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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Crisis   -   Sección:   Opinión

Dos señales de que la crisis en España está en recesión

¡Vuelve la picaresca laboral! Bienvenida sea
Miguel Massanet
miércoles, 17 de junio de 2015, 22:46 h (CET)
A veces, entre las espinas de los cactos aparecen flores de una belleza impresionante y, hasta en situaciones delicadas, podemos encontrar alguna esperanza que nos ayude a soportarlas. En efecto, junto a la debacle de las pasadas elecciones del pasado 24 de Mayo, a sus preocupantes consecuencias y al peligro de que, en unos pocos meses, ya no digo años, esta país se convierta en el esqueleto descarnado de lo que había sido con anterioridad. Han aparecido en la prensa, no precisamente en los lugares más destacados, dos noticias lo suficientemente relevantes para que nos ayuden a confirmarnos en lo que ya se empieza a anunciar sin tapujos y es que parece que se va confirmando que la recesión nos abandona y que, si somos capaces de taponar este boquete que se ha abierto en el sentido común de nuestros conciudadanos, por donde parece que se les está escurriendo la materia gris y conseguimos que actúen de forma razonable, especialmente cuando vayan a depositar su voto en las próximas legislativas; es posible que la tan esperada recuperación pudiera llegar a buen término.

Si el desmoronamiento de la famosa “burbuja inmobiliaria” fue el inició del desplome en cadena de nuestra economía y el principio de siete años de crisis, donde España se desplomó como un castillo de naipes. Si las empresas se cerraron a cientos de miles y el paro alcanzó cotas cercanas al 24% de nuestra población trabajadora; con las subsiguiente consecuencias nefastas que, para la nación, ha supuesto el tener que enfrentarse a una situación de crisis cuando precisamente estaba gobernada por un ejecutivo socialista, el del señor Rodríguez Zapatero, incapaz de tomar las medidas adecuadas para enfrentarse a ella de la manera más sensata y eficaz posible; el anuncio de que, en este año 2015, se reactiva la venta del suelo, tras un inacabable sequía de años de paro total , creemos que es un motivo de celebración. Los expertos han llegado a prever que, en este año, se produzcan cerca de 16.000 transacciones de parcelas, lo que supondría un aumento sobre el pasado 2014, de un 5%, por un valor de 2.594 millones de euros.

Según la primera edición del Pulsímetro del Suelo elaborado por el Instituto de Práctica Empresarial, estas operaciones representarían que más de 24’9 millones de metros cuadrados cambiarían de mano. Para el Director General de la Cátedra Inmobiliaria, don J.A. Pérez, esos más de 2.500 millones de valor que se calcula que existe de suelo finalista, si se edificara sobre él, tendrían una repercusión sobre el PIB español cercana a un punto adicional. Es evidente que, aquellos que pudieran soñar en la vuelta a aquellos tiempos en que la especulación convertía en oro las inversiones inmobiliarias, es mejor que se dejen de cálculos milagrosos porque aquellos tiempos, al menos por muchos años, no volverán. Todavía queda en nuestro país una importante cantidad de inmuebles en manos de los bancos y de constructoras pendientes de ser vendidos (hasta hace unos meses se hablaba de una cifra cercana a 1.000.000).

Es evidente que el Sareb (el banco malo) tiene cantidades de promociones a precios inferiores a los de mercado, que tardará mucho tiempo en colocar y que, en tanto queden en stock viviendas recuperadas por los bancos por impago de hipotecas, es evidente que la competencia por parte de inversores actuales va a resultar dura. Hay que decir que el precio del suelo, de media, ha caído durante los últimos 5 años un 25%. En el ejercicio del 2010 el precio medio se calculó en 208 euros el metro cuadrado, cuando en estos momentos está situado en torno a los 154 euros/metro2. Hay que advertir que, últimamente, ha subido de nuevo ya que, en el 2014, estaba situado en 147 euros de media. En todo caso una buena y esperanzadora noticia producida en un mercado tradicionalmente en recesión durante los pasados años de crisis.

