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Tags: Opinión · Artículo de opinión · Herme Cerezo
Juan Luis García, un hombre del balonmano, un amigo


Herme Cerezo


Herme Cerezo Herme Cerezo
jueves, 13 de diciembre de 2007, 09:45
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Se ha ido sin avisar, con poco ruido. Juan Luis García García nos ha dejado hoy para siempre. Conocí a Juanlu hace muchos años, ya perdí la cuenta, cuando iba a ver los partidos de balonmano en el Pabellón Marcol de Valencia. Él era entonces segundo entrenador del Marcol de División de Honor Masculina, siempre junto a Carlos Vilar, el "barbas", como en silencio le llamábamos los dos. Eran los tiempos en los que con veinte millones de pesetas, e incluso con menos, Valencia mantenía un equipo en el primer nivel del balonmano español, un equipo que incluso llegó a ganar una Copa del Generalísimo allá por 1970 (disculpen, mis improbables, pero entonces no había Rey, ni Democracia, sólo Dictadura. Las echábamos de menos a las dos, algunos preferían la República, pero sólo teníamos al Caudillo, había que joderse, y encima por la gracia de Dios, como rezaban las monedas).

El tiempo fue forjando nuestra amistad. Vivíamos coordenadas similares. Yo pasé de mero espectador de balonmano a entrenador, lo que Juanlu ya era, lo que entonces yo quería ser. Y compartíamos inquietudes, charlas, entrenamientos, partidos y algún que otro viaje a Madrid, a la librería Esteban Sanz, ¡cómo no!, a comprar libros de balonmano. Otros amigos como Juanjo Trilles, Paco Torán, Vicente Tomás, Paco Carbonell o Gabriel Navarro Tomás también nos acompañaban en aquellos sueños de gloria, en aquellos deseos de cosechar éxitos en el veinte por cuarenta. También participamos en la constitución de la Federación de Balonmano de la Comunidad Valenciana, integrados en su comisión gestora junto con otras personas de las tres provincias. Y después tuvimos tiempo de ser rivales en las canchas, sí, mis improbables, porque aquí el que teclea, antes de dedicarse a juntar palabras, dirigió equipos de balonmano durante casi quince años. Y competíamos. Y unas veces ganaba uno – él, casi siempre – y otras veces ganaba otro – yo, casi nunca -. Juanlu en la pista era frío y caliente. Frío para analizar situaciones estratégicas, eso que llaman leer los partidos, para tomar decisiones sin que le temblase el pulso. Y caliente para pegar una bronca a tiempo, para resucitar un resultado muerto.

En 1991, el seis de enero, en Logroño, logramos el Campeonato de España de Balonmano para la Comunidad Valenciana en categoría Junior Masculina. Bajo el paraguas de César Argilés, habíamos formado un buen equipo de trabajo, entrañable: Pere Sáez, Ramón Mas, David Caballero, César Galíndez, Álvaro Pons, José Alfredo Criado, José Manuel Mainez, Emilio Hernández, José Antonio Rivera, Javier Martorell, Manuel Quílez, Jorge Fernández, Antonio Poveda, Juan Carlos Gallego, Daniel Escolano, Ambrosio Martínez, Juanlu y yo. Nos trajimos para Valencia un trofeo dorado, que todavía debe lucir en las vitrinas de la Federación Valenciana y que hoy, aunque triste, debe brillar más orgulloso que nunca.

Luego colaboramos en tareas federativas, cada uno en su área, pero sintiendo ambos la misma pasión por ese extraño deporte que enfrenta a siete personas contra otras siete por un balón durante sesenta minutos, en un espacio teóricamente cerrado. Por extrañas maniobras del destino, abandoné la Federación en 2004, pero él siguió. Fue capaz de aguantar el tirón, que les aseguro que no fue suave. Tal vez amaba el balonmano más que yo.

Juanlu era, además, el hombre del dato exacto, del registro preciso, el documentalista eficaz. Le he visto almacenar recortes, fotocopias, dossieres. El suyo es un archivo de balonmano único en España, digno de ser catalogado, probablemente sólo superado por el de la Federación Española. Internet fue su gran descubrimiento, la herramienta que le faltaba para engancharse todavía más a este deporte, SU deporte.

Y hoy, un doce de diciembre, un día que ni es puente ni es Navidad, un día maldito, miserable, Juanlu ha fallecido en su despacho, mientras cerraba los cajones de su mesa para marcharse a casa con los suyos, dispuesto a regresar mañana con nuevos bríos para continuar con su labor de Director Técnico de la Federación. Josefina, tu mujer, Jacobo y Carlos, tus hijos, así como todos los que te han conocido en este barrio de aquí, como dice Juan José Millás, no podrán olvidarte nunca.

Yo, tampoco.

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