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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Sombras y partidos

Francisco Scolaro
Redacción
martes, 4 de diciembre de 2007, 02:45 h (CET)
Son pocas las voces que se alzan ante la absurda autarquía y marasmo que tienen los partidos políticos.

El viejo sistema demócratico, destruido por Kirchner -compañía y todos sus cómplices-, que tenia su basamento en la representatividad, es hoy una estampilla de colección desvalorizada.

Basta echar una mirada a lo que se llamaba Congreso de la Nación (hoy sucursal del Poder Ejecutivo), en cuanto a sus integrantes, para entrar en la nebulosa conformación de todos los bloques.

No sabemos si el oficialismo es uno; si es el transversalismo, peronismo, mayoría de acomodaticios, gatopardistas o el nombre que se le quiera dar.

Si observamos a la oposición, será menester colocar entre los sillones más pasillos, para que se siga desplazando para cualquier lado, amén de ser adivinos sobre cuál es la primera minoría. El centenario radicalismo da pena y vergüenza ajena, partido en varios pedazos, con muchos actores de reparto y muchos que juegan a ser oficialistas por conveniencias o oportunismo.

La llamada coalición cívica nos depara todos los días una sorpresa y pareciera que el escapismo es su estilo y nos debe hacer reflexionar que, de haber ganado, repetiría sin duda la experiencia de la alianza (De la Rúa), hecho que los arribistas oficiales alientan y aplauden.

La ley orgánica de los partidos politicos, como la Constitución, ha pasado a ser una revista de colección o una figurita difícil de encontrar para llenar el álbum para pegar en el libro de la República.

Se trata del colapso de la representatividad. Sin internas, candidatos autoelegidos, el dedo, el clientelismo, el invento de candidatos, los impedidos de serlo y lo fueron, etc., nos deja el amargo sabor de que nada ha cambiado.

La democracia es de todos y no de unos iluminados arribistas.

Todo está como era entonces, la casa, la calle, el río, los árboles con sus hojas y los pájaros con sus nidos. Todo está igual, nada ha cambiado (Andrade). Sólo falta que el ciudadano deje de votar para que el matrimonio gobernante sienta la misión cumplida.

Debemos retornar por lo tanto, al ansiado y probado sistema republicano o cantemos el tango "Sombras... nada más" (Lomuto-Contursi ) y sigamos "entre lágrimas viviendo los pasajes más horrendos de este drama sin final...".

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