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Etiquetas:   Política   Elecciones   -   Sección:   Opinión

Diógenes y las urnas

La mejor forma de ser objetivo es tomar postura desde el subjetivismo ciudadano sobre el bien común
José Enrique Centén
jueves, 25 de junio de 2015, 22:10 h (CET)
Tras la primera de las votaciones de este año solo queda por realizar un análisis general desde el punto de vista del votante, tarea difícil, los partidos lo han hecho dado el presumible éxito o fracaso de sus resultados, pero ¿y la del causante de ese resultado?, todos hemos banalizado sobre ello, bien como voto de castigo o como el triunfo de la realidad, frases lejanas una de la otra, la mejor definición sería: el fin de la urna orinal, esto es, llenar y vaciar el contenido como un desecho. Práctica de ciertos partidos políticos por el uso de su mayoría para gobernar, unos en interés particular en lugar del bien común, que les ha supuesto el desgaste de las siglas, otros por la contradicción y abandono de sus siglas con la realidad, al haberlas desposeído de su significado primigenio, otros al solo prestar atención y estancamiento en postulados dogmáticos e intransigentes por trasnochados, otros por los bandazos en un sentido y otro desde que llegaron a las instituciones, otros que se mueven según el ego de sus dirigentes, no representando a su partido, sino así mismo. Postura de todos ellos en su definición del “soy” y la utilización del solipsismo al igual que lo usaba Wittgenstein (1889-1951)1, una perspectiva ilimitada sobre su mundo, siendo la utilización de este campo visual, fuente y límite. Por ello recomendaba realizar un análisis dejando de pensar, observando la complicada red de parecidos que se superponen y entrecruzan, porque al ver las imágenes pensamos que casi todas tienen las raíces podridas, por lo tanto, es mejor describir lo que vemos sin imponer nada, dado que al pensar en ellas pensamos en cómo tienen que ser.

Creo que la mejor forma de ser objetivo, es tomar postura desde el subjetivismo ciudadano sobre el bien común y no caer en el campo visual de los partidos políticos actuales.

Ahora analicemos las elecciones según Wittgenstein, se habla de dos partidos emergentes erróneamente cuando uno viene con los mismos postulados de otro y lleva años siendo su apéndice en una Comunidad determinada, ahora lo es en el resto del territorio nacional, hablan de su gran éxito, falso nuevamente, no ha conseguido la victoria en ningún lugar, es esa minoría en casi todo el territorio nacional que da la posibilidad justa de hacer gobernar a uno u otro partido de los llamados mayoritarios, al utilizar su “soy” y el solipsismo. Emergente es ese otro que desde cero y presentándose solo en determinadas circunscripciones aunando el descontento social sometido por los gobernantes y recogiendo el arrogante desafío que sobre el 15M pronunciaron entonces, tanto Aguirre como Cospedal pidiendo "a los antisistema" o a los movimientos sociales: "que se presenten a las elecciones".

De aquel ágora que fue la Puerta del Sol de Madrid surgieron diferentes portavoces que les tomaron la palabra, y a la primera ocasión el resultado ha sido, ser el segundo partido más votado en diferentes circunscripciones, eso es emerger. Uno de esos líderes, ahora portavoz nacional de la indignación por los derechos sociales arrebatados, expone, igual que entonces hizo un orador en el ágora ateniense según Diógenes 2, algo relativo a que es ilegítimo el concepto de “puertas giratorias”, esto es, pasar repetidamente de la administración pública a los grandes negocios privados, vaciar el erario público y hacer tráfico de influencias. Mal enquistado en el parlamentarismo español, que para atajarlo de alguna forma la solución podría ser, limitar el ejercicio político a dos legislaturas máximo, evitando convertirse en casta la perpetuidad en él, al ser esta, en gran medida, responsable de las desigualdades y el abandono del interés de los políticos hacia la ciudadanía. Junto a otras muchas reivindicaciones este es uno de los principales discursos del ágora del 15M, lograr que la utilización de las urnas sirva para lo que es su cometido, cumplir lo reflejado por las papeletas como deseo ciudadano, acabando con el concepto de urna orinal.

1.- La consciencia del límite, Carla Carmona, Edit. Bonalletra Alcompás, 2015 pp. 73,74
2.- Estoicos, epicúreos. Cínicos y escépticos, J.A. Cardona, Edit. Bonalletra Alcompás, 2015 página 24
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