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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

Fumata roja: ¡Habemus Frente Popular!

“Nosotros os lo enseñaremos todo, tan solamente debéis dejaros conducir de la mano. Os enseñaremos a levantar los muros de las prisiones y a forjar cadenas y a trenzar nudos de knout” T.Shevtchenko
Miguel Massanet
domingo, 14 de junio de 2015, 22:00 h (CET)
Por mucho que los españoles nos veíamos venir lo que ha sucedido o por mucho que nos temiéramos que el pueblo español estuviera contaminado por un izquierdismo creciente y un afán redivivo de revolverse contra el orden constitucional y los poderes fácticos del país; nunca, nunca señores, hubiéramos podido imaginar que una nación como España pudiera llegar a perder con tanta facilidad, con tan poco raciocinio y con tan disminuido sentido práctico de la vida, su sensatez y sentido común, de modo que fuera capaz de entregarse en manos de la izquierda más extrema. Es posible que algunos no viéramos claro el relevo en la secretaría general de PSOE por un “guaperas”, jugador de baloncesto y economista, en sus ratos libres, el señor Pedro Sánchez. No obstante, hubo un tiempo en que nos pareció una persona sensata, negociadora, en ningún caso extremista y dispuesto a devolver a su partido a su puesto natural en el arco político, que era y ha sido, sin duda, en el centro izquierda moderado del país.

Por supuesto estuvimos equivocados y no nos queda más remedio que, a la vista de su comportamiento en cuanto a los pactos de gobierno con otros partidos, concertados después de su derrota en las urnas ( en lo que él ha pretendido calificar de triunfo), en los que se ha apoyado sin ambages, de forma inconsciente y seguramente guiado por un sentimiento enfermizo de rechazo a la derecha española, lo que le ha permitido ocupar cuotas de poder autonómico y municipal, sin tener en cuenta que el valerse de tales alianzas le puede pasar una importante factura a la hora de enfrentarse al PP para disputarle el gobierno de la nación. En esta ocasión han concurrido a las elecciones formaciones en forma de franquicias o marcas blancas de un nuevo partido, de cariz comunista y raíces bolivarianas, conocido como Podemos, que no se ha atrevido a enfrentarse, bajo sus siglas, a un resultado malo o mediocre y que ha preferido apoyar a grupos populistas que, bajo su consejo y dirección e incluyendo a simpatizantes de su misma raíz política, han conseguido importantes resultados que les van a permitir, con apoyo de otras formaciones, como el propio PSOE, o gobernar por ellos mismos, como son los casos de Barcelona y Madrid, o colaborar con el PSOE, para que consiga hacerse con parcelas de poder en lugares donde, el PP, había conseguido ganar en cantidad de votos, pero no con mayoría absoluta.

Todos sabemos que, si se les da poder y medios a estos partidos de las izquierdas comunistoides, de forma que puedan hacer un frente contra la derechas, van a conseguir acabar con la incipiente recuperación de la economía española, la seguridad ciudadana, la propiedad privada y, en definitiva, la mayoría de los derechos individuales que la Constitución nos otorga pero que, para estos partidos de corte totalitario, no son más que impedimentos que les estorban para conseguir el fin último de su proyecto de gobierno: aplicar la dictadura del proletariado en España o lo que se puede considerar lo mismo: la resurrección del Frente Popular, surgido de las votaciones de febrero de 1.936, aquel mismo que desató la locura criminal en toda la España republicana y llevó a la tumba a cientos de miles de personas que no comulgaban con sus ideas anarquistas y anticlericales, propugnadas por sindicatos como la CNT, la FAI y posteriormente la propia UGT.