El otro aspecto que me interesa resaltar, puede que parezca un contrasentido, pero los que en nuestra vida laboral hemos estado relacionados con el mundo de las relaciones laborales, sabemos a lo que nos estamos refiriendo. Cuando en España hubo épocas en las que no existía crisis económica, que las empresas estaban a plena producción y que el problema era encontrar a personal para poder atender a la demanda de trabajadores, especialmente cualificados, de las empresas e industrias instaladas en las ciudades más industrializadas del país; el absentismo era una de las mayores lacras que azotaban el mundo laboral. En empresas con plantillas numerosas no era raro que diariamente se registrara un absentismo de un 8% y, en ocasiones, superior. El control médico de las bajas “de complacencia” que se concedían era inexistente y la posibilidad de sorprender a los que faltaban al trabajo fingiéndose enfermos, todavía eran más escasas y costosas pues requerían la contratación de detectives que iniciaran un seguimiento exhaustivo de los pícaros. Esto obligaba a las empresas, especialmente a las de trabajo continuo (generalmente a tres turnos) a tener que contratar a un personal complementario para que la producción no se resintiera lo que, a la vez, representaba un sobre coste sobre la producción. Por fortuna hubo un tiempo en el que todo se vendía y se podían cargar, sin problemas, en los precios de venta.

Cuando, a partir del año 2008, se empezaron a notar los efectos de la caída de la burbuja inmobiliaria y los despidos, cada día, se hicieron más corrientes, hasta que se convirtieron en algo habitual a consecuencia de la caída de los pedidos y la falta de demanda, de una manera natural, sin que se tuvieran que utilizar medidas especiales de vigilancia, el absentismo empezó a caer, se puede decir que el mismo ritmo en que iban cerrando empresas y que la crisis galopante empezaba a hacer mella en toda nuestra economía. Llegó un momento que el absentismo, prácticamente, había desaparecido y se produjo el fenómeno contrario de que había trabajadores que, incluso indispuestos, acudían al trabajo impulsados por el miedo a ser despedidos. Ni tanto ni tan poco.

Pero hoy, en un pequeño suelto de un periódico nacional, hemos encontrado una noticia que, vean por donde, nos ha alegrado. Y no por el hecho de que el absentismo parezca que ha vuelo a aparecer en nuestras empresas (sería de desear que fuera un fenómeno superado) sino por lo que ello supone en cuanto a que parece que ya se va recuperando la normalidad, que ya hay empresas que no tienen por objetivo despedir a sus trabajadores y, en consecuencia, ya no existe el miedo cerval a ser despedidos, como ocurría solo hace un tiempo. El estudio de Adecco refleja que la tasa de absentismo durante el año 2014 se situó en un 4’4% tres décimas más que el año anterior. El efecto negativo, constatado en el mismo informe, es que supone unos costes directos de 4.768 millones anuales a la Seguridad Social por prestaciones económicas.

Dos indicadores de que, no estamos hablando de “brotes verdes”, ahora sin embargo ya es tangible, ya se nota en el aumento de contratación y en el crecimiento de la demanda interna. Los que han actuado de cenizos, los que se empeñan en negar la realidad y aquellos que, con intención de hundir a España, niegan esta recuperación y venden pesimismo y rencor contra los gobernantes, puede que tengan que asumir el haber sido los culpables de enviar, una vez más, a nuestra nación a la situación del noviembre del 2011, cuando el gobierno de Zapatero tuvo que tirar la toalla dejando en manos del PP el “marrón” de tener que bailar con la más fea.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, emplazamos a quienes han sido objeto de las trampas, mentiras, artimañas, falsedades y promesas basadas en un mal llamado “cambio”, que se desengañen de estos cantos de sirenas, que observen el comportamiento de quienes han accedido recientemente al poder y que tomen nota de lo que están haciendo, para que no les pillen las legislativas engañados de nuevo por estos comunistas leninistas, que pretenden hundirnos en lo que fue el régimen soviético ruso.
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