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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

R.I.P para el Estado de Derecho. Licencia para delinquir

“Yo, como el archidemonio, llevaba un infierno en mis entrañas; y, no he encontrando a nadie que me comprendiera, quería arrancar los árboles, sembrar el caos y la destrucción a mi alrededor, y sentarme después a disfrutar de los destrozos.” Mary Shelley
Miguel Massanet
martes, 23 de junio de 2015, 22:47 h (CET)
Es posible, señores, que no se trate nada más que de un mal sueño, una pesadilla de aquellas que nos atormentan por las noches, cuando nos vemos abocados a situaciones fantásticas, sin pies ni cabeza, que nos arrastran hacia una interminable sucesión de situaciones peligrosas o desagradables, ante las cuales nos vemos indefensos e inermes. Sin embargo, los acontecimientos se empeñan en demostrarnos que nos encontramos ante una evidente realidad que, por supuesto, nos sobrepasa y todavía no hemos podido comprender como, en tan poco tiempo, en España parece que todos nos hemos vuelto locos, que algún ser maligno ha trastocado la cordura, la sensatez y el sentido común del pueblo español, para inducirnos a dar un vuelco a los principios, los valores, las reglas y las costumbres por las que nos hemos regido durante siglos.

Lo cierto es que, estos nuevos gobernantes a los que la ciudadanía les ha concedido el poder de hacer y deshacer en los municipios y autonomías de esta nación, apenas han ocupado sus cargos en las instituciones, se han apresurado a demostrar que están dispuestos a aplicar todas aquellas ideas con las que nos amenazaron, cuando se postularon para lo que ellos han llamado “el cambio”, ¿qué cambio?, ¿cambiar qué? y ¿por qué queremos cambiar lo actual, si todo lo que pudiera pasar con ello, no tiene la más mínima posibilidad de mejorar lo presente? Pronto, no obstante, hemos podido entender a lo que se referían cuando amenazaban con cambiarlo todo; con quitarles el poder a la derecha y sustituirlo por el sistema bolivariano importado de Venezuela, con la evidente intención de instaurar en España lo que en todas partes se conoce como el totalitarismo, el absolutismo y la dictadura que, aunque se la conoce como “dictadura del proletariado”, en definitiva no se trata más que la de aquellos que consiguen hacerse con el control de todos los poderes del Estado para manejarlos a su antojo, según les convenga, para tener atado y oprimido al pueblo en su propio beneficio.

Y ¿por dónde se empieza para dominar a una nación? Lo primero por laicizarla, erradicar la religión y los principios morales, mediante el lavado de cerebro de la juventud, comenzando por las escuelas públicas y las universidades. Lo segundo, satanizar al adversario político culpándoles de todo lo que sale mal en la nación y acusándoles de corrupto, de aprovecharse de los trabajadores, de favorecer a los ricos y mandar a los pobres a la miseria y de privarles de sus derechos ciudadanos. Lo tercero crear desorden en las calles, manifestaciones, destrozos de mobiliario urbano y escaparates; lo que les proporciona la oportunidad de desprestigiar a las fuerzas públicas a las que acusan de brutalidad y violencia ( algo que les suele proporcionar mucho rédito, porque siempre tienen preparados a los cámaras para que rueden las imágenes de aquellas escenas que luego expondrán en las redes sociales para demostrar la “brutalidad de las fuerzas del orden público”.

Todo ello cuando aún no han conseguido las cuotas de poder a las que aspiran. Ahora, cuando ya han conseguido el poder en las autonomías y municipios, ha llegado el momento de sembrar el miedo, la confusión, la inseguridad y el descontento en las personas de orden, los comerciantes, los profesionales, los propietarios y, en general toda aquella clase media que depende de su trabajo para mantener a su familia, educar a sus hijos y mantener un nivel de vida digno, que se ve ante la inminente subida de los impuestos, la posible congelación de los salarios, la puesta en peligro de sus jubilaciones y la restricción de sus facultades de disposición sobre aquellos bienes que ha conseguido con su trabajo como, por ejemplo las viviendas que pudiera tener alquiladas o vacías, esperando el momento oportuno para venderlas cuando los precios de los inmuebles mejoren y se salga de la crisis.

