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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

En torno a 'Los intereses creados' (I)

Ángel Sáez
Ángel Sáez
miércoles, 12 de diciembre de 2007, 07:31 h (CET)
(¿OTRO “ARTE NUEVO DE HACER COMEDIAS EN ESTE TIEMPO”?)

“Más veces descubrimos nuestra sabiduría con nuestros disparates que con nuestra ilustración”.

Oscar Wilde

Grosso modo, dejando a un lado su estructura superficial, el argumento de la pieza, quiero decir, cómo Crispín logra implicar y tejer una tela de araña, donde van cayendo como moscas todos los personajes, hasta conseguir su propósito, que deviene la mejor solución para todos (aunque él y Polichinela salgan perjudicados en parte), considero que la comedia benaventina versa, en su plano profundo, sobre el apocalipsis, esto es, la revelación, o sea, la gestación, gestión y digestión o el proceso creativo de una obra dramática. Trata de cómo se pasa, cuál es el inexcusable recorrido que debe hacerse o va de ser lector/espectador o estudioso de varias obras teatrales a escribir y ser el autor de otra/s. Trata de cómo influye todo lo anterior o previo en lo posterior (y llegados a este punto, tal vez no huelgue rememorar la sentencia orsiana de que en arte “todo lo que no es tradición es plagio”); de cómo la interacción u ósmosis entre esos dos vasos comunicantes, que son leer y escribir, siguen enriqueciendo a otros muchos creadores, contaminando y continuando o dando cuerda a la rueda del eterno retorno; de cómo llega el autor a desdoblarse y aun erogarse en sus personajes. Evidentemente, el hacedor, Jacinto Benavente, es un estudioso perseverante del medio que tiene entre manos, un versado “radiografiador” e intérprete del alma y la conducta humana, un reputado psicólogo, que conoce los mecanismos de las pasiones y pulsiones personales. Antes de llevar esos personajes al papel (ergo, antes de colocarlos sobre las tablas), han sido muñecos, que ha manejado el autor a su antojo o libre albedrío (y con los que ha probado mil y una fórmulas o tesis, es un decir, admitiendo unas y desechando o rechazando otras), dentro de un sinfín de convenciones y situaciones, en su propio caletre.

Tengo para mí que, mutatis mutandis, los intereses creados no son otra cosa que los bordes congruentes de las teselas que van a componer otro universo paralelo, que van a conformar el mosaico que devendrá la obra, y que favorecen que encajen perfecta y pintiparadamente unos trozos con otros. O, si usted, desocupado lector, lo prefiere, los dientes de las piezas de una maquinaria que, una vez engrasados/as con la coherencia y la cohesión, hacen que ésta funcione a las mil maravillas.

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