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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Regina de Lizarza

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
viernes, 14 de diciembre de 2007, 08:42 h (CET)
Hace unos meses nos sorprendía todo lo que hacía la alcaldesa de Lizarza. Incluso legamos a pensar que podía ser aventura de un día para llenar dos páginas de periódico. Pero, no. Regina Otaola lo tiene todo controlado. Jamás suele dar puntada sin hilo. Tal es su seguridad que, en muchos actos del PP, ha sobresalido sin desearlo y ha hecho sombra a otros líderes de la derecha vasca. Ha conseguido aburrir a los abertzales de Lizarza que ven cómo pierden la batalla cada día, hasta el punto que han dejado de acudir a los actos para insultar y abuchear a Regina.

Todo el protagonismo empezó siendo para Otaola, pero paulatinamente sus compañeras de consistorio han ido formando un bloque de acción, compromiso y valentía. Hasta tal punto es así que los abertzales más cobardes, según nos decía anteayer un periodista de Vitoria, no levantan la mirada cuando dos concejalas de Regina les mantienen fijamente la mirada. Tienen que ir más de uno para que las miradas se crucen sin que acaben contra el asfalto. Es una prueba más de la cobardía e inseguridad de los amigotes de Txirrita.

Si un día el empecinamiento abertzale llevó a dar a una plaza el nombre de Txirrita, otro día –brillante en esta ocasión – ha hecho que un gudari deje de serlo y el nombre de “Libertad” limpie, abrillante y pula la identidad de una plaza, la más importante de la localidad de Lizarza. En ETA, nos aseguraba Joseba, empiezan a hartarse de Regina Otaola, pero no ven camino para salir de la situación. No saben cómo poner coto a tanta iniciativa y tan continuada de esta vasca convencida.

Los niños de Lizarza hacen preguntas sin que encuentren respuesta en la escuela, ni en casa. Es el reflejo del miedo, la represión, la inexistencia de libertad y confirmación de la ignorancia disimulada durante muchos años. Mientras esos niños confusos hacen cortes de mangas a lo que representa ‘Txirri’, a la vez dan la bienvenida al Olentzero y a la ambientación navideña. Muchas cosas empiezan a cambiar en el País Vasco; cada vez son más los que plantan cara y entierran el miedo

Hay muchas situaciones en que los papeles han cambiado, gracias a gente como Regina, María San Gil, Mayte Pagazaurtundua, Rosa Díez, Isabel San Sebastián, Carmen Gurruchaga y otras mujeres con los objetivos claros y las perspectivas transparentes. Eso aún no se ha visto en las Chacón, Rumí, Pajín Vega, Maleni… No nos digan que las comparaciones son odiosas, porque no lo son, sobre todo si sirven como enseñanza positiva. También hay que resaltar que ni una sola mujer, de credo socialista, apoyó los actos de Regina Otaola, quitando banderas e inaugurando la plaza de la Libertad. Miraban por las rendijas de los cuarterones y detrás de los visillos disimulados, relamiéndose de envidia tardía, falta de agallas y probada cobardía.

A la vista de los hechos y sabiendo cómo se ha tonteado innecesariamente con ETA estos años, lo que está claro es que el socialismo no parece dispuesto a traer la paz ni se enfrentará a la violencia abertzale. Y alguno dirá, como decía recientemente un senador, Regina se está jugando un tiro en la nuca. A decir verdad no nos cabe duda del peligro que corre, pero ella y muchas como ella saben ser fieles al sentimiento y filosofía de los eternamente admirados y recordados Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco y tantos y tantos que hicieron bandera de la libertad y la lucha por los derechos humanos.

¿Y en el PSOE?, se preguntará alguno ¿No hay nadie capaz de recoger el guante de la dignidad? ¿Nadie capaz de recoger la siembra de los compañeros de partido que murieron por hacer del País Vasco un paraíso para el disfrute? Pues, no, parece que no. Al menos entre los de primera fila. Siguen escondidos cual conejos mañaneros. Temen al riesgo. Temen a ETA. Se abanican con los “hombres de paz”, mientras miran al tendido.

O Regina Otaola pone orden en el pasotismo socialista o se verá sola, muy sola, como ahora. Al final, uno llega a ciertas conclusiones. Desde el socialismo han dado la batalla por perdida hace tiempo y han huido. Y ya se sabe quién abandona el barco en primer lugar. También es verdad que, como apuntaba Demóstenes, sólo los que huyen pueden combatir en otra batalla, aunque éste no sea el caso.

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