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Etiquetas:   ANÁLISIS FOTOGRAFÍA   -   Sección:   Revista-arte

Cuando la fotografía se convierte en arte

Daniel Alonso Safont
Redacción
viernes, 30 de noviembre de 2007, 23:00 h (CET)
Jordi Socías es un fotógrafo autodidacta que ha sabido ver de una forma especial a las personas que retrataba, a sabido transmitir tranquilidad y serenidad




Mayte, Madrid, 1973.


En primer lugar es necesario describir el motivo fotografiado: Se trata de un retrato artístico de una mujer, Mayte, de la que no disponemos más información. El sujeto fotografiado se halla de espaldas a la cámara y ante un espejo, en el que podemos leer en su parte superior Kodakcrhome y Slide. En el espejo podemos ver el rostro de mientras se está maquillando. La mujer está escorada hacia la derecha y encuadrada en plano medio, a la izquierda del encuadre una mesilla repleta de diversos objetos cotidianos: libros y revistas apiladas, un ventilador, una lámpara, una polaroid o unas llaves. Al mismo tiempo está sentada enfrente de una ventana, que tiene recortada su parte superior, por la que entra luz natural que provocaría un fuerte contraluz que se subsana con una posición calculada y la ayuda de iluminación extra.

Podemos reconocer en ella la presencia de grano fotográfico, que permite sobre todo apreciar la textura táctil de la piel de la mujer. Éste aspecto es perceptible en numerosas fotografías seleccionadas en Maremágnum, dónde la presencia de grano potencia las texturas, generando en ocasiones hasta profundidad cuando juega con la perspectiva y la iluminación. El rostro de la mujer reflejada en el espejo constituye sin lugar a dudas el centro de interés en la composición, que no coincide con los ejes diagonales de la imagen. Otro centros de menor relevancia pero que juegan un papel destacado en la imagen son los distintos objetos situados en toda la escena: el espejo en forma de diapositiva, las llaves, la polaroid que parece que represente y momento de la propia fotografía o el ventilador girando, que nos llaman la atención con el objetivo de transmitir información y sensaciones.

Al mismo tiempo podemos observar muchas líneas en esta imagen, por un lado, las verticales que dibujan la espalda de la mujer retratada, e incluso la suave línea que forma la columna vertebral, las líneas diagonales y paralelas que forman tanto el marco del espejo como el propio espejo. A su vez el vértice superior izquierda coincide con una nueva línea vertical procedente de la ventana. Por otra parte, también podemos reconocer líneas sobre la mesa, aquellas que forman los libros, la pequeña fotografía (polaroid), la estructura metálica del ventilador, la lámpara o el contorno de la propia mesa.

Dentro de la escena cabe reconocer cuatro espacios claramente diferenciados: en un primer término, la espalda de la mujer que se sitúa a la derecha del encuadre, la mesa con sus objetos situados a la izquierda del mismo; en un segundo término, el rostro reflejado en el espejo, y en un tercer término, las ventanas que quedan cortadas por el encuadre a través de la cual entra luz que ilumina la mayoría de la fotografía. La mujer queda retratada de una forma sugerente y especialmente artística debido a que desvela su identidad a través del reflejo en el espejo mientras se está maquillando, una actividad cotidiana en un entorno familiar que queda reflejado por los objetos situados sobre la mesa. El sujeto se enmarca en plano medio y de espaldas, hecho que provoca cierto extrañamiento y que difiere radicalmente de la mayoría de los retratos que encontramos en Maremágnum que enfrentan la mirada de los sujetos retratados con el objetivo.

Para conseguir esta naturalidad el autor se apoya en el suave contraste de luces que potencian las líneas que forma el contorno de la espalda y que contrasta con las formas geométricas rectangulares del espejo y de los libros, y las formas circulares del ventilador. Es la iluminación la que además permite apreciar la existencia de varias texturas en la fotografía la de la piel desnuda, la de mimbre de la lámpara, la metálica de las llaves y la estructura del ventilador, la vaporosa y suave de las cortinas.
La fotografía presenta bastante nitidez en todos los espacios exceptuando lo que se aprecia en el espacio exterior detrás de las ventanas, esto fortalece la sensación de realismo y naturalidad que desprende la fotografía.

Estos últimos aspectos vienen determinados en un principio por el tipo de iluminación elegida por el autor a la hora de fotografiar la escena: una natural, procedente del exterior de la habitación, y otra artificial que ilumina lateralmente el rostro y suavemente la espalda de la mujer. Que genera una gama tonal bastante amplia desde el negro intenso que se observa en el lado izquierdo inferior de la imagen hasta el blanco roto de algunos detalles sobre la mesa como las llaves o los papeles en blanco debido a la iluminación natural procedente del exterior.

