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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Epístola prima a nuestro/s desocupado/s lector/es

Ángel Sáez
Ángel Sáez
viernes, 14 de diciembre de 2007, 08:42 h (CET)
“No es muy difícil atacar las opiniones ajenas, pero sí el sustentar las propias: porque la razón humana es tan débil para edificar como formidable ariete para destruir”. Jaime Luciano Balmes

Dilecto/s lector/es:

Los abajo firmantes, Cristina y Ángel, desde que decidimos urdir algunos textos juntos, acostumbramos a pensar lo que vamos a largar, trenzar y rubricar, sobre todo porque, en caliente, solemos hilar y tejer groseramente. Así que preferimos calmarnos. Una vez lo estamos, es nuestro propósito que la sensatez guíe nuestros dedos y fluya por sus yemas.

A Bernarda de la O (de Ocaso) hemos dado en rebautizarla Bernarda de la O-casi. Y es que lo peor que puede acaecerle a una persona es convertirse en un ser-casi: casi esposa, casi amante, casi madre, casi hija, que casi (no) se pee, y acaso se llame, en otra apócrifa (por virtual) realidad, Casiopea. Ésa es la conclusión a la que hemos llegado al alimón tras escudriñar a conciencia los comportamientos conocidos de esta persona, en permanente deshoje de su margarita. Por sus propios (de)méritos, una casi-algo, casi que sí (o casi que no), un casino que saca al personal más tranquilo de sus casillas, pues gusta probar a la gente y que ésta oscile entre la casilla del sí (o rojo) y la del no (o negro).

Ya perdonará/n que no nos privemos de nada, pero desahogarse es sanísimo. Nos hemos impuesto olvidar, mas sin olvidar las lecciones recibidas, pues a veces llegamos a creer(nos) a pies juntillas que todo tiene un por qué y un para qué (por lo menos).

Seguramente, nos reputará/n monja y cura. Y, en verdad, ambos estudiamos y aprendimos un montón de cosas con ellas/os (por separado, por supuesto). Nos aclaramos: no somos sólo buenos, ni sólo malos; somos cultos en un par de campos del saber; nuestras lagunas son oceánicas en el resto. No obstante somos unos ignorantes colosales, o nescientes mayúsculos, con los datos que tenemos nos la jugamos y opinamos, procurando, eso sí, marrar lo menos.

Nosotros, amigos recientes (entre sí), creemos que podemos serlo también tuyos/vuestros; y de los buenos, intuimos. Con las tres potencias del alma, memoria, inteligencia y voluntad, a plenos rendimientos, tenemos muchas opciones de conseguirlo.

Ambos estamos en tregua con nuestras arrugas, porque son las que hemos gestado a lo ancho y largo de nuestras existencias. Si los momentos de dicha dejaron su estela o huella, los de pena no nos ahorraron su cicatriz o muesca.

Ambos estamos arrepentidos de haber metido mil veces la pata. Estamos agradecidos por lo que se nos dio o logramos, y nos da grima aquello que se nos negó o motivó nuestro fracaso.

Ambos, como el resto de los mortales, llevamos nuestras respectivas cruces a cuestas. A ratos, lo reconocemos, nos quejamos torticeramente de que, en el reparto, nos tocaran las más pesadas (sin haber portado siquiera un rato las que soportan los otros).

Ambos andamos escasos de amigos, pero, con los que tenemos, empáticos, leales, solidarios, estamos más que contentos. Las dos frases de Demetrio de Falera que recordamos al respecto (“Amigo es el que en la prosperidad acude al ser llamado y en la adversidad sin serlo” y “Una hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano”) les vienen a ellos como anillo al dedo. Todo nuevo amigo que hagamos será bienhadado, bienhallado, bienvenido, cual obsequio divino, inopinado.

Dilecto/s lector/es, no sabemos si algún día seremos tus/vuestros amigos, pero, si Dios nos concede la gracia de poder vivir algunos años más, nos sentiremos felicísimos si algo de lo que urdamos en el futuro favorece que consideres o te plantees seriamente la posibilidad de serlo.

Cristina Barú Ardao y E. S. O., un andoba de Cornago.

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