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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

Rajoy no entiende que quien debe cambiar, en el PP, es él

Sigue empeñado en que sólo él tiene en su caletre la idea de cómo sacar a la nación de los múltiples problemas a los que esta sometida
Miguel Massanet
viernes, 19 de junio de 2015, 23:37 h (CET)
Como era de prever, el señor Rajoy sigue montado en su caballo Clavileño, esperando que el artilugio de madera lo transporte por los aires hasta su imaginario destino, esperando que el relincho de la bestia le advierta de que ha completado su viaje, allí donde le espera el poderoso Malambruno o sea, que le caiga del cielo una mayoría suficiente que le permita gobernar España, durante una nueva legislatura. Por desgracia, aquellas locuras que sólo residían en la mente trastornada de Don Quijote, no se repiten cuando la tozuda realidad se empeña en pintar bastos y las medidas que se arbitran para enmendar los errores cometidos, tienen la pinta de volver a incidir en similares equivocaciones, algo que, dicho sea de paso, en política, suele pagarse caro. Lo grave es que España no puede permitirse quedar en manos de unos grupos que, apenas han ocupado las instituciones, ya han demostrado lo que son capaces de hacer y lo peligrosos que pueden resultar, cuando tienen por delante un mandato de cuatro años, en los que son capaces de acabar con lo que queda de ella.

El problema de don Mariano es que sigue empeñado, con la terquedad de quien ha llegado a la conclusión de que no se equivoca nunca, de que sólo él tiene en su caletre la idea de cómo sacar a la nación de los múltiples problemas a los que esta sometida. El diagnóstico al que, al parecer, han llegado él y su equipo, respeto a las causas de su reciente debacle electoral, se basa principalmente: en la crisis económica y los casos de corrupción que, si bien, sin ninguna duda, han influido en la decepción de muchos de los que los votaron, no abarcan a la totalidad de los que forman parte de estos casi dos millones y medio de ciudadanos que dejaron de confiar en el PP.

Cuando un partido, como el PP, tiene ya un historial de muchos años, unos valores consolidados, y unos principios arraigados en la mayor parte de sus afiliados y de las personas que, sin pertenecer a él, lo votan por estar de acuerdo con su filosofía política; no puede permitirse pensar que, aquellos que emiten su voto, son gente que actúa como borregos, sin criterio, robots manejables a distancia y desprovistos de facultades para pensar, valorar, exigir y rechazar, si viene el caso, las actuaciones de aquellos a los que votaron. No se pueden ofrecer, cuando un partido se presenta ante sus electores pidiendo su apoyo, propuestas que se sabe que no se pueden cumplir, prometer actuaciones que no se van a realizar o hacer ostentación de una ética y una moral que, cuando llega el momento, se olvidan, postergan o incumplen, en aras a las conveniencias del momento, el miedo a las reacciones de los adversarios políticos o la necesidad de posponerlo para cuando llegue el momento adecuado que, por supuesto, nunca llega.

El señor Rajoy, por diversas circunstancias, una de ellas por su característico inmovilismo, distanciamiento de sus electores, mal uso de sus mayorías absolutas y una excesiva parsimonia, prudencia, laxitud y condescendencia con desafíos como, por ejemplo, el de los separatistas catalanes; ha venido demostrando que, el alargar afrontar los problemas, confiar que el tiempo lo soluciona todo y permitir que lo que, en un principio hubiera sido fácilmente cortado aplicando, simplemente, la Constitución, se vaya emponzoñando y enquistando de modo que, cuando se quiere poner remedio, ya puede resultar demasiado tarde, convertirse en un caso de orden público y, en definitiva, en un grave peligro para la paz de la nación y el orden dentro de sus diversas regiones.

