Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   Copo   Sociedad  

Lo que queda de niño

A medida que los dígitos de la existencia van creciendo, aquellos de la infancia llegan hasta el cenit de nuestra vid
José García Pérez
sábado, 27 de junio de 2015, 23:41 h (CET)
Lo que nos queda de felicidad, a medida que pasan los años, es lo que retenemos de niño, o sea, de inocencia; y es que se puede tener un montonal de años y gozar a veces de actos puros e inocentes. Y aunque no podamos poner en ejercicio la inocencia por tener los colmillos demasiado retorcidos, cualquier recuerdo del “paraíso perdido” nos colma de una dicha difícil de superar; y perdonad los más jóvenes, pero a medida que los dígitos de la existencia van creciendo, aquellos de la infancia llegan hasta el cenit de nuestra vida.

Tal vez sea una felicidad pasiva, controlada, contemplativa, íntima y delicada, personal e intransferible, con algo de neblina que tendemos a que desaparezca; no sé explicarlo pero al intentar hacerlo me remonto siempre a la madre, a sus besos, a su mirada tras el visillo, a su vigilia en la playa reloj en mano -desde luego a partir del día de la Virgen del Carmen- y todos esos pequeños detalles que machacan constantemente lo que permanece en mí de niño.

Aquella negra bicicleta que compartía con mi hermano Fernando jugando a cara o cruz, el baúl donde, sentado en él, me “cargaba” con los dedos pulgar en índice al Séptimo de Caballería del general Custer, la cama compartida con mi “frater” en el santuario de la pequeña casa mata, la azotea con el gallinero, los amigos con los que jugar al trompo, a las bolas, al ziriguizo, aro, escondite o a “alto,manos arriba”; todo, todo era una punta fantasía, hasta mi pequeña hermana Nati que todavía sigue siendo la “niña” o la “hermanita”.

Hasta tenía un cierto regusto a disgusto el creer en el cielo, infierno, purgatorio o limbo; después ya apareció el razonamiento, ya saben, “nadie ha venido de allí a decir que todo es verdad” y uno, poco a poco, fue dejando la inocencia y supurando la razón.

Y el padre, Fernando el de la Imprenta, como auténtico patriarca del núcleo familiar; después, con el paso de los años, llegaron otros patriarcas, a saber, la televisión, el móvil, los tuits o facebook y ya nada fue igual.

Y la novia formal, tan formal era que todavía está a mi vera y la miro y me mira, y sonreímos.

Qué tierno todo, el pan no se cortaba con cuchillo sino se partía con las manos y cuando, oh Dios, caía al suelo se recogía con mimo, con el mismo mimo que hoy pretendo decir estas chiquilladas que ya no se estilan, y se besaba: me refiero al pan.
Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

El título de los padres de Felipe VI

Don Juan Carlos y Doña Sofía son reyes honoríficos

Viva La France

Han pasado siglos desde que Joseph Rouget de Lisle creará el himno de La Marsellesa que para el batallón

Dejémonos amar

Nuestra gran asignatura pendiente, es no haber aprendido a querer, queriéndonos

Chomsky y el sueño americano

Chomsky es uno de los grandes filósofos en activo con análisis muy precisos sobre la realidad económica y social

La sombra de la corrupción

Todos sabemos que muchos interinos entraron de forma digital y llevan años trabajando en la administración
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris