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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

La onza ha vuelto a himplar

Ángel Sáez
Ángel Sáez
lunes, 3 de diciembre de 2007, 07:21 h (CET)
“La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve”. Martin Luther King


Quien acaba de urdir onza en la espadaña podría haber trenzado hidra, pantera o peste y no habría mudado apenas un ápice el significado de lo escrito. Quiero decir que ETA ha vuelto a hacer de las suyas para deshacer (de) las nuestras.

Hace unas horas, mientras comía en la grata compañía de mi señera y señora madre, Iluminada, nacida en Cabretón (La Rioja), he escuchado en el “Telediario-1”, de TVE, que la organización terrorista y trasnochada (desde la muerte del dictador, sigo repitiendo la misma cantilena o cantinela, que es un grupo desfasado; mutatis mutandis, otra agrupación clandestina de criminales, en la misma o parecida línea de la mafia siciliana) había vuelto a atentar; esta vez, en suelo francés (concretamente, en Capbreton), contra dos miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, y se había cobrado la vida de uno de ellos, Raúl Centeno Pallón, agente de la Benemérita, por el momento, porque el otro guardia civil, Fernando Trapero Blázquez, se debate en estos momentos entre la vida y la muerte.

Vayan, desde estos renglones torcidos, mi más sentido y sincero pésame para los deudos y amigos del occiso y mis deseos de una pronta y total recuperación para el y los del herido grave.

Por una pintiparada, lógica y libre asociación de ideas, desde hace un montón o la tira de años, vengo recordando el párrafo final de “La peste”, de Albert Camus, cada vez que ETA comete un atentado mortal: “Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir a una ciudad dichosa”.

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