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Crisis de personalidad
Daniel Sanabria
Al principio no me lo tomé en serio pero ya llevamos quince jornadas y el enfermo no mejora. De hecho, cada día que pasa se le ve peor cara. Hace muchos años que no veíamos al Valencia fuera de los puestos que dan acceso a Europa a estas alturas de temporada. Luchando por la Liga, luchando por el subliderato o simplemente por los puestos Champions, pero siempre ha tenido algo que decirle a los grandes durante los últimos años.
Esta temporada el Valencia no ha encontrado todavía el camino, y posiblemente cuando lo haga ya sea demasiado tarde. O quizá no se dio tiempo a sí mismo. Le cortaron la cabeza demasiado pronto a Quique, para poner a Koeman, un retal encontrado por la calle. Con el tiempo se está viendo que Quique no era el problema. Murió un inocente.
La situación, decimos, no ha mejorado nada. Incluso guiándonos por la posición clasificatoria ha empeorado con el holandés. En el banquillo ya no hay marcha atrás. Ahora toca buscar soluciones más arriba o más abajo, en el césped o en la grada.
Sobre el verde, el Valencia ha perdido su personalidad, su fortaleza defensiva, su claridad de ideas. Ya no piensa a la vez que ejecuta. Le cuesta razonar las jugadas, construir los espacios, crear las ocasiones. El equipo es el mismo del año pasado, incluso reforzado en algunas posiciones clave, pero hay una tecla averiada y nadie descubre cual es.
Los delanteros ya no regalan goles ni los defensas consiguen evitarlos. La portería se ha convertido en el sistema turnista de Cánovas: hoy entro yo, mañana tú, hoy yo, mañana tú, no vaya a ser que una dictadura bajo palos perjudique al equipo. Con la calidad ha pasado algo, no se sabe bien qué: quizá haya mucha pero o se ha agotado o no se sabe distribuir bien sobre el campo.
Al Valencia no le quedan muchos hombros en los que llorar. Ni muchas lágrimas tampoco. Ha tirado por la borda la opción de luchar por la Liga y ha derramado la medicina que cura cualquier enfermedad, la Champions. El único consuelo posible es un tercer puesto en la liguilla de grupos para no despedirse del continente hasta el año que viene.
De todas formas, me resisto a pensar que Villa, Joaquín, Silva, Morientes, Vicente, y toda esa pléyade de malabaristas de la pelota no puedan resucitar el espíritu de un equipo que fue el rey de la fiesta y ahora parece la fea del baile.
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