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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Justicia   -   Sección:   Opinión

Pedraz y Manjón, Dios los junta y ellos colaboran

Miguel Massanet
viernes, 26 de junio de 2015, 22:00 h (CET)
Don Santiago se ha dejado la barba como corresponde a todo buen discípulo del progresismo moderno. Se ha querido, con toda seguridad, investir de un aspecto más agresivo, más imponente y amedrentador que disimule su rostro un tanto aniñado, de querubín alado de pintura religiosa, vocablo que, curiosamente, procede de la palabra hebrea “querub”, uno de cuyos significados es “segundo”, muy apropiado para el personaje al que nos estamos refiriendo, el juez Pedraz, que parece que ha querido recoger el perfil contestatario de su amigo y antecesor en el cargo, el sibilino e irascible don Baltasar Garzón. Claro que, el concepto de Justicia que parece que se ha puesto de moda en este país, no deja de ser curioso por lo simplista, lo exclusivo, lo permisivo y lo discriminatorio que puede resultar, si las acusaciones afectan a un ciudadano de centro o de derechas o si, por el contrario, se trata de un sujeto de izquierdas el que ha sido incriminado. El número de ejemplos ha sido tan numeroso, en los últimos años, que por sí solo nos daría la medida de lo que todos los españoles venimos observando desde hace años: la evidente policitación de la Administración de Justicia en España.

Por lo visto para la izquierda española, últimamente reforzada por la irrupción de los comunistas bolivarianos de Podemos, el único delito que debe perseguirse, el que ellos entiende que debe ser castigado con todo el rigor de la Ley y con el que no caben paliativos ni concesiones es el de corrupción. Con una salvedad: si los corruptos, los malversadores de bienes públicos, los que cometen prevaricación y los que roban a mansalva son comunistas, socialistas, antisistema o pertenecen al gremio de la farándula, entonces señores no sabemos lo que ocurre que los jueces parece que se sientan más predispuestos a la comprensión, menos rígidos y exigentes y, por supuesto, más tardíos en emitir sus opiniones. El ejemplo de la juez Alaya, una señora que se merece todo el respeto y agradecimiento de los españoles de pro por su eficacia, su entereza, su valentía y su entrega a la tarea de sacar de debajo de las alfombras de la Junta de Andalucía a todos los funcionarios y sindicalistas corruptos que se escondía debajo de ella para ponerlos a disposición de los tribunales., es la excepción a la regla.

Ni que decir tiene el verdadero mazazo que supone, para el PSOE, que cuatro de sus figuras políticas más representativas hayan sido imputadas, por el Supremo, como presuntos autores de una trama de financiación del partido, en la que ya están encausados más de 260 personas relacionadas con el PSA y el sindicato del partido la UGT por enriquecerse con el dinero de los trabajadores en paro. Pero volvamos al juez Pedraz, el encargado de la causa abierta, a instancia de la fiscalía, contra este individuo que no ha tenido empacho en ofender a las víctimas del terrorismo de ETA, haciendo chistes sobre ellas, sus mutilaciones y el dolor de las familias. Todos ya sabemos cuales son las particulares ideas de don Santiago, su progresismo conocido de todos y su apoyo incondicional al sancionado juez Baltasar Gárzón, con el que, al parecer, compartían sus ideas poco ortodoxas. Ni que decir tiene que debe ser, seguramente, uno de los que más se han alegrado con el viraje a la izquierda que han supuesto las pasadas elecciones del 24M, algo a lo que tiene derecho; sin embargo, lo que no sabemos si esta circunstancia la va a aprovechar para inclinarse más a aplicar lo que, para él y el señor Garzón, parece que era una facultad exclusiva de los jueces o sea prescindir de lo que ciertas leyes dicen para darles un sentido, ¿Cómo podríamos definirlo?, ¿Cómo más social, más condescendiente o menos duro, con determinados delitos cometidos en las calles, agresiones a las fuerzas del orden, destrozos o acoso a personas de otras ideologías o contra el derecho de propiedad de las personas?