Estos días hemos tenido ocasión de ver el “respecto” de todos estos nuevos alcaldes y concejales por las leyes y el enfoque que le quieren dar a lo que hasta ahora se consideraba como la protección de los derechos ciudadanos contra aquellos que infringían las normas. No sólo la señora Colau participó directamente para impedir un desahucio ordenado por un juez, sino que el alcalde de Cádiz un tal Chiki se personó en otro de los desahucios al que varios ediles ya se le habían adelantado proporcionando el vejatorio espectáculo de que, la policía, cumpliendo con su deber, los tuviera que arrastrar fuera. Por fortuna, el jefe de los policías se mantuvo firme y el alcalde tuvo que retirarse sin haber conseguido su propósito. Por su parte el señor Pablo Iglesias y su compadre el señor Errejón se han mostrado partidarios de que los presos de ETA fueran acercados a sus casas algo que, para él, “es trágico”. Las víctimas del terrorismo le han tenido que recordar que lo verdaderamente trágico es que estos señores mataran a casi mil ciudadanos inocentes en sus acciones terroristas.

Si la señora Colau, en su faceta de agitadora profesional ( desde el 2002 este fue su trabajo en España y fuera de ella) ha decidido no respetar las leyes del Estado cuando, a ella, no le parecieran justas; parece que ha empezado a ahorrar pretendiendo disminuir la plantilla de la policía, especialmente la de paisano, dedicada a impedir los hurtos en las calles y en proporcionar seguridad a los visitantes extranjeros, algo imprescindible si no queremos que la fama de Barcelona, como lugar de turismo, quede desacreditada por la falta de seguridad. En Badalona, donde se arrebató la alcaldía al alcalde del PP que había sido la lista más votada con gran diferencia, la nueva alcaldesa, de Guanyem Badalona en Comú ( del grupo de Podemos) ya ha anunciado la derogación de la ordenanza municipal de civismo. Para esta señora se “multa con demasiada dureza a los ciclistas por ir por las aceras o el carril bus cuando la ciudad apenas cuenta con carril bicis” ¡Sí, señora, y además déles un premio por cada transeúnte que atropellen, mientras transita tranquilamente por la acera pensando que es un lugar seguro!.

En Madrid la alcaldesa Manuela Carmena ya se ha dedicado a visitar a los banqueros, el del BBVA y el de Bankia, para pedirles que no desahucien a los que no paguen su cuota hipotecaria o a los que no paguen sus alquileres. Las autoridades pidiendo que no se aplique la L de Arrendamientos o la Ley Hipotecaria. Si se compadecen de los desahuciados, lo que me parece muy bien, que se ocupen, a cargo del presupuesto municipal, de atender a estas personas que se quedan en la calle. Téngase en cuenta que estos casos de conciencia, que tanto se jalean por la izquierda cuando se producen, son los menos ya que, en la mayoría de las veces son personas que pensaron especular comprando viviendas con el objetivo de ganar dinero revendiéndolas cuando el precio de los inmuebles aumentaba cada día. Vino la crisis y se encontraron con la horma de su zapato.

Si el cambio que nos van a traer estos comunistas bolivarianos, consiste en fomentar la delincuencia, apoyar a los que no respeten las leyes o colaboren con los delincuentes como ocurre en Barcelona con los top-manta, a los que se les ha dado patente de corso por la alcaldesa, cuando han prohibido a los guardias que los detengan. ¡Pregúnteles a los comerciantes, delante de cuyos establecimientos se instalan estos vendedores sin licencia y verán lo que les contestan al respeto! Pagan impuestos, tasas y seguridad social de sus empleados y reciben la competencia directa de quienes se mofan en sus mismas narices, quitándoles la clientela.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos con indignación como se burlan del Estado de Derecho, se saltan las leyes y no pasa nada; cuando las personas honradas están sometidas a pagar impuestos y a soportar que, como amenazan los de Podemos, no puedan desahuciar a quienes no paguen el alquiler de sus pisos o la cuotas de las hipotecas o deban soportar a los ocupas que decidan vivir en sus propiedades. Y ¿nadie va a levantar un dedo antes este estado de cosas? Somos un país de gallinas.
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