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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

‘El mundo’, de Juan José Millás, y ¿por qué ‘El mundo’?

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 19 de febrero de 2008, 04:17 h (CET)
‘El mundo’, qué libro. Lo he terminado hace poco. Un rato. Está calentito, muy calentito. Todavía busca un lugar para aquietarse en mi memoria, todavía lo saboreo, todavía lo gozo. Pero la pregunta que comenzó a inquietarme al poco de comenzar su lectura sigue sin respuesta: ¿por qué ‘El mundo? No sé si me entienden, mis improbables lectores, no sé si me explico: lo que quiero decir es que no comparto del todo – respetando, obviamente, la opinión del padre de la criatura, faltaría más – el título que Juan José Millás ha puesto a la obra con la que ganó hace un mes y medio el Planeta 2007: ‘El mundo’.

‘El mundo’ tiene una doble lectura: la personal y la literaria. Vayamos por la primera. Lo que ha escrito Millás tiene un valor increíble. El escritor valenciano, afincado en Madrid, ha sido capaz de desnudarse ante sus lectores. Hay que tener un par de bemoles para hacerlo, con dosis de ficción o sin ella, con Premio Planeta o sin él. Un par de bemoles, repito. Porque ‘El mundo’ es, posiblemente, una novela, pero es algo más, es mucho más: es ficción y no ficción, es autobiografía y es escritura de oficio. En algún punto de su vida, sin duda, Millás se planteó ¿quién era o de dónde venía o por qué se comportaba así o asá o, simplemente, hacia dónde iba su camino? Y entró en terapia. Terapia, ¡qué horror!, ¡qué palabra más fea, más terrible, más temida! Suena a persona sorda. Terapia, ¡el coco, el yuyu! Terapia.

Y no lo digo yo, no, ni lo dice el niño Millás de ‘El mundo’, lo dice el Millás adulto, también de ‘El mundo’, que, constante, permanentemente, se asoma a las páginas del libro. Y esta obra, que le ha valido el Planeta 2007, no es sino dejar constancia por escrito de su autoanálisis personal. ‘El mundo’ es un libro freudiano donde, además, por el desorden constante, una cosa lleva a otra sin importar el tiempo que las separa. Hay regresiones y avances, reubicación de situaciones y hechos, de miedos y dudas y ajustes de cuentas con padres, hermanos y amigos, exactamente igual que en el curso de una terapia "divanera". Lo explica el propio autor en uno de sus capítulos: "El orden cronológico, por lo que a mí respecta, es tan arbitrario como el alfabético: una convención que en mi cabeza no funciona todos los días". Quizá se pueda expresar de otro modo, pero NO más claro.

Pero sigamos con esta primera lectura. Juan José Millás ha tenido la enorme fortuna, o el "savoir faire", de proyectar su angustia, su claustrofobia y sus temores en el humor. ‘El mundo’ se mueve en estos dos terrenos: el de la dura realidad y el del humor. Analizar las cosas, relativizarlas, sacarles jugo, partido, explorar posibilidades y horizontes nuevos donde antes sólo existía aflicción, pasándolas por el tamiz del humor se me antoja un buen método de reconstrucción personal. El humor permite distancia, alejamiento, objetividad. Y ‘El mundo’ está lleno de estas situaciones y de todas las cosas que preocupan al Millás adulto porque, en su día, preocuparon al Millás niño: la soledad, la diferenciación de los demás, la relación edípica con su madre, la muerte, la figura del padre, la claustrofobia, la religión, el temor a la justicia... Este último extremo, el temor de la justicia, que se manifiesta en su niñez/adolescencia con un constante temor a la cárcel por hurtos centimeros, se repite de mayor, también en la obra. Cualquier nimia transgresión de la ley, tanto de niño como de adulto, le acarrea pavor por la represión legal que intuye inminente.

No puedo terminar el apartado personal sin acordarme de la claustrofobia: memorable la fiesta en casa de su editor, un completo muestrario de los síntomas claustrofóbicos. La sensación de estrechez, de falta de aire, de espacio vital, que va invadiendo – nunca mejor empleado el término – al Millás mayor, se percibe como el escritor la vivió en su momento. Otra cosa es el desenlace de la escena, supongo que ficticio, pero algún lugar tenía que haber para la ficción en esta novela. He escrito novela y lo cierto es que da cierto pudor afirmar abiertamente que ‘El mundo’ es una novela. Si Millás acuñó el término "articuentos" para definir sus artículos de prensa, no resulta tan fácil aplicar el término novela a ‘El mundo’, aunque termine de ganar el premio más importante de este género de las letras españolas.

Y paso ya a la otra lectura de ‘El mundo’, a la literaria. Hace tiempo que me di cuenta que los grandes escritores disfrutan juntando palabras y observando el efecto que su mezcla, muchas veces estrambótica, produce. También se deleitan imaginando significados extraños o novedosos para términos perfectamente definidos en el DRAE, pero que a ellos les suenan a otra cosa o, simplemente, representan una idea diferente en su imaginario. ‘El mundo’ está repleto de ejemplos: ¿por qué las mujeres comen garbanzos en lugar de garbanzas o por qué los hombres tienen piernas en vez de piernos? son ejemplos que el niño Millás se plantea a lo largo del libro, buscando una escandalosa e innecesaria concordancia. Sin encontrar, lógicamente, una explicación satisfactoria para sus dudas. Tampoco tiene desperdicio la definición de sacabocados de la página 201 del libro. El Millás escritor juega constantemente con los planos temporales, barajando sin ningún reparo el tiempo pasado, el del Millás niño, con el presente, el del Millás adulto, ambos, eso sí, vistos desde los recuerdos y las vivencias de este último y transcritos al papel desde la profesionalidad del Millás escritor.

Mientras escribía la reseña, no he cesado de darle vueltas, infructuosamente, claro, al asunto del género al que podríamos adscribir ‘El mundo’. Y miren, mis improbables lectores, yo no sé cómo etiquetar esta obra, ni puñetera falta que hace desde luego, la única etiqueta que debe soportar es la del precio que no es cosa mía. Pero creo que sí sé distinguir cuando tengo un buen libro entre las manos y cuando tengo una piedra. Y ‘El mundo’ es un buen libro, obra, novela o como quieran llamarlo. Muy bueno. Lo que sigo sin entender es por qué Juan José Millás no lo bautizó con otro título. Por ejemplo, ‘La huida’ o ‘La fuga’, sin ir más lejos. Sí, con la fuga hubiera bastado, porque en el fondo de eso trata ‘El mundo’, ¿no?

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‘El mundo’, de Juan José Millás. Editorial Planeta, noviembre 2007. 233 páginas, 21 euros.

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