Lo cierto es que, sea por fas o por nefas (recuerden que, en Roma, los días se dividían en: fastos y nefastos), aunque podamos lamentarnos como consolación, lo ocurrido es que, después del 24 de mayo, el panorama político de España ha dado un espectacular vuelco a las izquierdas y, todavía peor, a las más extremistas. Si el PP obtuvo una pírrica victoria en cuanto a número de votos, lo evidente es que partidos como Podemos y sus marcas blancas, como ha sucedido en Madrid, con M.Carmena, en Barcelona, con A.Colau o en Valencia con J.Ribó, en Andalucía con S. Díaz o en Vitoria con Bildu, han conseguido hacerse con una gran parte del mapa autonómico y de los 8.000 municipios, pactando entre sí o con el PSOE para dejar reducido al PP a algunas autonomías como la de Madrid, en la que gobernará Cifuentes con el apoyo de Ciudadanos y otras ciudades, como Santander, en las que consiguieron mayoría absoluta. El panorama preocupante que, para los españoles, representa este cambio, no lo duden, lo iremos conociendo en las próximas fechas, aunque lo que se rumorea basta para erizar el vello a los más templados.

Y en este caos mental en el que hemos quedado sumidos después del chock de los pasados comicios, los ciudadanos nos preguntamos ¿cómo es posible que, ante unos resultados que más o menos se intuían, el señor Rajoy haya permanecido hasta los últimos días, ignorando lo que se le venía encima, manteniendo su postura inmovilista, permitiendo que estas nuevas formaciones o incluso, las no tan nuevas, se le comieran el terreno? Este ha sido el caso de Ciudadanos del señor Ribera, con los que, en lugar de pactar candidaturas conjuntas o, al menos, mantener una postura de respeto, lo que se hizo fue descalificarlos, ridiculizarlos y atacarlos como si fueran sus adversarios naturales y no unos posibles aliados en contra de partidos como el PSOE o Podemos.

Ahora, nos guste o no, el panorama de España no puede ser más inestable, con gobiernos de autonomías y alcaldías de izquierdas, que van a poner la carne en el asador para ponérselo negro al PP, que se ve ante la tesitura de tenerse que enfrentar a una legislativas, casi sin tiempo para reaccionar, con acusaciones serias de ser un partido en el que abunda la corrupción, con una parte importante de votantes que están disgustados por no cumplir sus promesas electorales y, aunque en el aspecto económico consiguieron grandes progresos, es evidente que no lo han sabido vender a los ciudadanos así como no han sabido explicar bien y en su momento oportuno, la verdadera situación de España cuando Zapatero dejó el gobierno.

La incógnita está en si, en los meses que quedan, Rajoy es capaz de hacer cambios importantes en su gobierno y si, las personas nuevas que ponga, tengan el carisma suficiente para que los votantes que abandonaron el partido y lo castigaron con su voto, se decidan a volver al redil, ante el pavoroso panorama de un frente de izquierdas, que amenaza con desestabilizar a toda la nación con sus propuestas imposibles e insostenibles, sus tics totalitarios, sus obsoletos prejuicios contra la propiedad privada y su obsesión por hacer que, el Estado, controle la economía en perjuicio de la libertad de iniciativa privada y de la libertad de mercado; algo imprescindible si queremos que, desde Europa, se nos siga considerando como una nación que inspira confianza, que no aplica políticas intervencionistas o que se ajusta a los principios por los que se viene rigiendo la CE y el Parlamento Europeo.

Una España con municipios y autonomías divididos entre izquierdas y derechas podría subsistir si, en el gobierno central salido de las urnas a finales de año, se mantiene un ejecutivo de tintes conservadores, si el Estado sigue llevando a cabo las políticas que se nos exigen desde Bruselas y si, el tema de las autonomías, no viene lastrado por pretensiones absurdas, como es el caso catalán, de aspiraciones separatistas o por actuaciones rebeldes en cuanto a adaptarse al déficit público y porcentaje de deuda pública que determine el Estado.

O, así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, mucho nos tememos que estos nuevos gobernantes, de cariz izquierdista, no quieran aceptar la realidad de que somos una nación que intenta recuperarse de una grave crisis y parecen decididos a tirar la casa por la ventana, ignorando que dependemos de la UE y de la confianza de nuestros inversores foráneos, impidiendo que las reformas sigan y las ayudas crediticias a las industrias, se mantengan e incrementen como una prioridad inaplazable. Lo contrario nos llevaría a caos y la ruina. De ellos depende y de que todos acepen las reglas del juego.
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