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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Salvas de honor para unos muertos y cobardes olvidos para otras

José Luis Palomera
Redacción
martes, 11 de diciembre de 2007, 09:25 h (CET)
Y no, y no, y no, lo intentaré por última vez, por favor seres con ojos y otras conciencias, miren ustedes, todos los muertos son idénticos para los gusanos y todos merecen ser enterrados con la misma “vida”. No puede ser que a determinados muertos los entierre la solemnidad y a otros el diablo de la soledad y el olvido.

Fíjense ustedes es tal el patetismo mental que supone dar honores a unos muertos y “olvido” a otros que ni los más atrasados de todos los seres vivos se atreverían ni a pensarlo siquiera. Sin embargo, los llamados humanos sabios, seres ignorantes a más no poder, siguen y siguen haciéndolo cada vez con mayor énfasis.

Ya no sé qué pensar de este impío mundo, de este impío país, como era de esperar hoy mismo se acaba de montar un pomposo y castrense acto con rey y reina incluido con objeto de despedir a un inocente y valiente joven que en cumplimiento de su deber, y profesión por la cual se le paga aunque posiblemente ni un treinta por ciento de lo que debería cobrar, perdió la vida en manos de unas ratas asesinas las cuales ostentan una cobardía tan extrema que ni siquiera se merecen el apelativo de terroristas.

Lágrimas y salvas, apoteósico comportamiento y marcial serenidad, acompañados del himno “ la muerte no es el final”. No en vano se trataba de dar el último adiós a un ciudadano español que decidió ser guardia civil.

Dicho esto, ya no sé si pensar que yo soy el raro y los demás los lógicos o es que yo jamás debí de cruzar el Mississippi río que conduce a la vida...
Me explico; de nuevo acabo de ver una incomprensible y desmedida majestuosidad del evento más lógico que existe en vida ( La muerte física ) ya que no se nace, más bien se muere, en el cual el finado recibía de los estamentos sociales, además de la sociedad, la mayor de las solemnidades, saludos y vítores en la hora de su muerte.
Precisamente todas esas cosas que no reciben otros miles de personas que mueren en este país al año. Como ejemplo baste las 73 víctimas inocentes de la violencia de género, es decir, mujeres vilmente asesinadas por terroristas, éstos domésticos o de género.

Mi pregunta a la conciencia de tantos millones de españoles es la siguiente: ¿Qué diferencia hay entre unas víctimas y otras para que unas sean despendidas de la vida con honor y salvas, presidentes y ministros además de la real realeza, y otras, como las mujeres asesinadas por terroristas que además no cobraban por desempeñar el papel de madres y esposas, apenas merezcan un ataúd de madera pobre?

El guardia civil cobraba por desempeñar su trabajo, además se supone que debería saber al peligro que se exponía, no así las mujeres hasta hoy asesinadas. Estas mujeres, algunas aún jóvenes, creían en el amor de sus parejas, en construir una familia sin pedir nada a cambio.

Sinceramente, en la actualidad ya no sé si el corazón del ser humano es un músculo que desprende sentimientos, lo que sí sé es que en España y el resto del mundo el imperio de boato, morbo y otros intereses venden más y eso se nota cuando el muerto pertenece a los "cuatros estamentos del todo poder" el legislativo, el judicial, el ejecutivo y el de la información...

De nuevo la humanidad se apea de la inteligencia para dar paso a una sabiduría, la cual premia unas muertes con metales preciosos y otras, idénticas de muerte plena, con apenas unos gramos de tierra arcillosa.

¡Patético de nuevo, humanidad! Son ustedes patéticos además de ignorantes sabios, sin duda yo ya he renegado de mi raza y me avergüenzo de ser humano.

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