Claro que, en este menester, a la hora de hacer justicia en el proceso del señor edil del Ayuntamiento de Madrid, Guillermo Zapata; un sujeto que tuvo que dimitir de la consejería de Cultura por sus frases ofensivas y, curiosamente, ha resultado que, el que no valía para estar en Cultura, a criterio de la alcaldesa ( ex jueza) señora Manuela Carmena, sigue valiendo para ocupar otro puesto de concejal en el mismo ayuntamiento, como si, para un caso se pudiera seguir aunque estuviera imputado y para el otro, esta circunstancia no fuera tenida en cuenta. En todo caso, el juez Pedraz ya dispone de valiosas ayudas. La primera, la de ubicua señora Manzón, la que surge de la nada en cada ocasión que alguien de la izquierda necesita ayuda.

Resulta incomprensible el grado de fanatismo comunista, de odio hacia la derecha, de rencor dentro de su corazón y, permítaseme la expresión, de obsesión mental, que supone el que se haya ofrecido para ir a testificar ¿testificar?, ¿acaso ella presenció la redacción del tuit por otra persona ajena a Zapata, de modo que pueda afirmar que no fue él el autor? algo improbable porque no ha sido negada su autoría por el propio imputado. Es posible que la señora Manjón, esté motivada por una obsesión destructiva hacia los partidos de derechas, algo incomprensible cuando fue una de las víctimas del terrorismo etarra, que fue el causante de la muerte de su hijo. No obstante, parece que cuando se trata de pedir explicaciones lo hace a los organismos que han luchado contra el terrorismo, en lugar de dirigir su odio hacia aquellos criminales que cometieron el vil asesinato. También nos sorprende la calma, la incongruencia y tranquilidad de Irene Villa, alguien que sufrió la amputación de ambas piernas a causa de un atentado de ETA, que parece que está dispuesta a hacerle el caldo gordo al tal Zapata, cuando ha hecho la sorprendente declaración “Hablará en nombre de otras víctimas a las que habrá preguntado, a mí no me ofende”

Se habla, frecuentemente, del síndrome de Estocolmo; de esta especial relación entre la víctima y el agresor, de la entrega del ofendido hacia el ofensor con el que llega a establecer una cierta relación enfermiza. En el caso de la Manjón y en el de la señora Villa ya no se trata de que ellas, particularmente, se sientan o no afectadas por las barbaridades dichas por Zapata, no, no señores, es que, tanto la una como la otra estaban obligadas, por pertenecer a sendas asociaciones de víctimas de ETA, a pensar que si sus palabras le sirven al juez Pedraz como excusa para exculpar a Zapata por las intolerables frases ofensivas para todas las familias, que han padecido la actividad criminal de ETA; han cometido una grave falta de solidaridad con el resto de afectados, han ayudado a que una persona indeseable siga en su puesto, nada menos que en el Ayuntamiento de Madrid, y serán cómplices de aquellos que siguen estando en contra de que la Justicia se aplique a quienes delincan, fueran quienes fueran, consigan sus propósitos.

Si la señora Colau ya se manifestó en contra de acatar las leyes que a ella no le parezcan justas; si la alcaldesa de Madrid, demuestra compartir las ideas de la Colau, cuando se niega a destituir a un concejal que ha demostrado ser una persona non grata para seguir en su cargo y si, el señor Pedraz, el juez de la Audiencia Nacional, ha exigido, a Dignidad y Justicia, (que ha presentado una querella contra Guillermo Zapata por sus frases constitutivas del delito de humillación a las víctimas del terrorismo),una fianza de 20.000 euros; una cantidad disparatada que no se entiende más que como un medio de disuadir a dicha entidad de concurrir a la causa contra el imputado; cuando, como se ha podido saber por fuentes dignas de crédito, en procesos similares las fianzas exigidas casi nunca sobrepasan los 1.000 euros; es que, señores, algo está fallando en nuestro país. Claro que la fianza puede ser recurrida en apelación pero, dado que el imputado ha sido llamado a declarar ante el juez el día 7 de Julio, difícilmente el recurso, incluso en el caso de ser admitido, pudiera resolverse antes de dicha fecha; lo que no les permitiría estar presentes dicho día como acusación.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, mucho nos tememos que hemos entrado en una fase en la que el Estado de Derecho puede tambalearse si siguen actuando, como lo hacen, los nuevos ocupantes de las instituciones, salidos del 24M.
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