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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Bernarda Ocaso, una obsesa refractaria, sin remedio (I)

Ángel Sáez
Ángel Sáez
sábado, 8 de diciembre de 2007, 08:18 h (CET)
A mi dilecto primo Nicolás, porque hoy, jueves, seis de diciembre de 2007, Día de la Constitución, cumple años; ergo, “Nico”, con cariño y de corazón, ¡muchas felicidades!

Vaya por delante que todos hemos tenido, tenemos o vamos a tener o padecer a lo largo de nuestra existencia alguna obsesión. Algunos/as las controlarán con más o menos acierto o cordura, pero a otros/as dichas neuras les acarrearán más de una dificultad o problema.

El pretérito 25 de noviembre corté definitivamente los pocos lazos que me ligaban a Bernarda Ocaso. Aunque se lo escuché decir una sola vez a la interesada, con alguna dosis de guasa (“casi siempre que comento dónde vivo, tienden a preguntarme lo mismo, si soy de las de dentro o de las de fuera, por el frenopático que hay instalado dentro de los límites de la localidad donde resido, a la vera misma de mi casa”), lo cierto es que, desde el principio, advertí que Bernarda tenía una personalidad (resumámosla en los dos adjetivos que siguen) extraordinaria, extraña. Desconozco si el motivo de sus obsesiones estribaba o radicaba en la proximidad del manicomio, en el trato con los orates o en otra razón ignota, pero el hecho incontrovertible, irrefutable, era el que era, que Bernarda se había tragado a una obsesa recalcitrante, sin solución. La Ocaso necesitaba y necesita (según la modesta opinión de un lego en dicha materia) urgentemente que un especialista experimentado, un psiquiatra con recorrido, le eche una mano sin falta.

Lo que va a leer el desocupado lector a continuación es, mutatis mutandis (al objeto de salvaguardar la intimidad auténtica de la demente), una parte (corregida) del correo que le remití el mentado día:

“Dilecta Bernarda Ocaso:

“Lamento comunicarte que esto es lo último que te urdo en mi vida. Te lo aseguro.

“Así no puedo seguir ni estar (releer algunos de los escolios que dejaste in illo témpore en el foro ABCD –por llamarlo de alguna manera-, no sólo leer uno de los más recientes –que, no lo niego, ha ayudado bastante-, han terminado por desanimarme completa y totalmente –desde luego, olvidamos cuanto nos conviene; esto es apodíctico, evidente-). Por más que lo he intentado, no lo he logrado soportar. Saber que otro, tu “titular”, te tiene en sus brazos cuando le peta, suponen metafóricas puñaladas en mi espalda, mas reales. Te gustaría que estuviésemos juntos, escribes (pero nunca has propiciado el segundo encuentro; es más, no has hecho más que poner óbices en el camino; a veces creo que lo que has buscado sutilmente es que me desanimara, que el globo de mi Amor se desinflara, de veras; pues lo has conseguido), cuando acabas (supongo –un sábado, de la una a las cuatro de la madrugada, se pueden hacer un montón de cosas en casa-; no lo tomes por un reproche hacia ti; es un argumento para dejarme ya de tonterías y dejarte para siempre) de echar un “eroskiki” con tu marido.

(Continuará mañana.)

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