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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Otra vez los políticos catalanes hacen el ridículo!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 4 de diciembre de 2007, 02:27 h (CET)
Los que vivimos en Catalunya nos hacemos cruces ante la actitud de los partidos catalanistas, que si excluimos al PP catalán y a Ciutatans, son todos. Hay que decir que son unos verdaderos expertos en trasladar las culpas a los demás y, sobre todo, si los demás se concentran en la capital del reino, o sea, Madrid; tampoco puede decirse que se queden cortos cuando se trata de lamentarse de la marginación en que los deja el Gobierno Central y de lo que ellos denominan como la gran “injusticia” de las Balanzas fiscales. Si ustedes tuvieran alguna duda respecto a cómo nos gobiernan los del Tripartit, si quisieran saber por qué en nuestra tierra estamos en territorio “apache” y cuales son las causas de que seamos distintos del resto de los españoles no les hace falta más que echar una ojeada a su entorno y comprobar, por si mismos, la que se traen armada los miembros del Tripartit entre ellos y con el resto de partidos, como pudieran ser el PP y CIU; luego echarle un vistazo a esta última formación y ver las trifulcas internas que hay entre Durán y Mas, sin olvidarnos de la especial ojeriza de Durán por el PP y eso, a pesar de que es un democristiano (o quizá precisamente por serlo) que debiera de estar muy cercano a ellos en temas como: la defensa de la Iglesia, el repudio a la asignatura de Educación para la Ciudadanía y la propia Ley del Aborto, cuyas imperfecciones podemos verificar cuando vemos lo fácil que les ha sido a algunos ponérsela por montera con perfecta impunidad; hasta que ha salido un juez o una juez con agallas para coger el toro por los cuernos.

Es incomprensible como, unos cuantos extremistas, apoyados por otros catalanistas que, en un principio, se limitaban a sólo pedir más competencias para Catalunya; pero que han ido evolucionando, a la par que radicalizando su discurso, para llegar al extremo de pedir, como si se tratara de un derecho ancestral que les fuera negado, la independencia de la autonomía. Probablemente, no se hubiera llegado a este extremo si no hubiera sido porque el propio Partido Socialista Catalán inició la subasta del nacionalismo. En efecto, la necesidad de intentar aumentar su cuota de poder dentro del entramado político catalán, ha llevado a cada uno de los partidos a potenciar su oferta independentista para arrastrar hacia sí el voto del electorado. Una curiosidad, esta inquietud por la plena soberanía sólo hace unos años era minoritaria entre la ciudadanía, quedaba concentrada en grupos de exaltados y pequeñas facciones de intelectuales y progresistas; sin embargo, la solapada labor que, durante los últimos años, han llevado a cabo los políticos; su empeño en hacernos creer que todos los problemas de Catalunya proceden de Madrid y que, sólo un gobierno independiente, es capaz de llevar a los catalanes a una especie de Nirvana de bienestar y progreso; han conseguido crear un ambiente tal que hay muchos catalanes que prefieren enclaustrarse en un catalanismo excluyente, pensando que todo el resto de España está en su contra y a la espera de expoliarles su privilegiado estatus.

No sólo son los políticos los culpables de este estado de cosas. Los propios empresarios, en especial aquellos que todavía se creen que son los dueños de Catalunya (otro es, sin embargo, el pensar de muchas multinacionales que tienen sucursales y fábricas en esta región, que contemplan con preocupación el viraje nacionalista del Tripartit y CIU), han contribuido y no en pequeña parte, a fomentar este alejamiento del resto de España esperando sacar tajada de un aislacionismo que les permitiera acaparar los contratos de una Administración catalana independiente. Sería prolijo y aventurado querer explicarles lo equivocados que están y lo que de suicida tendría dejarse arrastrar a un gobierno en manos de las izquierdas y progresistas, con tentaciones absolutistas y guiños totalitarios. En cualquier caso, no es necesario aguardar a una utópica independencia, para constatar los efectos de haber utilizado el idioma catalán como flecha de lanza para la campaña nacionalista; de haber permitido que, en Catlunya, se hayan asentado todas las tribus de maleantes que han sido expulsadas de las otras naciones europeas y haya acogido lo peor de las bandas latino americanas; así como que, el Tripartit de la Generalitat, en lugar de ocuparse de gobernar y atender a los problemas reales de la ciudadanía, se haya dedicado a la demagogia y a formular leyes absurdas de carácter partidista y xenófobas, como la de hacer rotular obligatoriamente en catalán, obligar a hablar catalán en las escuelas e impedir que los comercios ostenten nombres en castellano. Los resultados son evidentes y ya estamos viendo el goteo de empresas extranjeras que se marchan hacia otros países e, incluso, otras ciudades españolas, donde se las trate mejor y, sus empleados y los hijos de estos, no se vean obligados a aprender una lengua minoritaria, sin ninguna proyección internacional.

Lo peor es que algunas de estas reivindicaciones que se esgrimen por determinados “sabios” separatistas; de las que se han valido para engañar a la ciudadanía durante años; vean por donde han quedado desmontadas por una entidad, de tanta solvencia y garantía, como pueda ser el BBVA que, en un reciente estudio, ha demostrada que la tan denostada Madrid contribuye al erario público con una cantidad per cápita que prácticamente duplica a la contribución de los catalanes. ¡Sí, señores! Las famosas balanzas fiscales se han desmoronado, como los muros de Jericó, sobre las cabezas de aquellos que pretendieron hacernos comulgar con ruedas de molino; 2.300 € de promedio es la mayor contribución de cada madrileño a las arcas del Estado sobre el promedio nacional, sobre la módica contribución de cada catalán que parece que anda por allá los 1.300€. Lo peor de estas comparaciones es que, a pesar de resultar amañadas interesadamente por los economistas catalanes, indican el egoísmo y la falta de solidaridad con respecto a las otras regiones más pobres de España porque, y esto lo debieran saber estos “progres” de pacotilla, esta distribución de la riqueza que tanto demandan y proclaman, empieza por una buena distribución de las ayudas territoriales para que las autonomías más pobres sean ayudadas por las más ricas. ¿O es que eso de repartir el dinero de los ricos sólo es válido para cuando el pobre soy yo y el rico es otro? Lo de siempre, lo clásico de la farándula y de los izquierdistas que tienen el riñón bien forrado, pero que, sin embargo, quieren que sean los otros los caritativos porque ellos, por ser “progres”, tienen bula. ¿Quién puede dejar a estos tipos que decidan por si mismos? Eso es tan peligroso como enfrentarse a un Miura enfurecido, ¿o no?

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