En consecuencia, en la valoración de las causas por las que los votantes han dejado de apoyar al PP, deben incluirse a todos aquellos fieles seguidores de la formación de Fraga Iribarne, que indignados con las políticas laicistas, inmorales, de falta de respeto a la vida, en especial de los nonatos; de apoyo a las uniones entre gays y lesbianas por medio de “matrimonios”, entrando en plena confrontación con el matrimonio heterosexual, el vigente desde la época de los romanos; los ataques indiscriminados y cada vez más intensos en contra de la Iglesia católica etc.; pensaron que, cuando el PP tomara las riendas del Estado, lo primero que pondría en práctica sería derogar todas aquellas leyes de los socialistas que estaban en plena discrepancia con los valores del PP. Nada de ello ocurrió, ni tan siquiera tuvieron el valor de derogar la famosa ley de la Memoria Histórica, semillero de inexactitudes, terreno abonado para los revanchistas y amantes de lo apócrifo; que no ha hecho otra cosa que resucitar del olvido viejas rencillas, odios ya olvidados y revanchismos adormecidos que ya se estaban empezando a olvidar después de más de 75 años de finalizada aquella Guerra Civil, amén de servir para que historiadores advenedizos, podo documentados y de ideas izquierdistas hayan conseguido vender sus libros, que ya permanecían en los estantes de las librerías cubiertos de moho y polvo.

Han hecho mal en olvidarse de este colectivo que, precisamente por ser los más fieles, los más adictos, los más ilustrados y los que, de siempre, han constituido la base más sólida de la formación conservadora, han sido los que más se han sentidos abandonados, despreciados y apartados por los actuales ejecutivos del partido, más dedicados a hacer una política de tipo pactista, de esquivar los problemas, de no meterse en terrenos peligrosos o de adoptar medidas que sabían que les crearían críticas de la oposición, como ha sido el caso de la ley del Aborto que permite, en su redacción actual, que más de 100.000 seres humanos sean masacrados cada año, por sus madres, a causa de la permisividad e ineficacia de una ley que lo único que hace es dar facilidades para asesinar impunemente a inocentes sólo porque la madre quiera librarse de un estorbo.

Ahora han pretendido hacer un cambio dentro del partido nombrando a nuevos dirigentes que nadie conoce y que, por supuesto, no implicarán un cambio entre los votantes por el simple hecho de que hayan sustituido a otros que, en muchos casos, eran desconocidos para la gran masa ciudadana. Ahora, puede que en estos mismo momentos en que estoy escribiendo, parece que, el señor Rajoy, puede hacer algún cambio en su gobierno, no se sabe si importante o simplemente pequeños maquillajes, sustituyendo a los ministros menos valorados ( lo que no quiere decir que no hayan sido los más eficientes, como el caso del ministro Werd) con lo que pretende que los críticos se den por satisfechos y, los votantes descontentos, retornen al redil para votarle de nuevo en las elecciones de final de año.

Sin embargo, a criterio de muchos que forman parte de las bases del partido, para aquellos que integran la masa de votantes tradicionalmente adictos, los desconocidos que tienen que cambiar su intención de no votar, votar en blanco o a otro partido; no parece que baste, a primera vista, que esta regeneración que se quiere llevar a cabo no incluya a una persona que sustituya al mismo don Mariano Rajoy que, quiérase o no, se ha convertido, puede que injustamente (debido a su gran labor en el terreno de la economía), en la persona más rechazada de la política de este país. Mucho deberán cambiar las cosas en España para que, en los meses que quedan hasta las legislativas, esta antipatía generada durante la legislatura del PP, se torne en simpatía. Sólo hay una posibilidad, un terremoto de protesta por una gestión totalitaria, invasora de los derechos individuales, intervencionista o libertaria a cargo de estos nuevos alcaldes, ediles o gobierno autonómicos, regidos por la extrema izquierda antisistema, que haga que el pueblo le vea las orejas al lobo y le entre el pánico de que, en cuatro años, estos advenedizos comunistas conviertan a España en un clon de la Venezuela del señor Maduro.; algo que nos lleve a una situación todavía peor que la griega.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, contemplamos con gran preocupación como se desaprovecha la ocasión de darle un nuevo impulso a un partido que, por desgracia, está dando tumbos al perder la brújula que señala su Norte.
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