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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Caerán chuzos y nos dirán que luce el sol

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 10 de diciembre de 2007, 07:55 h (CET)
Lamentable. No creo equivocarme si afirmo que un 90% de los españoles estamos horrorizados ante el nuevo ataque terrorista de la ETA, esta vez contra dos guardias civiles desarmados. Por supuesto, excluyo y los incluyo en el diez por ciento restante a todos los simpatizantes de la banda terrorista, así como a los independentistas catalanes que, aunque han hecho algunas declaraciones con la boca pequeña, mostrándose muy apenados y solidarizándose con las familias de las víctimas; no por ello han dejado de insistir en lo de la autonomía catalana y en excluirse de España que, por lo visto, es la causa de todas sus desdichas. Pero, si a alguien podemos reprochar su actuación, si hubiera quien actuase con más desfachatez y si nos empeñáramos en encontrar a alguna persona con más vileza en su afán de disimular la verdad de lo sucedido y buscase esconder a la ciudadanía, a los ciudadanos de a pie que, en definitiva, somos los que, de un modo u otro, acabamos por decidir quién nos debe gobernar; podemos afirmar, sin duda alguna, que ha sido nuestro ministro de Interior señor Rubalcaba.

Es evidente que, a estas alturas de la legislatura un hecho, como el ocurrido en Francia – donde ETA ha asesinado alevosamente, por la espalda, a dos agentes del orden enviados allí para colaborar con la policía francesa en la busca de terroristas y, sin embargo, no llevaban arma alguna para defenderse de un, más que probable, ataque como el que han sufrido por parte de la banda abertzale – constituye un torpedo a la línea de flotación del Ejecutivo socialista que, apenas hace unos días decía, por medio de su portavoz, que las víctimas del terrorismo, la AVT, no tenía derecho a manifestarse porque ETA ya no mataba y que todo lo que se proponían era ir contra el Gobierno para favorecer al PP. Todos conocemos a López Garrido y también sabemos de su habilidad para meter la pata hasta el corvejón y poner en dificultades a aquellos a los que representa; pero es que, en esta ocasión, la “faena” la ha rematado, como no podía ser menos, el señor Rubalcaba, el “hábil” tergiversador de la verdad y no menos diestro en el arte de la fabulación. En su última comparecencia ante los medios ha conseguido “lucirse” en la patraña que ha intentado encajarnos a la ciudadanía, para hacernos creer que lo que ha ocurrido en Francia había sido poco menos que una reyerta de cafetín barato. Sin haber estado allí, sin que los propios interesados, por desgracia para ellos, hayan podido aportar testimonio alguno, empezó por insinuar un tiroteo (cuando uno de los bandos no llevaba armas), fruto de una discusión acalorada en el cafetín entre etarras y policías

(absurdo comportamiento de los etarras, quienes lo más probable es que hubieran intentado escurrir el bulto ante la presencia de sus odiados enemigos) y, todo ello, con la evidente intención de desmentir que ETA hubiera perpetrado el atentado con antelación y que el asesinato fuera fruto, no de un incidente imprevisto como pretende nuestro ministro; sino de un plan preestablecido para consumar lo que ya, hace tiempo, vienen intentado que, en definitiva, es atentar contra las fuerzas de seguridad españolas.

El rostro de nuestro presidente, el señor ZP, cuando salió a dar la cara ante la audiencia, era la viva expresión de la consternación y, permítanme que, como es habitual en mí, vea en ella algo más que la natural preocupación de un hombre de Estado por el hecho de que se hubiera cometido un crimen tan execrable; porque, aquel rostro desencajado, escondía la consternación, de un político arribista y calculador, cuando se da cuenta de que uno de los ases que escondía en su manga se le ha caído al suelo y que no tiene medios para agacharse a recogerlo sin que se le note la trampa. Era obvio que, si se llegaba a marzo sin que ETA atentara, podría intentar hacer que los ciudadanos nos olvidásemos de su fracasada negociación del principio de su legislatura. Ellos, que utilizaron de una manera grosera e infame el atentado del 11-M para denostar al PP y hacerse con el poder, llevaban intentando desde hace bastante tiempo sacar la pólvora del cartucho que disponían los populares para atacarles, con el truco de decir que: el terrorismo no debía “utilizarse como arma política”, porque así les convenía. Lo de siempre de la izquierda, que es muy sensible cuando les atacan con sus propias armas. Ahora, con el nuevo atentado terrorista, les va a ser muy difícil que la gente no vuelva a relacionarlo con el de la T4 y, al mismo tiempo, no recuerde el cambio de política que tuvo lugar cuando se mimaba a De Juana Chaos y se decía de Otegui que “era un hombre de paz”.

Momento difícil desde el punto de vista político, cuando en el País Vasco continúa la Kale Borroca; los de la ANV se declaran independentistas y quieren asistir a las legislativas; en Catalunya se produce una manifestación masiva en la que, miren por donde, junto a la expresión de la indignación por los fallos en las infraestructuras, se barajan las peticiones de dimisión para la ministra de Fomento. Pero, por una rara combinación de sentimientos, como si estuviera previsto que aquel acto acabara así, cuaja en una verdadera manifestación para pedir al independencia de los catalanes; todo ello a pesar de que Montilla, con su habitual facilidad para escurrir el bulto, se pone de parte del PP para evitar que, todo el Tripartit de la Generalitat, se declare secesionista. Y por si fuera poco, para acabar de enturbiar el panorama ya de por sí bastante enrarecido de nuestro país, desde allende el Atántico, el inefable H.Chávez, dentro de su más puro estilo de matón del oeste, se desgañita diciendo que si el Rey no se disculpa se incautará de los bancos españoles y, por si no tuviéramos bastante, nos amenaza con echar del país a las empresas españolas ¡si gana las elecciones la derecha en España! Este Bolivar de vía estrecha no se conforma con ser el dictador de su país, sino que también pretende imponernos su comunismo recalcitrante a los españoles. Este, señores, es el panorama al que nos enfrentamos ¡quién lo hubiera dicho al principio de la legislatura! A esta situación creo que alguien la podría definir con aquella expresión: “Pelean los toros y mal por las ramas”

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