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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La cruda realdiad del aborto

María López Ribas (Valladolid)
Redacción
lunes, 3 de diciembre de 2007, 07:53 h (CET)
El progresismo, que no el progreso, me da miedo. Progresistas se creían los nazis, los comunistas creadores de los GULAG…, y progresistas se creen los abortistas.

La clínica Ginemédex ha sido inspeccionada y su dueño detenido. Muchos sabían bastante sobre las injusticias e ilegalidades de estas clínicas; pero sólo algunos medios se hacían eco ante la opinión pública: Época, La Razón, La Gaceta de los negocios…( ahora, también ABC). Eso sí, yo agradezco a muchos medios que publicaran cartas a favor de la vida de todos y particularmente del no nacido, los más indefensos hoy en nuestra sociedad. El aborto, tremenda salvajada, ni es un derecho ni puede serlo jamás. En la Alemania gobernada por el nacional-socialismo ( mediados del siglo XX), tampoco se publicaba lo que allí pasaba con los judíos en campos de concentración, ni las atrocidades cometidas contra pobres enfermos mentales. Sólo la Iglesia entre todas las organizaciones -decía el científico judío A. Einstein- "se atrevía a defender la verdad intelectual y la verdad moral": ni escritores, ni la Universidad…

¿ Cómo matan al niño no nacido en las clínicas abortistas? Con una inyección al corazón o al cerebro para que muera antes de sacarlo del útero, o provocando el parto con prostaglandinas ( pese a las grandes contracciones, peligrosas para la madre también, algunos salen vivos y los decapitan después o los matan de hambre en el cubo de basura), o quemándoles vivos con sal, o haciéndoles pedazos y sacándoles luego hechos añicos con potente aspiradora). Su cadáver se echa en una trituradora y, de ahí, directamente va al desagüe hecho el niño una masa para que no se vea y evitar las denuncias. No hay palabras en ningún idioma para expresar la horrible injusticia del aborto. O cambiamos esta sociedad de salvaje en humana, o sepamos que lo pagaremos caro: "la sangre inocente clama al Cielo".

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