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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

'Atrapada en el espejo', de Gemma Lienas, terror psicológico o la realidad a la vuelta de la esquina

Herme Cerezo
Herme Cerezo
viernes, 15 de febrero de 2008, 04:58 h (CET)
El DRAE dice que un basilisco es "un animal fabuloso, al que se atribuía la propiedad de matar con la vista", una sutil cualidad en verdad. Una segunda acepción, también del DRAE, amplía el concepto a "persona furiosa o dañina". Bien, pues de eso, de un basilisco, de una persona "furiosa o dañina que mata con la vista" trata 'Atrapada en el espejo', la última novela de la escritora Gemma Lienas, con quien hace unas fechas compartimos algunos aspectos de la misma.




Gemma Lienas.


La autora barcelonesa, en un momento dado, se interesó por los mecanismos psicológicos de dominación. "Es algo tan antiguo como el mundo y brota cada vez que un individuo o grupo de individuos acumulan poder y se consideran superiores a otros". Aunque los grupos humanos que han padecido estas lacras han sido muy diversos (negros, homosexuales, enfermos, dementes...), Gemma Lienas esgrime en su obra el precedente de la Alemania nazi. "Introduje a Himmler como referencia histórica en la novela para ilustrar este caso. Himmler fue una persona que presentaba múltiples caras: por un lado, era capaz de enternecerse ante un cuadro de belleza incontestable y, por otro, ordenar que gasearan a centenares de judíos en las cámaras compactas de un campo de concentración. Eso demuestra que el ser humano es tremendamente complejo, porque hay momentos en que una misma persona es absolutamente perversa y otros en que no lo es". Además para ser un verdugo "no hace falta estar loco. Los torturadores no sufren ninguna patología. Cuando se producen estos casos es porque por medio existe un factor cultural, que les inclina a anteponer su superioridad a la de los otros, unido a la posesión de armas y poder".

Con 'Atrapada en el espejo', Gemma Lienas prosigue este interés por los conflictos psicológicos. "Desde siempre me he interesado por los conflictos emocionales, porque la línea entre la salud mental y la enfermedad es tan tenue que todo el mundo en algún momento de su vida la cruza". Claro que para escribir sobre ello ha debido documentarse profundamente: "He leído mucho sobre psiquiatría y psicología y conozco a muchos profesionales de la materia, la mayoría excelentes, aunque algunos no tanto".

El argumento, aparentemente sencillo, tiene como teórica protagonista a Gina, una investigadora de las relaciones de dominación entre seres humanos en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Al recibir la noticia del fallecimiento de su amiga Laura en un accidente automovilístico, decide regresar precipitadamente a nuestro país para asistir a su entierro. Gina, con perseverancia digna de hormiga "tafanera" (curiosa o husmeadora en catalán; utilizo este adjetivo porque lo considero tan válido como cualquier otro barbarismo), se entrevistará con todas las personas que conformaron el mundo de Laura en sus últimos años. Así descubrirá que bajo aquel accidente se oculta algo mucho más terrible, que no voy a desvelarles ahora, porque un reseñista no debe jamás "contar la película". A lo sumo, como le escuché decir en una ocasión al escritor Manuel Vicent, puede presentar un "trailer", (otro barbarismo, ¿lo ven?) es decir, algo de información, pero poca, la necesaria para calentar al posible lector y estimular su voracidad cultural.

Bàsil es para mí el verdadero protagonista de esta novela, la persona dañina que mata con la vista. "Es un hombre que juega sus bazas – explica Gemma –. Se muestra hábil, encantador, atractivo y, además, se hace el desvalido, algo que siempre funciona con las mujeres por la tendencia que tenemos de compadecernos del sexo contrario. Y esta actitud salvadora lo único que consigue es fastidiarnos a nosotras mismas. Es una cuestión cultural, de educación". El componente sexual de Básil también le ayuda en su propósito. "Sí, claro. El atractivo sexual funciona mucho con mujeres. En los campos de concentración, evidentemente, carecería de sentido pero en la vida cotidiana cobra plena validez". A todo lo anterior, Básil, añade otros recursos para actuar: los refuerzos positivos: "Los refuerzos positivos, que no son más que pequeños detalles, funcionan perfectamente y terminan de atar a la víctima con su verdugo. El torturador mantiene su status dosificándolos convenientemente. Y la víctima, la mujer en este caso, presenta una autoestima muy baja y espera ese refuerzo porque justifica todos sus sufrimientos. Con esa pequeña recompensa tiene suficiente. Y eso es duro porque, a pesar de todo, a pesar de ese síndrome de Estocolmo, no puedo entender cómo todavía una mujer puede querer a su maltratador". Por otro lado, este maltrato psicológico no se puede denunciar, ni es privativo de una clase social determinada. "No, no se puede demostrar ni denunciar, porque no deja huella palpable. Y se da en cualquier estamento, la tortura no es patrimonio de una clase social determinada. La novela es un buen ejemplo de ello".

