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Etiquetas:   Religión   Papa Francisco   -   Sección:   Opinión

Encíclica realista del Papa Francisco

Francisco aborda con valentía y claridad numerosas cuestiones desde su perspectiva personal
José Manuel López García
jueves, 18 de junio de 2015, 23:32 h (CET)
Frente a comentarios que nieguen la conexión entre el cambio climático y las acciones humanas, y que tampoco admitan que es necesario adoptar medidas que disminuyan mucho la emisión de gases con efecto invernadero, la carta encíclica del Papa es contundente, profunda y pormenorizada.

Y no se trata de que este pontífice sea demasiado liberal, o muestre tendencias comunistas, por sus muy duras críticas al capitalismo salvaje, etc., porque, está claro, a mi juicio, que defiende con sus planteamientos, una fraternidad y solidaridad universal para nuestro planeta, desde una conciencia ecológica que abarca múltiples aspectos.

Si, una parte de los políticos de Estados Unidos, critican negativamente a la máxima autoridad de la Iglesia Católica, por defender a los pobres y a los excluidos, y por ponerse en contra de la explotación producida por el capitalismo de las grandes compañías, etc., se están equivocando. Se la llama encíclica verde, y no es desacertada la expresión. En las páginas de la Laudatio Si (Alabado seas) el Papa Francisco aborda con valentía y claridad numerosas cuestiones desde su perspectiva personal, y desde los valores cristianos más profundos.

Ya que la justicia social es una de las cuestiones que debe ser afrontada por los gobiernos de los estados. Además, la preocupación por la naturaleza es algo esencial, porque forma parte de lo que somos.

Jorge Bergoglio se refiere en las primeras páginas del texto de la encíclica a San Francisco de Asís, y lo pone como modelo de amor a los seres vivos, y a todo lo que nos rodea.

Escribe el Papa que su discípulo San Buenaventura dirá de él que, «lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas».

Y es que la realidad no debe ser, simplemente, objeto de uso, ya que debe ser cuidada y apreciada en su gran valor para los hombres actuales y futuros, y, en general, para todos los seres vivos del mundo. El mismo Papa muestra en su escrito, un enfoque realista de la situación de desastre del medio ambiente, y da explicaciones de las causas.

Realiza una crítica muy fuerte y plenamente justificada, al voraz neocapitalismo y a la globalización que están profundamente unidos, ya que, en el fondo, vienen a ser lo mismo, en cierto sentido.

Francisco está convencido de que un desarrollo sostenible e integral es posible y factible. Hace falta, me parece, voluntad política de llevarlo a la práctica, de modo coherente y racional, buscando el bienestar de todos, no de unos pocos. También señala que el cambio social, económico, etc., es posible, y no es algo inalcanzable.

Todos merecemos un cambio a mejor en nuestro mundo. Quizás los jóvenes son los que con más fuerza e insistencia reclaman una sociedad justa, fraterna y solidaria, y esto el Santo Padre lo sabe.

La llamada al diálogo aparece, de modo reiterado, a lo largo de las páginas de esta encíclica. Porque la forma de construir el futuro del planeta es cierto que tiene que cambiar radicalmente. Es lógico que el Papa afirme, explícitamente, que: «Necesitamos una solidaridad universal nueva». En efecto, es del todo necesaria, por numerosas razones de tipo ético y económico.

Puesto que el mismo cambio climático o el calentamiento del planeta nos está perjudicando gravemente, y el clima es, ciertamente, un bien común. Pone de manifiesto también el Papa la necesidad de cambiar de estilo de vida, ya que el consumismo obsesivo está creando numerosos problemas sociales. No es extraño que escriba: «Ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza».

A mi juicio, la pobreza es el mayor problema de la humanidad, porque afecta a más de mil millones de personas, y esto es algo que desde una perspectiva solidaria y cristiana es terrible. La inequidad avanza a pasos agigantados, lo que crea más exclusión social. Son necesarias unas nuevas relaciones internacionales basadas, realmente, en principios éticos.

Además, se desperdician, aproximadamente, un tercio de los alimentos que son producidos, lo que es lamentable y trágico. Y, sobre esto, también habla el Papa. Critica, acertadamente, la globalización del paradigma tecnocrático que quiere estrujar el planeta. Frente a la especulación y a los poderes económicos el Papa Francisco pone, en primer lugar, la dignidad humana que es un valor irrenunciable. En la parte final de la encíclica el Papa redacta algunas líneas de orientación y acción fundamentadas en el diálogo, la racionalidad, el bien común, la fraternidad, la justicia social, etc.
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