Después de analizar los aspectos morfológicos de la fotografía podemos comprobar como todos ellos están dirigidos hacia la creación de una fotografía naturalista, aunque poco canónica si hacemos hincapié en la forma con la que el fotógrafo nos presenta el rostro de Mayte, la mujer retratada como ya sabemos. Otro aspecto destacable es la composición de la escena, que se construye en el mismo sentido que ya hemos apuntado, la construcción de un espacio cotidiano, natural y cercano, situando al mismo nivel los objetos que construyen esta naturalidad cosmopolita y el sujeto retratado, adquiriendo sentido la composición del encuadre.

En lo que respecta al nivel compositivo de la fotografía, en concreto el sistema sintáctico o compositivo, podemos señalar la imagen no presenta una clara composición en perspectiva, aunque el grano fotográfico y la nitidez de la fotografía proporcionan una cierta profundidad a la imagen que se puede apreciar en los objetos colocados en toda la mesa, y que se diferencia con la falta de foco de la cortina y los marcos de la ventana.

La tensión compositiva se consigue en esta fotografía a través de dos elementos diferentes: el movimiento de las aspas del ventilador y el acto realizado por la mujer marcado por el contraste de luces. La forma en la que se retrata a la mujer nos proporciona una visión inusual del cuerpo humano, en este caso el brazo izquierdo y la pierna derecha situados en un segundo término parece tener un tamaño mayor al que estamos acostumbrados a ver.

La composición de la imagen distribuye los pesos en dos zonas claramente diferenciadas, por un lado, la imagen de la mujer y por otra parte los objetos sobre la mesa. En términos de peso visual, la espalda y el rostro de la mujer reflejada en el espejo son los de mayor relevancia, y en segundo lugar serían los objetos repartidos por la mesa y el ventilador en movimiento. En este sentido se constata como la ley de tercios se cumple relativamente, ya que la cabeza y la espalda se sitúan dentro de esa zona de peso perceptivo visual, pero teniendo en cuenta que el punctum en la fotografía es el rostro reflejado de la mujer en el espejo, éste se sitúa fuera de ésta, creándose un cierto desequilibrio que interpretamos como un aspecto que ahonda con la ruptura de los cánones del retrato. Estamos ante un retrato poco habitual que rompe con algunas de las convenciones establecidas, pero debido a los recursos que utiliza, especialmente la composición del encuadre y la acción que retrata deja abierta una lectura a todas luces natural y cotidiana. Aunque nos encontramos ante una fotografía en la que la mujer posa para ser retratada, con una composición preestablecida y en la que la puesta en escena es determinante para conseguir los efectos que se han ido comentando a lo largo de este análisis.

La mirada del espectador se dirige al rostro de la mujer, como centro de interés, así como la espalda desnuda, para pasar posteriormente a los objetos sobre la mesa, llamando especialmente la atención el ventilador, la polaroid y la pila de libros y revistas.

Desde el punto de vista compositivo la fotografía rompe en cierta medida pero de una forma original y artística con todos los cánones del género retrato. No sólo posa de espaldas, sino que su posición se desplaza hacia un lado en el encuadre, resaltando la importancia del entorno y del momento, consiguiendo una distribución de pesos equilibrada y transmitiendo una naturalidad y tranquilidad de la acción.

En lo referente a la construcción del espacio de la representación, el rostro de la mujer no se nos presenta explícitamente, nos da la espaldas, pero el efecto del espejo-diapositiva permite identificarla sutilmente dentro de un espacio cotidiano y familiar para ella, y que el autor consigue acercarnos, como espectadores a la escena sin caer en la atención de voyeurismo al que caeríamos si no hubiese conseguido esa naturalidad que define su trabajo. La naturalidad de la que estamos hablando crea a su vez un espacio cerrado interno, en cuanto se trata de un habitación de una casa, y al mismo tiempo abierto externo gracias a la posición de la ventana que queda fracturada por la composición del encuadre, aunque nuestra visión del exterior quede borrosa, pero no hay que dudar que genera un espacio más profundo dentro de la imagen. Teniendo en cuenta las características comentadas nos parece lógico pues como el espacio se configura habitable, cercano tanto para el espectador como el personaje. Está idea viene reforzada por la serie de objetos desplegados que hemos descrito anteriormente.

Comprobamos pues, que se trata de una clara puesta en escena dónde la posición de los objetos, las palabras que podemos leer en el espejo Kodakchrome o slide apoyan la idea de representación fotográfica, la suave iluminación del cuerpo de la mujer o la polaroid colocada en la mesa (que parece la parte derecha de la propia fotografía) nos conducen a una escena calculada previamente con unos objetivos claramente determinados: naturalidad y autoreferencialidad.

