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Perder medio millón de catalanes

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
martes, 4 de diciembre de 2007, 02:27 h (CET)
Fue importante la manifestación catalana. Pese a la división entre partidos. Pese a que los sindicatos no se sumaron. Pese a haberse presentado como una movilización de la sociedad civil y luego ser copada por los partidos políticos. Pese a la calculada ambigüedad del lema de la convocatoria, que iba de la queja por el caos de Cercanías, al “derecho a decidir” y a la autodeterminación. Fue importante, aunque seguramente menos de lo que algunos deseaban.

Cuatro puntos de urgencia a destacar:

Primero: Representó un muy amplio descontento ciudadano por los problemas últimamente sufridos a causa de las malas infraestructuras, principalmente ferroviarias. Lo cual agravó mucho la actitud chulesca de la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez.

Segundo: La creciente “desafección” de muchos catalanes respecto del resto de España, a causa de viejas y nuevas tensiones –incumplimiento del Estatut, recursos contra éste, opacidad de las balanzas fiscales, etc.-, ya denunciada recientemente en Madrid por el presidente José Montilla, aprovechó la oportunidad para hacerse visible.

Tercero: El sentimiento nacionalista, tanto el moderado como el más radical, encontró la ocasión para imponerse sobre todo lo demás, con el telón de fondo de la lucha partidista, encrespada ante las próximas elecciones generales.

Cuarto: La necesidad política de que esta manifestación fuera un gran éxito para los organizadores y los partidos que la apoyaban, hinchó el recuento de los asistentes hasta los 700.000, mientras la conveniencia gubernamental –de Cataluña y de Madrid- de que fracasara, los dejó en la cifra de 200.000, según la Guardia Urbana.

Fue, sin duda, una manifestación importante. Para hablar de éxito faltaría encontrar donde está el medio millón de catalanes perdidos, y que según unos fueron a la manifestación y según otros no estuvieron.

Perder medio millón de ciudadanos catalanes no es ninguna broma.

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