'Atrapada en el espejo', está concebida como una estructura circular no cerrada, en la que cada personaje aporta su granito de arena para proporcionar al lector las suficientes pistas que le permitan configurar la singular personalidad de Básil, cuyos comportamientos no pasan inadvertidos para nadie. "Al principio, pensé en contar la historia desde el punto de vista de la víctima. De este modo los roles de víctima y verdugo hubieran estado claros desde el principio. Pero yo quería que el lector pensase, que se involucrara y descubriese por sí mismo la historia". Todos los que intervienen (Sergio, Miguel, Ana, Raquel ...) aportan nuevos datos: unos, para corroborar lo que dijo el que les antecedió; otros, para ampliar lo ya dicho o, incluso, para contradecirlo abiertamente, suministrando puntos de vista diferentes. Sin duda, este es el apartado más rico de la novela, el nudo gordiano, porque, además, en este sentido, Gemma Lienas es tremendamente equitativa hasta el punto de que permite a Básil contar su propia versión de la historia. "Si uno se fija, observa que en mi novela cada personaje habla de un modo distinto. Es algo consciente. Algunos hablan en primera persona, porque existe una relación muy estrecha entre Gina y ellos. Otros, sin embargo, lo hacen en tercera, porque eso marca una distancia y es la propia protagonista quien resume e incluso interpreta lo que le han contado". En mi opinión, es particularmente significativa la voz del psiquiatra Mascarós, que se pasa por el arco del triunfo su supuesto código deontológico, tamizada por los "admitía, recordaba, confesaba, reconocía, aseguraba o pensaba" que le atribuye Gina al transcribir sus palabras. "Mascarós cuenta tantas cosas sobre su paciente, en primer lugar, porque es un fatuo y quiere demostrar sus excelencias como especialista en la materia. Y en segundo, porque tiene sentimiento de culpa, ya que sabe que ha errado en su diagnóstico y eso le lleva a justificarse".

Para Gemma Lienas, el proceso de creación de sus novelas es largo. "Escribir 'Atrapada en el espejo' me ha ocupado cuatro años. Primero fui almacenando datos en libretas y luego tecleé la historia en el ordenador, aunque la corrección posterior, como siempre, la hice a mano, sobre el papel impreso". Y también complejo. "Trabajo mucho los personajes, porque como escribo sobre el conflicto emocional, necesito conocerlos muy bien ya que, con el transcurso de la novela, varían su comportamiento". La escritora tiene un sistema propio para desarrollar sus obras: "Al empezar siempre conozco el final de la historia de antemano. Así que mi trabajo consiste en llegar hasta ese final". Lienas afirma sentirse muy a gusto con todo lo que hace, pero "si tuviera que elegir me quedaría con la escritura de novelas para adultos, aunque este género no me permite manifestarme a mí tal como soy, puesto que adopto los roles de cada uno de los personajes que no son los míos".

Leer 'Atrapada en el espejo' es un ejercicio de introspección, de investigación, de observación. ¿Cuántas situaciones como las que narra esta novela percibimos a nuestro alrededor día tras día? Muchas, sin duda. Y lo que es todavía peor: las vemos pero no las detectamos porque aparentemente no ocurre nada. Quizá su lectura nos proporcione una nueva herramienta, una linterna con la que alumbrar esa jungla diaria que es nuestra vida, y la de los otros, donde se ocultan muchas verdades insospechadas, auténticas realidades que nuestros ojos no ven pero están a la vuelta de la esquina. Sí, de la esquina.

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'Atrapada en el espejo', de Gemma Lienas. El Aleph Editores, septiembre 2007. 219 páginas, 17 euros.

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