Por lo que respecta al tiempo de la representación, aunque no dispongamos de información al respecto capta un momento, parece que muy concreto en la vida diaria de Mayte de una forma artística que podría resumir alguna etapa de la mujer. El autor trato de representar esta naturalidad de una forma original y relativizando sobre algunos aspectos convencionales del género retrato.
La temporalidad de la escena queda marcada por la velocidad con la que se mueve el ventilador en contraste con la pose pausada y precisa de los movimientos relacionados con el maquillaje. Aspectos que construyen una escena duradera en el tiempo, por tanto, usual para el personaje que además está desnuda para resaltar está naturalidad.

La escena fotografiada posee una cierta carga simbólica por la presencia de los objetos autoreflexivos de la fotografía que irían dirigidas a crear un ambiente artístico y enunciativo a la imagen.
La fotografía nos muestra un momento típico en la vida de cualquier espectador, observar maquillándose a una mujer cercana -amada, y es exactamente eso lo que subjetivamente nos muestra Socías con este retrato.

La naturalidad con la que el autor nos presenta a Mayte genera fácilmente la lectura individual sobre el personaje, es sencillo hacerse preguntas sobre ella, que irán directamente relacionadas con la multitud de objetos que nos muestra encima de la mesa. Con otras palabras, la imagen serviría de germen para crear a un personaje femenino al que pretendamos darle vida ficticiamente.

Y en último lugar antes de pasar a la interpretación global, tenemos que detenernos en el nivel enunciativo, el personaje se encuentra por debajo de la cámara, en un ligero picado. La vista del personaje de espaldas constituye un punto de vista original, que se ve reforzado por la reflexión en el espejo del rostro de la mujer. La cámara se sitúa en la dirección del eje de miradas, pero la mirada de la reflexión del espejo con un ligero escorzo hacia la izquierda.

La actitud de Mayte parece totalmente relajada, como si no estuviese posando y la hubiesen pillado in fraganti mientras se estaba maquillando. Este aspecto está en la misma dirección de los comentarios leídos en Maremágnum escritos por Jesús Ruiz o Bigas Luna sobre la forma de trabajar de Jordi Socías. Esta actitud junto con la elección del punto de vista son, en si mismos, unos claros clarificadores y diferenciadores del trabajo del autor, que además vienen potenciados por el espejo-diapositiva, la polaroid, lo que parece una caja de diapositivas o la caja en la que encontramos papel fotográfico. Al mismo tiempo que revelan su presencia.

Aunque la fotografía juega con los elementos canónicos, es capaz de transmitir exactamente lo contrario de lo que se supondría si el objeto nos diese la espalda, distanciamiento, lo que se consigue es naturalidad y cotidianeidad, por lo tanto, verosímil.
Es curioso constatar cómo la imagen del personaje que está de espaldas es la contraria de la mirada del reflejo generando un eje de miradas –campo-contracampo- que apelan directamente en el propio sujeto, y que además crea este eje dónde se sitúa la cámara.

Finalmente, como interpretación global del texto fotográfico, podemos señalar que la fotografía analizada se encuentra en una serie seleccionada con el objetivo de conmemorar 27 años de trabajo en distintos periódicos y revistas, en los que ha participado tanto como fotógrafo o editor, destacando especialmente los retratos de figuras ilustres, como hemos podido comprobar en Maremágnum.

Jordi Socías es un fotógrafo autodidacta que ha sabido ver de una forma especial a las personas que retrataba, a sabido transmitir tranquilidad y serenidad, aspecto muy importante debido al pánico que crea insconcientemente el objetivo de una cámara, consiguiendo transmitir la naturalidad del momento y reflejar la personalidad de los sujetos fotografiados.

No poseemos información adicional sobre la naturaleza de la relación entre Socías y Mayte, pero teniendo en cuenta los aspectos compositivos y especialmente enunciativos de la fotografía podemos aventurarnos a asegurar que se trata de una mujer cercana y próxima a su vida personal. Y si no es así, consigue transmitir esa cercanía al espectador que nos hace tan familiar. Esta opinión se apoya en las numerosas marcas enunciativas con las que juega el autor que le apelan directamente: el espejo-diapositiva, la polaroid que retrata lo mismo que vemos en la fotografía jugando un papel metonímico, la caja de papel fotográfico o lo que parece una caja de diapositivas. A esto hay que sumarle, la puesta en escena y la pose de la mujer que no parece preocupada por ser mirada por un objetivo, mostrándose natural al cien por cien, desnuda y maquillándose para definir su belleza.

Todos estos aspectos pues, nos indican por tanto, que existe una estrecha relación entre el fotógrafo y la mujer retratada, quizás amor. Si esto es así la fotografía reflejaría de una forma simbólica todo lo que el autor considera importante en su visa, sus pasiones: la mujer de la que está enamorada y la fotografía.

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