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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Credenciales del Bullentó

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 10 de diciembre de 2007, 07:55 h (CET)
Los RINCONES entrañables adquieren una significación sublime; no importa su extensión, por que no es cuestión de tamaño físico. De vez en cuando puede uno apreciar pequeños lugares paradisíacos. Aún resaltan más debido al abandonismo con el que nos acercamos a las maravillas de la Naturaleza.

El río Bullentó se origina en uno de esos parajes en los que el tiempo pierde su significado habitual; y si me apuran, también el espacio se arriesga a un cierto desquiciamiento. La osadía de estos manantiales ha visto pasar estilos cartagineses y romanos, árabes y algún que otro despistado, aún hoy pasan algunos, más de los últimos. Estos parajes son TESTIGOS intemporales, el conocimiento de su memoria sería interesante. En lo referente al espacio, de tan grandioso, en su enormidad no recoge estas minucias localizadas en el norte del alicantino término municipal de Pego. Plácidos, a la vez que enérgicos, manantial y río, pretenden inculcarnos unas sensaciones fascinantes, por paradójicas; añejas, casi perennes, pero con un simultáneo sabor a novedad de la buena, esa que no se agota, como auténtica reserva vital.

En este caso, las montañas del interior son moderadas, no alcanzan las dimensiones de los cresteríos o picachos descomunales de otras latitudes. Sin embargo, sus oquedades conforman el entramado genésico de la realidad posterior del Bullentó que hoy nos ocupa. Quizá sean estos recovecos su factor constituyente principal, marcarán su ubicación y su ritmo. Esta presencia de la reciedumbre montañosa, su persistencia a través de largos tiempos, le confiere un matiz SIMBÓLICO por excelencia; participa en una forma de expresión inigualable, como punto de partida para la vida. El agua será su vehículo , el líquido y las rocas representan un sentido general del entorno, acopio de un bien fundamental, plagado de cosechas, acogida de flora y fauna, o lugar de disfrute. Es casi una mística del comienzo, se generan las condiciones de la futura iniciación.

Cuando alumbran los manantiales del Bullentó, la frescura y nitidez de sus aguas se aprecia como una clara INVITACIÓN a las manifestaciones vitales. Previamente, estas aguas ya intuyeron lo que se les venía encima al discurrir por terrenos montañosos llenos de rescoldos y cenizas, arbolado en franca retirada y múltiples amenazas de los humanos. Ese es ya un motivo para que adopten ese aire transgresor definido por su adptación a un rincón elegido, como testigo fiel de una Naturaleza que no abdica de sus esencias. ¡Esto en sí es una transgresión!, por que se llevan otras conductas. Con este renacimiento cobran vigor las palabras de Blas de Otero, “El río rueda preso en libertades” … “Eso que no hace daño a nadie”. Es un mensaje de relieve, la aceptación de ciertos encajonamientos se convierte en el cauce que conduce a las libertades creadoras. Sin esas formas perseverantes, sin ese reposo activo, no serán posibles los entornos, ni esa persistencia mítica de lo valioso.

No es una mera sugerencia, ofrece una COLABORACIÓN leal y constante con sus asiduos visitantes o autóctonos pobladores. Desde los más pequeños (gambetes, samaruc), hasta todo género de pajarería y garzas ocasionales. Tampoco conviene olvidar la vegetación minúscula menos perceptible, seguida de carrizos y cañaverales, hasta la aparición progresiva de los cultivos. A nivel humano son muchas las posibles repercusiones, desde chapoteos refrescantes, paseos en barca que remueven sensaciones infrecuentes hoy en día, disfrute y solaz con la Naturaleza; llegando a las escenas de diversión, como los “descensos” animados por la furia del disfraz y el humor carnavalescos. Las panorámicas pueden llenarse de algarabía y luz, como también de ese silencio que permita escuchar el ruido fino de ese paraje natural.

¡Ay, amigos! ¡Conflictos, también haylos! Comprenderán ustedes por que semejante pureza del agua y ambiente suponen TENTACIONES muy fuertes para los arribistas. De cómo se consigan preservar estos manantiales y el uso apropiado de sus recursos, se derivará un futuro que somos capaces de desfigurarlo. El abandonismo, con la suciedad acumulada, la desidia o el puro salvajismo de la flora o fauna, se ha comprobado como una necedad ambiental. El aseo de la zona, compatible con los recuperados cultivos arroceros, constituyen una base idílica para una feliz compaginación de la fuerza natural y la actividad del hombre. ¿Sencillo? ¡Ni hablar! A veces, las instituciones son tercas, las personas apasionadas y los razonamientos se oscurecen hasta cometer barbaridades. Soñemos con la atenuación de conflictos y con laboras más subyugantes.

Por desgracia, asoma la FRUSTRACIÓN. Estas aguas tan bien predispuestas, en su descenso, otean montañas enteras ofuscadas por horrorosas urbanizaciones, les habían hablado de una llegada plácida al mar y por allí se encuentran una auténtica selva …¡De cemento!, desagües y porquerías en plena proliferación. ¡Hasta les entran ganas de evaporarse! Incluso les entra afán de protesta, aliándose con el viento, formando algún tornado. Así tratarían de programar su regreso a las altas cumbres del monte y del pensamiento; a ver si en los próximos alumbramientos del manantial hay más suerte. Mientras afirmaré algo sobre esas fuentes:

ENTRAÑAS DEL BULLENTÓ

Mientras el entorno se accidentó,
Drenó previsora un agua fecunda,
Discreta, en una caverna profunda.
Fugaz, aparentemente se ausentó.

Mientras más lluvia que nieve alentó,
Sonó el agua cantarina y rotunda,
Rústica en su aire que todo lo inunda,
Brava, su impaciencia se soliviantó

Y el manantial escapa de la funda,
Por que la fuerza del caudal rebentó.
Su fiera potencia vital redunda,

Es fuerza que al lugareño alimentó
Hasta con fuerza anímica jocunda,
En la mítica fuente del Bullentó.

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