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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Contacto telepático con los animales

José Vicente Cobo
Vida Universal
miércoles, 28 de noviembre de 2007, 01:54 h (CET)
Si el prójimo animal se encuentra en un lugar lejos de la persona que lo cuida y de su hogar, entre el prójimo animal y la persona que lo cuida puede formarse por medio de pensamientos un lazo de comunicación. Dado que la persona que lo cuida piensa en el hermano animal y de este modo, mediante telepatía, contacta con él, en el animal se activan aquellas frecuencias de la persona con la que tiene relación, que ha registrado en el cerebro como una imagen, que al mismo tiempo tiene en sí como meta el olor de la persona, su color y su hogar y lugar de destino.

Después de esto el hermano perro se pone por ejemplo en camino; él sigue la frecuencia que la imagen y el olor han puesto en movimiento en su cerebro. Así encuentra de nuevo su lugar de destino terrenal y a la persona con la que tiene relación. Sin embargo, la condición previa es que en el cerebro del animal existan los programas correspondientes que hayan sido introducidos por la persona o personas con las que tiene relación y que mediante telepatía hacen reaccionar al animal. Así como el hombre se programa a sí mismo con su afán de querer y sus deseos, de la misma forma programa también a su prójimo animal.

No siempre se consigue en el plano humano emitir y recibir, tanto de hombre a hombre, como de hombre al prójimo animal y al revés. Con el prójimo animal acontece de forma similar a como ocurre con los hombres: depende de lo que el ser humano haya introducido en su alma en las encarnaciones anteriores. De forma similar vale para el prójimo animal: lo que los hombres han introducido al prójimo animal en encarnaciones anteriores o en esta encarnación, es lo que irradia el animal.

De esta forma la misma ley es válida tanto para el hombre como para el mundo animal: los iguales se atraen. Frecuencias iguales y similares se atraen una y otra vez y forman una red de comunicación. Las vibraciones desiguales se comunican en puntos de contacto individuales, o no tienen nada que decirse. Si se encuentran grados de vibración diferentes, el hombre no comprende a su prójimo; el animal no entiende al hombre y el hombre no entiende al animal. Por ello no tienen entre sí una comunicación consciente, a pesar de que el principio divino de emitir y recibir siempre está activo en ellos.

El principio divino de emitir y recibir emite eternamente las siete fuerzas básicas al universo. No obstante, los hombres y animales solo tienen acceso conscientemente al Emisor divino universal cuando el hombre vive interiorizado y el animal no ha sido deformado por el hombre.

Cuando el hombre haya despertado a lo espiritual, reconocerá que así como trate a sus semejantes y al mundo animal, vegetal y mineral, así le irá a él. Pues todo emite y todo lo emitido sigue actuando; será registrado y según el principio de casualidad, recaerá sobre el emisor.

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