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Etiquetas:   Micro abierto   -   Sección:   Opinión

Íntimo y personal

Pelayo López
Pelayo López
martes, 4 de diciembre de 2007, 02:27 h (CET)
Cuando estamos intentando dar por finiquitado el proceso judicial más importante de nuestra reciente Historia, resulta que ahora se tambalean algunos de los cimientos éticos que lo llevaron a cabo, concretamente el estamento que, en principio y en virtud de su balanza justiciera, debería ser más ecuánime y objetivo. “La soledad del juzgador Gómez Bermúdez y el 11-M”, así se titula un libro que ha escrito la periodista, hasta aquí todo bien, y esposa del juez, aquí ya nos parece un conflicto de intereses en toda regla, Elisa Beni. Para colmo, el punto de vista ofrecido en esas páginas no está basado únicamente en una faceta profesional, sino que se inmiscuye en la otra faceta, la personal, dejando ver que, con consentimiento o no, se ha utilizado una posición de privilegio para redactar líneas de tinta. Si hasta aquí la moralidad de este escrito pierde prácticamente toda su credibilidad, de ahí en adelante los datos revelados resultan incluso, en algún caso, fuera de toda rigurosidad profesional, un extremo que ha llevado ya a algunas personas implicadas, entre ellas la presidenta de las víctimas del 11-M, Pilar Manjón, y algunos compañeros del propio marido de la autora.

Otros, a falta de plumas privilegiadas con las que legar su saber, recurren a otro tipo de autorías faraónicas solamente provechosas para saciar egos irracionales y bolsillos libidinosos. La luna de Valencia siempre ha tenido un aura especial en el acervo popular, de hecho todos la tenemos siempre presente estemos donde estemos. Pues ahora, en pleno gozo de la magnificencia valenciana, algunos, que parecen aterrizados precisamente de un vuelo especial con las condiciones mermadas por los altibajos gravitatorios, no han tenido otra luminosa y noctámbula idea que construir semejante forma sobre las aguas mediterráneas. Nada de reflejos ni ilusiones, de tierra y cemento. Soñar no cuesta nada, pero esta obra costará una barbaridad en la que, al igual que la Copa América o el Gran Premio de F1, unos se llevarán los laureles y los réditos y otros las molestias y la financiación involuntaria. Escritores a gatillazos y políticos y empresarios a ladrillazos tendrán que darse cuenta de que sus obras, en muchos casos, deberían quedarse en el ámbito de lo íntimo y personal.

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