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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Campañas humanitarias

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 13 de diciembre de 2007, 08:24 h (CET)
Diciembre es el mes por excelencia para organizar campañas a favor de causas humanitarias y sociales debido al aire navideño que se respira. Tim Harford, columnista del Financial Times, se pregunta: “¿Qué se ha hecho de la idea de dar por dar?” Afirma: “Cuanto más te fijas en el dar caritativo menos caritativo resulta ser”. Un estudio que se ha hecho de las campañas puerta a puerta para recaudar fondos destapó que las organizaciones recaudan más dinero vendiendo billetes de lotería que pidiendo donativos. Parece ser, pues, que la gente no da por dar, espera algo a cambio de su «donativo». Comprando lotería es posible que toque algún premio. Volviendo al periodista: “Esto sugiere que el mundo está poblado de altruistas que buscan sacar lo máximo posible de su dinero caritativo”.

Hay unas palabras de Jesús que encajan perfectamente a las campañas de recaudación de fondos por causas benéficas: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos, de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres, de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo, 6:1-4).

Cuando Jesús dice que no hemos de dar limosna para que la gente vea nuestros buenos sentimientos y elogien nuestra bondad, nos está diciendo que jamás hemos de hacer algo esperando recibir algún tipo de recompensa de parte de los otros. Cuando colaboramos en la lucha contra el cáncer, el SIDA, la Maratón de TV3 y otras campañas benéficas, ¿lo hacemos para de alguna manera cubrirnos la espalda por si se da el caso de que un día tenemos que hacer uso de los servicios que prestan estas organizaciones benéficas a las que hoy ayudamos con nuestra aportación?

La manera externa de hacer los donativos es muy similar. Lo que marca la calidad de la aportación es el espíritu con que se hace. Por ejemplo, si me hago socio de la Fundación Carreras que investiga la leucemia, ¿lo hago por el sincero deseo de ayudar a los afectados por esta enfermedad, o porque tengo un familiar que la padece? En el primer caso es altruismo. En el segundo, egoísmo. Desgraciadamente, la fuerza predominante que nos impulsa a ser benefactores es el egoísmo. La obra caritativa ya ha recibido su recompensa, el reconocimiento privado por medio de una carta expresando agradecimiento, o el reconocimiento público, si el mérito de la «caridad» se lo merece.

El Señor nos invita a practicar el altruismo sin esperar nada a cambio. “No sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”. El gesto ha de quedar escondido. Nadie debe saberlo. Tampoco Dios. Si se hace algo pensando en la recompensa que se recibirá de Dios, tender la mano misericordiosa no tiene ningún valor para quien lo hace. Es difícil, pero no imposible tender la mano ayudadora sin esperar nada a cambio. Cuando en el día final Jesús vendrá en su gloria para juzgar a los hombres, a los que recompensará les dirá: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me visitasteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí” (Mateo,25:35,36). Asombrados por las palabras de Jesús, le dicen: “¿Cuándo te hemos hecho todo esto?” Entonces el Señor les dirá. “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (v.40).

Aquí nace una pregunta: ¿Quién es capaz de actuar con un altruismo tan excelso? Sólo hay una respuesta a la pregunta: únicamente puede intentar hacerlo la persona que verdaderamente ha creído en Jesús como Señor y Salvador, ya que la tal ha recibido el amor de Dios que la predispone a proceder con los mismos sentimientos de Dios.

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