este holocausto es callar. Mirar hacia otro lado. Al fin y al cabo Carlos Morín es producto de lo que algunos llaman, falsamente, progresismo.

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