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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Contra esta Constitución

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 8 de diciembre de 2007, 08:18 h (CET)
Permítanme los lectores que repita en esta ocasión algunos de los argumentos que ya en años anteriores defendí en los diversos periódicos donde se publica mi columna: Yo estoy contra esta Constitución, no me gusta, no la quiero, la rechazo.

Nació la Constitución hace veintinueve años, en un momento histórico determinado y con unos condicionantes que ahora se han demostrado como un lastre para la convivencia de los españoles. Para su nacimiento fue necesario un gran consenso que se pretendió alcanzara a todos los partidos. Para ello el Estado, representado fundamentalmente por gentes de UCD y del PSOE, hizo un gran esfuerzo por contentar a los partidos nacionalistas, sólo el PNV quedó fuera del acuerdo final porque pretendía que sus derechos históricos, los supuestos derechos históricos del pueblo vasco, quedaran por encima de la norma que nos iba a cobijar a todos.

En aras de ese consenso el Estado accedió a muchas de las demandas de CiU y PNV. Una de las condiciones que éstos pidieron fue que Castilla desapareciera como ente autonómico. No les convenía una Castilla central, con el potencial económico de Madrid, con numerosas provincias, lo que significaba muchos diputados y senadores, y una enorme extensión de kilómetros. Castilla asustó a quienes veían en ella un rival y una oposición centralista y tal vez centrípeta a sus planes centrífugos.

Y España cedió. Se fraccionó a Castilla y se la dividió en varias provincias. Se inventó una artificial Castilla- La Mancha (¿Y por qué no una Castilla-La Tierra de Campos o Castilla-La Alcarria?), se separó a Madrid (¿Pero si Madrid no es Castilla, entonces qué es?) y se inventó ese bodrio monumental llamado Castilla y León. Todos los interesados recuerdan aquellas palabras de Martín villa: “Castilla y León tienen que formar una Comunidad autónoma por intereses superiores” dijo el leonés. ¿Intereses de quién?

Ya de paso Cantabria, que tradicionalmente había sido el puerto de Castilla y que comparte Historia y Geografía económica y humana con la meseta, y La Rioja, donde nació hace más de mil años este idioma que no se llama “riojano” sino castellano, quedaron apartadas del tronco común.

Así obtuvieron catalanistas y vasquistas una Castilla “desaparecida en combate”, que ni pincha ni corta en una España cada vez más a la medida de los nacionalistas, que dirigen, programan y deciden las inversiones del Estado y determinan cuáles y cómo deben ser las leyes que, sin embargo, nos afectan a todos. Castilla, la madre de España, no pinta nada, carece de influencia, es permanentemente ninguneada por su hija, que le vuelve la espalda y se desentiende de sus problemas, despoblación, desindustrialización, desertización, abandono, envejecimiento…

España y su Constitución tienen la culpa, la organización del Estado debe cambiar, no se puede cerrar así el mapa autonómico, Castilla no puede pagar los errores de otros ni puede ser el precio para incorporar a la Constitución a los nacionalistas. ¿Por qué no existe Castilla mientras existen Galicia, Extremadura, Cataluña o Andalucía? ¿A quién no le interesa? Desde luego le debería interesar a España, que hallaría en Castilla un aliado sin encontrar ninguno de los problemas que le plantean en otros lugares. Y que nunca hay manera de apaciguar, ni siquiera con el sacrificio de la madre de España.

Una Constitución que bendice una situación tan injusta no puede ser mi Constitución.

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