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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Funerales de Estado

Miguel Rivilla San Martín
Redacción
lunes, 10 de diciembre de 2007, 08:26 h (CET)
Se han celebrado, según todos los medios, dos funerales de Estado por los dos guardias civiles asesinados en Francia por un comando terrorista de ETA. Se ha dado en los mismos alguna peculiaridad que es preciso clarificar. Se llama funeral de Estado aquel en que se hacen presentes los Reyes, algún miembro de la Familia real o autoridades representativas de instituciones del Estado o de la política. Este puede tener carácter civil o religioso.

No es lo mismo celebrar un duelo público, unas honras fúnebres o dar el último adiós, que un funeral. Este es celebrado por un ministro de la Iglesia y tiene siempre carácter religioso. Prima sobre otro aspecto de la celebración y si es con misa o eucaristía, no puede faltar la comunión por ser parte esencial y constitutiva del mismo.

Se comprende que en la despedida de un agnóstico público, se baile un tango o se cante una copla, caso de Fernando Fernán Gómez. Se comprende que en el entierro de un político o destacado miembro de un partido laicista o marxista, se entone puño en alto La internacional o cualquier otro canto. Se comprende que en el entierro de un masón, apóstata de la fe o miembro de una secta, esté ausente cualquier signo o alusión cristiana. Lo que cuesta comprender es- según lo trasmitió la Cope, en “La palestra”, hora 14 del 7, se celebrase el funeral de Estado, “blindado, con derecho de admisión y con prohibición de comulgar, según Interior.”

Para un fiel bien formado en su fe, cuesta entender qué autoridad, por qué motivo y con qué poder, se pudo prohibir dar la comunión a los presentes, por muy funeral de Estado que fuese el celebrado por el guardia Fernando Trapero.

La liturgia de la Iglesia prevé para casos como ese la celebración de La Palabra de Dios o paraliturgia, casi en todo igual que un funeral, pero sin misa y comunión. Son las autoridades religiosas con los familiares del deudo, los que deben obrar en consecuencia-respetando la expresa voluntad del finado.

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