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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Indignación cívica y nacional

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 3 de diciembre de 2007, 07:21 h (CET)
Cuando los posibles lectores estén leyendo lo que ahora escribo ya habrá tenido lugar en Barcelona la manifestación convocada por la Plataforma Por el Derecho a Decidir (PDD) convocada en principio para protestar contra la falta de infraestructuras en Catalunya y el mal funcionamiento de la mayoría de los servicios públicos. Bajo el lema “Somos una nación y decimos basta. Tenemos derecho a decidir nuestras infraestructuras” miles de catalanes harán el recorrido desde la Plaza de Catalunya hasta la Estación de Francia para reivindicar, una vez más, los derechos de todo un pueblo que siente cómo cada día es pisoteado su orgullo colectivo. Los ciudadanos de Catalunya saldrán a la calle para levantar acta de que todavía están vivos como pueblo y que, como canta Raimon, son “muchos más de los que ellos dicen y quieren”.

Durante cuarenta y dos largos días los habitantes de Barcelona y las poblaciones de su área metropolitana han tenido que sufrir las molestias de una obra mal hecha. Se quiso traer a Barcelona una Tren de Alta Velocidad, al parecer a algunos les corre prisa llegarse hasta Madrid, y se dejó sin servicio a toda una red de Cercanías que llevaba en la cuerda floja largos años debido a la mala gestión del Gobierno central que en años no había invertido un solo euro en mejorar las infraestructuras ferroviarias que más utilizan los ciudadanos. Barcelona ha pasado de aquella euforia y autosatisfacción colectiva que tuvo la ciudadanía a raíz de los Juegos Olímpicos de 1992 a vivir bajo la sensación de un permanente malestar. Los últimos seis meses la ciudad de Barcelona ha vivido en un permanente desastre, este verano la red eléctrica, también mal atendida en su mantenimiento, dijo basta y nos dejó a oscuras siendo la guinda de esta tarta del desastre la aparición de socavones en las vías que pasan por Bellvitge que nos han obligado a viajar en autobuses, muchas veces en pésimas condiciones, durante seis largas semanas sin que desde el Ministerio de Fomento se obtuvieran otras respuestas que los malos modos de esa ministra con nombre de meretriz bíblica y que, al parecer, está donde está por las presiones de los socialistas andaluces que así ven cumplida su cuota de poder en el Gobierno.

Pero no son tan sólo la falta de electricidad y el mal servicio de RENFE lo que viene indignando a los catalanes cuya sensación de malestar frente al Gobierno socialista de Rodriguez Zapatero va in crescendo cada día que pasa. Desde aquella famosa frase mitinera de “El Estatut será lo que los catalanes quieran” hasta “vamos a pasar el cepillo por el Estatut” del sevillano Alfonso Guerra ha sido mucho lo que ha llovido y muchos los socavones que se han producido entre una ciudadanía que votó mayoritariamente socialista y que ahora ve cómo muchas de aquellas promesas se han quedado en agua de borrajas. Como la tan cacareada y prometida transparencia nunca llevada a cabo y que hace que los catalanes desconozcan todavía a estas alturas la situación de la balanza fiscal y no sepan qué cantidad de sus impuestos revierte en mejorar sus infraestructuras. Los catalanes quieren ser solidarios pero no tontos y tienen la imagen de un gobierno Zapatero que juega a los triles con ellos escondiéndoles siempre la bolita de la balanza fiscal.

Pero si desde el Gobierno central no se hace nada por solucionar los problemas y se le salva el trasero a la Ministra “florero” desde el tripartito que gobierna Catalunya tampoco se dan las puntadas perfectas para que el traje nos quede a la justa medida. Naturalmente el PSC con Montilla a la cabeza no acudirá a la manifestación a pesar de que muchos de sus votantes si lo hagan, pero los otros socios del Gobierno catalán estarán en las calles gritando las consignas y agitando las banderas. El President Montilla ha dicho que “No se trata de gritar alto y fuerte sino de resolver los problemas del país” pero muchos pensamos que es hora también de la épica y el grito reivindicativo cuando ha fallado totalmente la eficacia y cuando desde el Gobierno catalán no se han sabido defender con perseverancia los derechos conculcados de los catalanes. A partir de mañana los políticos deben tomar buena nota y dedicar sus esfuerzos a mejorar el día a día de los catalanes y si ello supone tener que enfrentarse con el Gobierno central háganlo, al fin y al cabo les votamos y les pagamos el sueldo para que nos defiendan no para que, sumisos, agachen la cabeza ante las directrices emanadas desde la Moncloa.

Y a río revuelto ganancia de pescadores. Al menos eso parecen pensar desde el Partido Popular con sus proclamas y sus campañas desatando la catalanofobia en el resto de España. El año pasado fue el cava, después recurrieron artículos del Estatut catalán que tuvieron a bien firmar en el del País Valencià y otras comunidades, las falsas noticias o verdades a medias difundidas desde esa “brunete mediática” al servicio de los “populares” intentando hacer odiosa a Catalunya y a lo catalán para así ganar votos en el resto de comunidades, la campaña contra la Caixa con motivo de la OPA sobre Gas Natural y un largo etcétera que llenaría varios tomos en un memorial de agravios. Eso también ha sacado a las calles a los catalanes hartos de tanta mala información interesada.

En la calle, codo a codo, los catalanes volverán a decir que tienen todo el derecho a decidir. En unos grupos se pedirá el derecho a la autodeterminación, en otros, seguramente, la independencia y en otros, simplemente, se protestará por la falta de unas infraestructuras dignas y acordes con las necesidades de cada día. Pero por encima de todos los manifestantes sobrevolará el fantasma de la abstención o de castigar con las urnas a un Gobierno central que no ha sabido gestionar como era su obligación los servicios públicos de Catalunya. En Marzo de hace cuatro años el voto catalán sirvió en gran medida para que Rodriguez Zapatero llegara a la Moncloa, en esta ocasión el Presidente del Gobierno puede ver como su poltrona monclovita puede quedar sepultada en cualquiera de los numerosos socavones que las obras del AVE han abierto en Barcelona, aunque muchos, ante la perspectiva de un futuro más negro en el que la gaviota carroñera se coma la rosa mustia y sin color sigan diciendo aquello de “Virgencita que me quede como estoy”.

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