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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Los 'trileros' que nos venden que 'España va bien'

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 5 de diciembre de 2007, 07:20 h (CET)
Según el profesor J. Velarde, –economista de reconocido prestigio, doctorado con Premio Extraordinario en Ciencias Económicas el 1956, catedrático de Economía en las universidades de Barcelona y la Complutense de Madrid y consejero del Tribunal de Cuentas desde 1991 –; este panorama idílico que quieren hacernos creer los señores del Gobierno de Rodríguez Zapatero no es más que una pantalla para ocultarnos, en período electoral, los peligros que acechan a la economía de nuestro país en un futuro cercano. Para él, los grandes riesgos a los que nos deberemos enfrentar son: el déficit galopante y las dificultades de financiación. Según S&P el golpe para la economía española en los próximos 5 años sería tan grande que el crecimiento no alcanzaría el 2 %; comparen esta previsión con la del señor Solbes que empezó afirmando que creceríamos en el 2008 un 3’8 % y ahora, ya con menos energía, está hablando que podemos llegar al 3%. Sigue el Profesor Velarde enumerando los problemas a los que deberemos enfrentarnos y advierte que, con el actual coste de la energía, nos estamos empeñando de una manera insensata en el parón nuclear (la energía más barata y limpia que se conoce); por otra parte, la Negociación colectiva influye directamente en la inflación de un país y también el gasto público (y si no se aumentan los salarios los ciudadanos pueden verse obligados a asumir que no les queda otro remedio que apretarse el cinturón). Lo que sí resulta evidente es que si no se recortan los gastos públicos no hay forma de aliviar los impuestos y, sin ello, difícilmente se reanimarán las inversiones.

Mala noticia para nuestras empresas si no se recortan los gastos de producción y peor todavía para los trabajadores si todo ello nos conduce a un periodo de recesión. Aznar en el 96 fue capaz de darse cuenta de lo que se nos venía encima y por ello tomó las medidas pertinentes para que, aunque en principio fueran impopulares, se reforzaran las inversiones empresariales, con un recorte de impuestos y una contención del gasto público con lo que se creó empleo, se aumentaron las inscripciones a la Seguridad Social, se mejoró el panorama económico y las exportaciones, fruto del aumento de la competitividad de nuestras empresas. Por otra parte, una de nuestras fuentes más saneadas de divisas, el turismo, parece que esta fallando con repercusión, especialmente, en Andalucía donde los empresarios del ramo se llevan las manos a la cabeza ante la crisis que se les ha venido encima. El Profesor Velarde, resume su visión de la situación de nuestro país, en el orden económico, con una frase muy descriptiva: “Se está preparando un estallido del demonio”.

Aparte del comportamiento irresponsable de nuestros ministros económicos; descontando el triunfalismo oportunista e interesado del PSOE, para colgarse medallas de cara a las elecciones y dando por sentada la complicidad culposa de los medios de comunicación afines al Ejecutivo, tergiversando las informaciones; desacreditando las alarmante noticias que nos llegan desde el extranjero, relativas a las “subprime”; ocultando nuestro preocupante déficit por cuenta corriente – ( se dice, en medios bien informados, que nuestras necesidades de financiación se han disparado un 130%) –, lo que equivale, si quisiéramos explicarlo con un ejemplo, a que cada español debería al extranjero unos 30.000€. y si tenemos en cuenta la inflación galopante de los últimos meses, el paro creciente y la disminución de las afiliaciones a la Seguridad Social; no parece que tengamos motivos para estar muy satisfechos de este Gobierno que nos ha tomado por tontos y nos pretende ocultar de forma interesada los problemas que se ciernen sobre España.

Pero es que, por si fuéramos pocos, los españoles tenemos la sensación de que se nos está estafando; de que los dineros que recauda el Estado de nuestros impuestos, en lugar de contribuir a una mejora real de nuestro nivel de satisfacción con la gestión pública, cada vez nos hace sospechar, con mayor certidumbre, que son utilizados más para financiar la campaña de los socialistas que en mejorar nuestras estructuras deficitarias; en ayudar a la construcción de viviendas o en la solución de los problemas de unas pensiones mínimas que, a veces, causan vergüenza ajena. Porque, veamos, nos cuenta un poco entender que para salvarle la cara a la ministra Magdalena Álvarez en el Parlamento, cuando se ha pedido su recusación por casi la mitad de la cámara, se haya tenido que sobornar con un reguero de millones de euros al PNV y a los gallegos del BNG, que vendieron su voto a cambio de tan jugosa subvención. Tampoco podemos entender que, en lo de la famosa Alianza de Civilizaciones, se invirtieran más de trescientos mil millones y a Cuba, sin ninguna razón aparente, porque el régimen continúa acogotando a la oposición y los presos políticos permanecen en las cárceles; se les ha condonado la deuda que tenían con España. Pero no acaban aquí el rosario de millones que el gobierno de ZP va regalando por estos mundos de Dios, porque la ministra De la Vega, en su periplo por Sudamérica, tiró de la chequera del gasto público para ir subvencionando a todas las ONG’s o lo que fueran, para que pudieran poner en funcionamiento los más peregrinos proyectos que, por supuesto, no tenían nada que ver con España. ¡Lástima, que cuando ha llegado la hora de los agradecimientos, hayan correspondido con una crítica salvaje a las empresas españolas y un ataque a la persona de nuestro Rey y, por ende, a todo el pueblo español!

Tampoco, los errores de la señora Álvarez, nos han salido de gratis. Como la Penélope de la Odisea lo que ha tejido de día ha tenido que destejerlo de noche o sea que sus obras se le han caído (esto es el “buen trabajo” que afirma haber hecho”), una y otra vez, y una y otra vez ha habido que reconstruirlas ¿a costa de quién?; pues, señores, a costa de las arcas del Estado que se nutren de los impuestos de todos los españoles, lo que quiere decir que los fallos de esta ministra incombustible, a la que tanto apoya Zapatero, acabamos pagándolos todos nosotros, los ciudadanos de a pie. Como pagamos las subvenciones a los de la farándula, para que inunden los cines de España de engendros malparidos, donde todo el arte queda cifrado en escenas de cama, desnudos y drogadictos, para que sirvan de ejemplo a nuestra juventud, ésta que en estudios está a la cola de Europa. Tampoco se quedan mancas las autonomías separatistas, que invierten nuestros tributos en promocionar sus lenguas y en evitar que se enseñe el castellano o, lo que es lo mismo, incumpliendo la Constitución con el máximo descaro sin que, al parecer, nadie se dé por enterado. ¡Es hora que nos enteremos de lo que vale un peine, porque después de marzo, puede que no podamos comprarlo!

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