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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Abuchear al líder debería ser un arte popular

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 10 de diciembre de 2007, 23:46 h (CET)
Uno de los pocos placeres que le va quedando al ciudadano votante es el de abuchear a sus políticos a la mínima que se descuidan. Conste que nunca lo he practicado ni siquiera me lo planteo, pero entiendo perfectamente que otros lo hagan. Que yo recuerde sólo me hubiera gustado hacerlo hace años, cuando nuestras autoridades hicieron oídos sordos a los millones de españoles que salieron a las calles contra la guerra de Irak.

Entra en el sueldo, si eres político profesional es algo con lo que debes contar vayas donde vayas. Cuanta más responsabilidad tengas y más polémica sea tu gestión más posibilidades tienes de encontrarte a alguien dispuesto a cantarte las cuarenta. Seas quien seas, del partido que seas y hagas lo que hagas, siempre te acompañarán quienes sientan la tentación de decirte en público aquello que no les gusta.

Pero no todo vale, ni siquiera contra la gestión claramente fracasada de Zapatero en el asunto de ETA y la negociación. Aún en tiempos en que toda autoridad está devaluada por el mero hecho de serlo, el respeto a quien se compromete públicamente en la búsqueda del bien de todos debe ser una norma de comportamiento. Hay determinadas críticas de las que los ciudadanos deben huir y unas normas de comportamiento que mantener. No todo puede salir de la boca del contribuyente hacia sus líderes, por muy devaluados que estén.

Los ciudadanos tienen derecho pleno a la crítica más allá de la participación electoral cada cuatro años. Pero las libertades de manifestación y de expresión no siempre se suelen ejercer con equilibrio y moderación. Lo hemos visto esta semana en Madrid. No sólo los momentos elegidos por los ciudadanos que abuchearon a Zapatero y a otros líderes hablan rotundamente contra quienes decidieron anteponer su pasión política a otros sentimientos más apropiados a los momentos que se estaban viviendo, sino que además convirtieron una censura aceptable en insultos intolerables. La derechona social, que no tiene que ver necesariamente con la derecha política, tiene mucho que aprender para convivir sanamente y para con un ejemplo más civilizado poder ganar adeptos. Si es eso lo que quieren. Censurar a los políticos no debe ser un deporte, sino un arte.

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