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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El torbellino navideño

José Vicente Cobo
Vida Universal
sábado, 15 de diciembre de 2007, 10:10 h (CET)
El Adviento y la Navidad se han transformado en una cos­tumbre tradicional pagana. El Occidente cristiano, su­mergido en el torbellino navideño, en el delirio de los rega­los, del resplandor y centelleo, ha olvidado el hecho sin igual que sucedió hace 2000 años: La encarnación del Hijo de Dios en un cuerpo humano. El Hijo de Dios vino a noso­tros los hombres. El Adviento y la Navidad, sin embargo, ya no tienen nada que ver actualmente con la venida del Se­ñor y con Su enseñanza. El "rebaño cristiano" de la Igle­sia, que se ha tornado insensible e indiferente, celebra una fiesta pagana eclesiástica tradicional, cuyas raíces se en­cuen­tran en la creencia en ídolos de tiempos pasados.

Sólo unos pocos quieren que se les recuerde esto. ¡Todo es tan bellamente festivo y sentimental. Como que se trata de la fiesta de la familia!

Bonito sería si fuese la fiesta de la familia intacta, cuando justamente la familia de José y María simboliza una familia realmente pacífica. ¿Pero qué pasa en muchas familias tradicionales? Quizás –pero sólo quizás– se finge durante un par de horas un mundo ideal, especialmente cuando todos reunidos consumen carne de pavo, ganso, pato o un trozo de ciervo, un asado de jabalí, bacalao o en otro lugar una exquisitez en base a carne. Al abrir los regalos empieza ya a crujir la tensión. No es que se tenga nada en contra de los regalos, mientras vengan del corazón y sobre el regalado no penda de antemano la herradura de la suerte de la "feliz" expectativa.

Sobre el altar de la tradición eclesiástica, durante estas fies­tas "santas" se lleva a cabo una matanza de millones de animales, para mantener a lo más por tres o cuatro horas el sentimental resurgimiento del sentido de familia. ¡Se trata, claro, de Navidad!

Navidad ya no es la fiesta de la encarnación del Señor, del Cristo de Dios, en lo temporal. Tampoco es la fiesta fa­mi­liar en conmemoración de María y José, sino que es la adoración del dios-sol de la Iglesia, que se ha cubierto con la capa de "cristiano"– el mismo que representa la Iglesia católica a través de su "Padre santo" en Roma y que la Igle­sia evangélica protestante venera en el "relicario" de Lutero.

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