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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Bernarda Ocaso, una obsesa refractaria, sin remedio (II)

Ángel Sáez
Ángel Sáez
domingo, 9 de diciembre de 2007, 07:50 h (CET)
(Sigue el de ayer.)

“Te pido, por favor, que no vuelvas a escribirme nada nunca más, por ninguno de los medios o motivos. Espero que lo tengas claro.

“No tienes mi permiso para usar literalmente mis textos. No tendré ningún problema ni una pizca de piedad en acusarte de plagio, si tal cosa ocurre.

“Lo nuestro, al parecer, va a durar un año cabal, porque hoy termina; no hay posibilidad para la prórroga.

“Creo haber hecho barbaridades (cometido mil y un errores) para que te decantaras por mí y mi Amor inútilmente. ¡Cuánto tiempo perdido (cuando el tiempo es oro), Dios mío!

“Te desea lo mejor

“Félix Unamuno”.

Bueno, pues a la “esemesera” mayor del reino (según me escribió en uno de sus últimos correos, un día llegó a mandarme cincuenta) sólo se le ocurrió escribirme un SMS en el que me decía que marraba en parte, porque ella tampoco veía solución a lo nuestro; que no hizo nada con su cónyuge; que la frecuencia de “metisaca” que mantiene con él no es la que imagino; que le da largas; que, como mucho, cada 15 días y gracias; que creía tener derecho a aclarármelo; que el otro día le preguntó su “santo” qué había hecho con el móvil; que no iba a sufrir yo solo; …

A la semana, poco más o menos, volvió por sus fueros, sus manías. Y es que, indagándose sencilla y simplemente, podría escribir, sin aparente esfuerzo, cien relatos con todas las obsesiones que ha llegado a acopiar o tiene. Algo debió leer o juntar mil teselas (formando un mosaico completo) en su cabecita de chorlito para colegir que servidor era también uno de sus compañeros o socios con los que interacciona o participa en (sólo Dios sabe cuántos) los foros literarios donde entra, mandándome otro SMS en el que me saluda y trata como si yo fuera su colega Avito Carrasco; además, me dice que me creo muy listo, pero que a ella no la he engañado, como sí he hecho con otras; que… para qué seguir.

¿Loca de atar? Pues, que yo sepa, la esquizofrénica, aunque debería, no está encerrada, sino suelta. Menos mal que, según me contaba, sale poco y, además, vive en la otra punta de la piel de toro puesta a secar al sol, que hoy vuelve a calentar lo suyo.

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