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Etiquetas:   Disyuntiva   ACTUALIDAD   -   Sección:   Opinión

Víctimas por elección

Tengo la duda de si habrá una presencia invisible encargada de las gestiones desfavorables para muchos sectores sociales
Rafael Pérez Ortolá
jueves, 25 de junio de 2015, 22:15 h (CET)
La simple desazón, cuando no los resentimientos; muestran un firme arraigo en la sociedad. Al menos, a la vista de la profusión de QUEJAS y reclamaciones. Sin embargo, estamos hasta las cartolas, pero nos va la marcha. Ese podría ser el resumen de las expresiones y silencios en las experiencias que vamos acumulando. El lamento comprende las innumerables quejas manifestadas ante situaciones incómodas. La segunda parte, la de los silencios, supone una adaptación significativa a los desajustes, acogemos la mayor cantidad posible de los beneficios surgidos desde el sistema, sin demasiados escrúpulos.

¿Somos simples víctimas de las tramas ajenas? ¿Somos parte activa de las tramas? ¿Elegimos las opciones pertinentes? ¿Perdimos el sentido de la realidad? Los entes causantes de efectos indeseables no son de aparición espontánea ni de carácter mágico. Los fueron modelando las sucesivas personas que aparecieron por el mundo. En una AUTORÍA repartida entre muchos, con diversos grados de intervención y en momentos desiguales. Las características de cada sujeto varían en tantos aspectos, que aún complican sobremanera la valoración de su implicación. Digamos que somos superados por el gran número de variables.

Esa difuminación por parte de los creadores, no descarta su participación en la causa, aunque sólo fuera como elementos pasivos. Quien más quién menos, por acción u omisión; la parcela responsable de cada individuo es cierta. Si bien, ahora vivimos en una época de DESARRAIGO personal, en la cual, las tendencias cómodas intentan negar las participaciones en la formación reguladora de la convivencia, en sus estructuras. Pasando directamente a la reclamación de cualquier incordio, cuyas causas siempre serían externas a nuestra voluntad. Son olvidos y protestas con muchas repercusiones, que vemos expuestas en innumerables manifestaciones populares, sin que por eso varien las conexiones del conjunto.

La mencionada desviación de responsabilidades es una práctica socorrida, natural, como tantas DESVIACIONES. Nos hemos dotado de un sinfín de entidades para achacarles a sus mecanismos la causa de los males, sin preguntarnos quién los pergeñó, ni en beneficio de quién están enfocados. Al destino derivamos muchas culpas, pero no logramos meternos en sus entresijos; tampoco sirve gran cosa la descarga en sus esencias. Los estilos actuales rondan con mayor insistencia al Estado, núcleos profesionales, gestiones en la cúpula, educadores, encrucijadas familiares; procurando que cada uno salga bien parado a costa de lo que sea. Insisto en esa falseada liberación propia con respecto a cuanto acontece.

La certeza pocas veces es cierta en este mundo, en su interior pululan condicionantes de todo género; es una parcela en la cual reina la inestabilidad. La fijación resulta sospechosa, en lo individual y en lo colectivo, ninguno de los dos tiene bula, las inseguridades son comunes. ¿A qué vendrá eso de que el grupo comete menos equivocaciones? Lo hace, en menor, o mayor grado, sin duda. El funcionamiento democrático no casa bien con la evalucación de los conceptos; la cesión de las decisiones propias a las entidades o mayorías, es un EQUÍVOCO de alto riesgo, asumimos los errores ajenos, si bien difuminamos gran parte de las responsabilidades… de las actitudes personales insustituibles. Los límites son sutiles.

Los pasos dados abocan sin remisión a unas determinadas consecuencias de alcances imprevistos, puesto que los equívocos son incesantes, las ignorancias abundan y la sensatez escasea. Elegimos la enajenación progresiva de nuestra presencia, por cesiones impertinentes de la soberanía propia. Sólo queremos resultados, eficacia, a grandes rasgos; sin precisiones de mayor calado, con lo que la supuesta eficacia queda desdibujada. ¿En qué la pretendemos? ¿Igual para todos? Introducimos el germen de la indiferencia, precursor de la FRUSTRACIÓN por el fracaso en la obtención de lo que no teníamos claro. Optamos por la indefinición, eludimos la responsabilidad y recogemos la insatisfacción a espuertas.

La suma de evasivas no enriquece el palmarés de los particulares. Por el contrario, lo empobrece al negarnos a una participación comprometida. Recorremos fascinados las tres vías de la falsa inocencia centrada en el ESCEPTICISMO de la gran escapada. La primera soluciona con un simple gesto despreciativo el asomo de los enigmas de la existencia; nos limitamos a pisar terreno ¿seguro? Aunque tampoco nos convence el segundo paso científico, por incompleto. Para llegar al paso asombroso de las nuevas supersticiones. Negado casi todo, el acervo popular opta por las afirmaciones frívolas, contra la vacunación, naturismos incontrolados, prácticas caprichosas, como nuevas verdades bañadas en una credulidad afable.

Tengo la duda de si habrá una presencia invisible encargada de las gestiones desfavorables para muchos sectores sociales. ¿Logias? ¿Contubernios? ¿Grupos de presión? ¿Serán quiénes decidan el rumbo desventurado o no? Cabría pensar en ello a la vista del grueso PAQUETE de INCONGRUENCIAS esparcido por doquier. Hace falta muy mala catadura para organizarlas en toda su complejidad, si bien les reconoceremos el grado de inteligencia perturbadora. No obstante, qué sería de ellos sin las voluntades de apoyo y de seguimiento por buena parte de la ciudadanía. La dilucidación de sufridores y/o cómplices es laboriosa y a veces confluyen ambas características.

Reunen componendas electorales, previas o tergiversadoras de los resultados obtenidos. Programas televisivos de contenidos degradantes, sectarios e insustanciales, a los que siguen audiencias numerosas, con el contradictorio clamor contrario a dichas emisiones. ¿Las ven o no? Movidas colaterales del hecho artístico el las que el arte apenas sirve de excusa; los probables huesos de Cervantes, exposiciones mediáticas de fondo turístico… Multitud de silencios conocedores de los comportamientos corruptos. Apenas son unos trazos demostrativos de la abundante PARTICIPACIÓN gregaria en las comentadas incongruencias; en uso de una cuota de libertad diseñada de antemano al servicio de determinados intereses.

Disponemos de muchos interruptores a punto de ponerlos en marcha, en cada uno están agazapadas algunas funciones. Afirmaciones o negaciones, acciones u omisiones, estarán pendientes de la activación o no del mecanismo. Son DISPOSITIVOS vitales. Cuando no activemos ninguno de ellos, pasaremos desapercibidos como personas; porque sólo estaremos funcionando a remolque… Si los pulsamos, cabrán errores y aciertos, rebeldías o complicidades.

La vida no es como la presenta la vorágine ambiental, plena de coloridos, pero desdeñosa con los individuos. Ocurre algo así también en la Historia, entre citas y efemérides, desaparecen las vivencias de la gente. No vayamos a engañarnos, las decisiones propias disponen de su lugar, para bien, para mal o para permanecer indiferentes. La carga foránea no elimina las fuerzas de los diversos integrantes de la comunidad.
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