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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El maltrato infantil

Francisco Arias Solís
Redacción
jueves, 13 de diciembre de 2007, 15:46 h (CET)
“La canción con que he arrullado
a los niños doloridos, ahora que me han herido
¡cántame!”


Gabriela Mistral

El maltrato infantil se encuentra sin duda, entre los más serios, complejos y sonrojantes problemas de la sociedad moderna. La calidad de vida de numerosos niños se encuentra profundamente deteriorada por los malos tratos que experimentan en el entorno familiar, cuyas consecuencias pueden repercutir seriamente en el desarrollo físico y psicosocial del niño. Los daños emocionales como consecuencia del mal trato infantil pueden, además, perdurar durante el resto de la vida, limitando seriamente la capacidad del adulto para el ajuste personal y social. Si, finalmente, se consideran los elevados costes sociales del maltrato infantil, puede afirmarse que los malos tratos en la infancia constituyen un problema social de primera magnitud.

Hasta los años 60, no surgió un movimiento importante en defensa de la situación de los niños maltratados y abandonados. En los años 70, resurgió con gran fuerza el movimiento feminista, llamando la atención hacia el problema de las mujeres maltratadas. Ambos movimientos fueron responsables en gran medida de la repentina atención pública hacia el problema del abuso sexual de los niños a finales de los años 70.

Los derechos de los niños han sido lentamente reconocidos a lo largo de la historia. El giro en el sistema de protección legal e institucional de los niños maltratados, se produce a partir del primer proceso judicial en Estados Unidos que reconoce por primera vez en 1874 el maltrato infantil. Mary Ellen Wilson, una niña de ocho años de edad nacida en la ciudad de Nueva York en 1866, era golpeada continuamente, herida con tijeras, atada a la cama, presentaba síntomas de desnutrición severos y otras señales de maltrato físico y negligencia. Una trabajadora intentó intervenir en defensa de Mary Ellen, acudiendo a todos los estamentos oficiales, pero ante la inexistencia de leyes que recogieran específicamente el maltrato de los niños por sus padres o cuidadores, todos los estamentos oficiales rehusaron emprender cualquier tipo de acción o proporcionar ayuda. En su desesperación, la defensa de la niña se dirige a la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales. Puesto que los animales se encontraban legalmente protegidos del tipo de violencia al que Mary Ellen se encontraba sometida y puesto que Mary Ellen era parte del reino animal debía ser posible que esta sociedad para la protección de los animales interviniera ante los tribunales en defensa de la niña. El argumento que se empleó en el proceso judicial era que Mary Ellen merecía, al menos, tanta protección como un perro.

Un conjunto de conocidas encuestas en los países desarrollados ponen claramente de manifiesto la extraordinaria implantación del castigo corporal que continúa aceptándose como una práctica de disciplina.

En nuestro país, en uno de los escasos estudios realizados a este respecto, una encuesta de ámbito nacional propiciada por la Comisión Interministerial de la Juventud revela que el 16,5 por ciento de lo padres se situaban en los niveles medio alto (11,7por ciento) y alto (4,8 por ciento) de una escala de agresividad y violencia física (esta escala consideraba conjuntamente actitudes y manifestaciones de conducta relativas al uso de gritos, cachetes, azotes, bofetadas, administración de fármacos sin receta y al uso ocasional de palizas y golpes con objetos contundentes como medios para controlar la conducta del niño). En este mismo estudio, el 15,8 por ciento de los padres manifestaba conocer personalmente algún caso de malos tratos. Las asociaciones para la defensa de la infancia consideran que son más de 500.000 los niños españoles que sufren malos tratos.

A pesar de que en nuestro país se han realizado avances en la lucha por los derechos del niño, es dudoso que pueda eliminarse el maltrato infantil en la medida que los padres eduquen a sus hijos en una sociedad donde la violencia alcanza niveles con frecuencia desproporcionados, donde el castigo corporal se acepta como una técnica de disciplina y donde el concepto de paternidad se construye en términos de posesión. Y como dijo el poeta: “Quien salvará a este chiquillo / menor que un grano de avena? / ¿De dónde saldrá el martillo / verdugo de esta cadena?”.

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