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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Más allá de la historia

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 3 de diciembre de 2007, 07:21 h (CET)
El comienzo de hoy me lleva al recuerdo de una maravillosa frase de Albert Camus: “La miseria me impide creer que todo está bien bajo el sol y en la historia”. Las innumerables calamidades se suceden, con desventuras lacerantes, ratificando sentimientos como el mencionado; un horizonte, una esperanza. Pero la frase aún no ha terminado y la segunda parte la siento como fundamental para unos funcionamientos dignos allá donde intervengamos. Dice Camus: “El sol me enseña que la historia no es todo”. Es casi como la piedra filosofal. El sol, la luna, las estrellas y la física cuántica, propalan a diario las INTEMPERANCIAS de esas historias menesterosas y presuntuosas habituales. De esos que nos llamamos humanos.

Es muy posible que tengamos necesidad de aligerar peso. Soportamos demasiadas palabras mayúsculas de tamaños gigantes. Verdad. Historia, Libertad, Instituciones y unas cuantas más. De tan grandes, quizá nos aplasten algún día. ¿O ya lo hacen? Para nuestra desdicha resulta verosímil que descubramos, una vez aplastados, que aquellas palabras grandilocuentes no significaban nada real para unas personas pequeñitas en particular. ¿Por dónde se nos perdieron los meollos? Hemos llegado a un punto de agresión terrible.

El recurso a los esquemas periclitados, rutinarios y obsoletos, convierte a los medios informativos en seguidores y esclavos a la vez, de asesinos, corruptos y maltratadores. Esta gentuza utiliza los escaparates de pantallas y prensa para un FAMOSEO ABUSIVO, en una descabellada situación. ¿No se les da una cuota de popularidad contraria de lleno a la sensatez? En vez de las noticias de estos desmanes, quizá fuera menester mencionarlos menos, con menos relevancia. No basta con un puro comentario, la imaginación y la creatividad debieran circular con otros asuntos más entroncados con las esencia positiva de la sociedad. Los pasos no debieran encenagarse entre lo más cruel y sucio de unas auténticas bestias. Es urgente la renovación de los esquemas, huyendo de estas actitudes pasivas en la forma de enfocar estas noticias.

¿Qué nos enseña el sol?¿Qué muestran las inmensidades mencionadas al principio? Hasta las incógnitas más cercanas nos sitúan ante un HORIZONTE; no estamos anclados en una historia, sobre todo si se acomoda al interés de los cesáreos dirigentes. Que tengamos los pies en el suelo no exige una sumisión necia, sólo era un punto de partida para que pudiéramos aprender a volar, como el buitre leonado o el águila. Seguramente intentarán ridiculizar estas aficciones a las alas de unas ilusiones fascinantes, por que quisieran vernos a sus pies, embarrados. Al permanecer dóciles y aborregados, ni siquiera se plantea una historia; si rutinarios, apenas llegamos a una frustrante depresión cada día; si de algo ha de servir aquella orientación solar es para despertar otras ilusiones, más ligadas a unas cualidades que se empeñan en ocultar, pero evidentes y personales.

Con frecuencia emponzoñamos el sentido de nuestra historia. Transitamos a diario con más o menos dificultades y con objetivos que nos procuren la mayor satisfacción. Trazamos METAS como si se tratara de acumular trofeos, dinerarios, estatales, autonómicos, salvación del alma u objetivos de calados innombrables; olvidando con la más deplorable desdicha los viajes previos en que nos embarcamos para conseguirlos. En ellos se cuelan tropelías asombrosas, también perversiones de todos conocidas, con las insatisfacciones consiguientes. Seria bueno releer el poema de Konstantinos Kavafis, “Si vas a emprender el viaje a Ítaca”. A Ítaca se llega con unos deberes hechos, habiendo disfrutado de las maravillas del camino. Las tentaciones malversadoras están dentro de las personas; se trataría de “limpiar las emociones”. La historia en sí será una nimiedad si no miramos hacia ese sol de Ítaca con anhelos renovados.

En el último número de la Revista de Occidente aparecen artículos enjundiosos referentes al LUJO, al fin y al cabo un intento de superar los aspectos más ordinarios de la historia. La introducción del profesor Jorge Lozano nos refresca la memoria con una enumeración de diversas orientaciones del lujo; desde el luto excesivo, un lúgubre acercamiento a la muerte, los consumos ostentosos, hasta el esplendor de ciertos progresos. Sin embargo, esos dispendios innecesarios se cuecen lastrados por el fondo negativo de unos abusos y desigualdades. A mi juicio, esa mirada hacia lo alto con exclusividad de unas personas sobre otras, no es una mirada limpia. Esta requiere más bien de la EXCELENCIA de unas labores y mentalidades más involucradas con el hecho de la convivencia. Visto así, el verdadero lujo radicaría en la excelencia de los comportamientos, como una elección común, de cada uno y de todos, cuantos más, mejor.

Encontramos enormes impedimentos en el camino como para una distracción permanente hacia pasados recientes y de fondo; que se organizan casi manufacturados, con excesivo afán de fijación. Si el aprendizaje de la experiencia es crucial, la continuación del camino es un sino imperativo; conviene una presta atención a otras orientaciones que nos permitan unas andanzas satisfactorias hasta la llegada a Ítaca. Me centraré en 3 obstáculos metahistóricos con muchas influencias en eso de enmarañar el camino y ponernos a todos en ascuas como grillos descarriados. Confiemos en la posibilidad de esquivar o eliminar esos impedimentos.

La doblez de los “maquiavélicos”, con sus pérfidas y tenaces inquinas, se tranforman en oscuridades y trampas. La denuncia de esa actitud, exige para su eficacia, la aplicación de unas respuestas complementarias; la promoción y el respeto hacia la MODESTA DOSIS de VERDAD de cada persona. Un segundo inconveniente está representado por los “narcisos” humanos, poseidos por su engreimiento. Si algo enseña el tránsito es la inutilidad de esos fatuos en público y en privado, su desdén es una actitud soberbia y feroz; con demasiados ejemplos convertidos en delitos, dinerarios, de género, etc. Habrá que aprender del mundo vegetal para que no pasaran estos especímenes de ser un mero adorno floral. Nos conviene IDENTIFICAR esos escaparates falsos. También representa un repecho notable, dificultosos, ese de la “intensidad”, eficiencia, rentabilidad, o cuantas actividades se midan por ese parámetro. No sólo son muy diferentes las personas, se atraviesan épocas con rachas contrapuestas; así como terrenos áridos unas veces, pantanosos otras. No, no es el tamaño o la intensidad un parámetro para emplear con demasía. Por el contrario, son quizá más humanos los PEQUEÑOS PASOS, cada pasito tiene su afán, que no conviene desdeñar. Los entes mastodónticos no debieran arrollar estas realidades.

A la hora del sentimiento y de la valoración; estas y otras consideraciones, evidentemente son históricas … y algo más.

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