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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Tiempos de desconcierto, incertidumbre y peligro para España

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 9 de diciembre de 2007, 07:50 h (CET)
Creo que es bastante obvio que el señor Rodríguez Zapatero y su Gobierno no están en sus momentos más brillantes de su legislatura. Tampoco podemos decir que hayan estado muy afortunados en su labor de gobierno; pero es que, precisamente ahora, a unos escasos cuatro meses de las Elecciones Generales, parece que la buena suerte que les ha acompañado durante un tiempo – ­en especial en cuanto a la bonanza económica que, sin hacer nada más que seguir la senda marcada por el PP, les ha bastando para que España gozara de una época de prosperidad – se les está acabando y ya son varios los acontecimientos que, junto a la fracasada negociación con ETA, están minando la fe que algunos habían depositado en el PSOE, pensando que bastaba con llegar al poder y anular al partido de la oposición para que España iniciara una nueva etapa frente populista, sin que ocurriera nada y sin que la estructura del Estado se viera sometida al terremoto del independentismo y al tsunami del descrédito internacional.

Si el señor ZP ayudado de su fiel y tosco escudero, señor Moratinos, pensaron que apostando por las repúblicas bananeras del Cono Sur de América, se iban a cargar de gloria, iban a aparecer como el Gran Hermano de los indígenas, en otras épocas colonizados por España; se ha demostrado patentemente que estaban errados. Si, por añadidura, pensaron que de la amistad con el Hugo Chávez de Venezuela iban a sacar tajada política y económica ( por aquello del petróleo); hemos podido constatar durante los últimos tiempos como, aparte de los millones que nos hemos dejado en ayudar a algunos países de estas, mal llamadas democracias; lo único que, de verdad, hemos conseguido sacar son un cúmulo de problemas y el que, tanto desde EEUU como de la CE, nos estén mirando como a unos gusanos apestados que, para medrar, se han refocilado en las charcas apestosas del comunismo rancio y obsoleto de las dictaduras americanas. Pero es que, además, vean ustedes por donde, el omnipotente gorila rojo, el que parecía que se comía a sus enemigos ensartados en un palillo como si fueran aceitunas rellenas, acaba de sufrir un varapalo que, por una vez, lo ha puesto en el lugar que se merecía. Si durante los últimos días ha abusado de su histrionismo y se ha cebado en sus enemigos locales, en EEUU, en España y su Rey, amenazándonos con los mil males y toda suerte de represalias; vemos como no es tan fiero el león como lo pintan y que, su presunta imbatibilidad, ha quedado demostrado que no era tal. ¡Me alegro sobremanera!, en especial por su trato desconsiderado para nuestro Rey y porque, en definitiva, ha quedado reducido a sus propios límites de enano lenguaraz e insignificante, bueno para nada y hortera de solemnidad.

Pero es que si, por el lado de nuestra proyección internacional, ZP ha demostrado no tener los más elementales conocimientos; si enfocamos nuestra mirada crítica a lo que está ocurriendo dentro de nuestro país, las cosas todavía le van peor. Un atentado contra dos guardias civiles (uno muerto y otro gravísimos) cuando se hartaban de presumir de que ETA ya no mataba, es algo difícil de digerir, como la ha demostrado Rubalcaba que se empeñó tanto en quererlo descafeinar que se ha armado un lío morrocotudo hablando de tiroteos cuando los guardias civiles iban desarmados y de riñas imaginarias en el interior del cafetín en el que estaban los dos agentes. Cuando no se quiere cortar con la ETA, cuando se busca ocultar las negociaciones con los terroristas y cuando se estaba planeando un acuerdo con ellos para después de las elecciones, un atentado de tales características puede hacerles mucha “pupa” a estos especialistas de la desinformación que son los socialistas. La gente se está empezando a irritar contra el Gobierno, y no lo digo por lo de Barcelona que merecerá un párrafo aparte, sino porque ya nadie se puede creer que se esté adelantando en la famosa “paz” ni nadie puede tragarse que se ceda ante bandas como la CNA y Batasuna, permitiéndoles que libremente se reúnan, hagan demostraciones de fuerza y que sus líderes, perseguidos por la justicia, se paseen impunemente por las calles de las ciudades del País Vasco.

Y por si fuera poco, los sucesos de Barcelona. Se veía venir y no por ello resulta más penoso por lo que significa de afrenta a toda España y por la impunidad con la que, en nuestro país, están actuando estas bandas de independentistas; por la facilidad que se les da para hacer proselitismo y por la inmunidad que se les otorga cuando, públicamente, infringen la Constitución haciendo alarde de su independentismo, amenazando con hacer un referendo separatista y pavoneándose de pasarse por los forrillos de los pantalones el Estado de Derecho, el Gobierno Central y al resto de los españoles, a los que acusan de ser causantes de su neurastenia excluyente y con los que, a pesar de pedirles que contribuyan con sus dineros al enriquecimiento de Catalunya, a construir sus infraestructuras y, por si no bastara, con la mano de obra que les viene del resto de autonomías, a enriquecerse; sin embargo , su endogamia y chauvinismo les impiden considerarlos a su nivel. ¡Pobres insensatos! Debieran saber que sin España no son nadie y que, sin su comercio con el resto de la península, perderían un setenta y cinco por ciento de sus ventas; pero puede más el lavado de cerebro que les han hecho sujetos como Pujol y Carot, que su sentido común, su famoso “seny” del que tanto presumen y, no obstante, del que tanto carecen.

Tiempos difíciles para España; elecciones cruciales para los españoles y peligro de desmembración y enfrentamiento entre comunidades porque, si algo es cierto, es que no creo que se haya dicho la última palabra sobre lo que debe ser esta vieja Nación a la que algunos todavía llamamos España. Sólo el sentido común de los ciudadanos de a pie, únicamente la lucidez de aquellos a quien la Constitución ha encomendado la unidad de la patria y la sensatez de quienes, como el PP, debieran luchar hasta el último cartucho para hacer ver a todos los españoles el peligro que se cierne sobre nosotros, podrán evitar que, el señor Zapatero y los suyos, gocen de una nueva oportunidad para llevar a término su proyecto de destrucción y de implantación del totalitarismo rancio, de reminiscencias soviéticas, que su obcecación y resentimiento pretenden que nos traguemos. ¡Ojalá que lleguemos a tiempo de evitarlo!

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